LA MÁQUINA SE PARA
LA MÁQUINA SE PARA E. M. Forster
Título original: The Machine Stops
Año de publicación: 1909
Editorial: Ediciones El Salmón
Colección: Colección Anarres, nº 3
Traducción: Javier Rodríguez Hidalgo
Edición: 2021
Páginas: 94
ISBN:
Precio: 13,25 EUR
Comentarios de: Magda Revetllat

La ciencia, en lugar de liberar al hombre —los griegos estuvieron cerca de hacerlo— lo está convirtiendo en esclavo de las máquinas.

Debemos alegrarnos de que editoriales como Ediciones El Salmón rescate del olvido pequeñas joyas como este relato corto de E. M. Forster, el mismo E. M. Forster de MAURICE, PASAJE A LA INDIA, UNA HABITACIÓN CON VISTAS y LA MANSIÓN (HOWARDS END). La frase que encabeza esta reseña es extraída de los diarios del propio autor, del que se incluye algún fragmento en la edición, y viene a dar noción de la idea básica de la historia que es si el llamado progreso es tan bueno como parece o si en realidad la humanidad se debilita, mental y físicamente, en la dependencia a la que está sujeta por la innovación y sus comodidades.

El relato presenta dos personajes, Vashti, una mujer que diariamente contacta con sus amigos mediante la máquina y habla con ellos de diversos temas siempre buscando lo que llama nuevas ideas. Se conecta para escuchar disertaciones y ella misma ofrece conferencias. El otro personaje es su hijo Kuno y la historia empieza con una llamada de este a su madre pidiéndole que vaya a verle.

Los habitantes de esa era del futuro viven bajo tierra, en celdas individuales provistas de sistema de comunicación, baño, atención médica y dispensadores de comida y todo el sistema está regulado por la máquina. No está prohibido viajar, aunque casi nadie lo hace. Está permitido visitar la superficie pero quien quiera hacerlo debe solicitar un permiso, Kuno lo solicita y le es denegado. Los niños que nacen pronto son entregados a las guarderías, pocas veces se mantiene el contacto una vez hecha la separación, por lo que la relación de Vashti con su hijo no es habitual como tampoco lo es que ella finalmente acceda a visitarle.

Cuando se reencuentran Kuno le contará, ante la incredulidad de ella, que la máquina se está parando.

E. M. Forster transmite en este relato su decepción por lo que prevé será el futuro con un cielo infecto de aviones como las carreteras lo están de coches. En su descripción del futuro, los humanos habitan el subsuelo para facilitar las condiciones de vida a todos los individuos y así eliminar las diferencias entre unos y otros, pero lo que se consigue es que todo sea idéntico en cualquier punto habitado del planeta. ¿Para qué viajar si no hay ninguna diferencia de una ciudad a otra?

Conocí este relato por ser un episodio de Out of the Unknown, serie británica emitida entre los años 1965 y 1971 y que puso en pantalla relatos de Isaac Asimov, Ray Bradbury, J. G. Ballard, Kate Wilhelm y Frederic Pohl entre otros. Producida por la BBC y rodada en blanco y negro mantuvo el espíritu de sus autores pero se debe lamentar que más de la mitad de los episodios se han perdido. La que nos ocupa fue la número uno de la segunda temporada constando la serie de un total de cuatro, las tres primeras dedicadas exclusivamente a la ciencia-ficción y la cuarta añadió historias de terror y fantasía.

Kuno es un personaje que, como el protagonista de MAURICE o Lucy de UNA HABITACIÓN CON VISTAS, se opone al destino que la sociedad le ha trazado y encara una lucha que adivina perdida. Si MAURICE, publicado tras la muerte del autor, fue un canto a la libertad del individuo —el autor dijo sobre sus personajes que si no podían ser felices en la realidad lo serían en la novela—, Kuno tiene menos suerte, su final es más amargo, pero su alegría brota de la convicción que la humanidad recuperará su libre albedrío pues la máquina, adorada por algunos como un nuevo dios, se para.

El relato es corto pero contiene muchos detalles de este mundo subdividido en pequeñas celdas en la que viven, como obedientes abejas, los humanos y está aliñado con algunas escenas que, por su fino sarcasmo, harán reír al lector.

© Magda Revetllat (666 palabras) Créditos