FINCH
FINCH Estados Unidos, 2021
Título original: Finch
Dirección: Miguel Sapochnik
Guión: Craig Luck e Ivor Powell
Producción: Craig Luck, Daniel Maze, Kevin Misher
Música: Gustavo Santaolalla
Fotografía: Jo Willems
Duración: 115 min.
IMDb:
Reparto: Tom Hanks (Finch); Caleb Landry Jones (Jeff); Seamus (Goodyear)

Un hombre cuya única compañía viva es un perro se ve obligado a dejar su refugio en San Luis, Estados Unidos, para viajar hacia San Francisco. En una Tierra devastada por la desaparición de la capa de ozono, persevera en su lucha constante por preservar su vida y la de su fiel compañero. Evitará las ciudades para no toparse con otros supervivientes humanos, desesperados y agresivos, y viajará en una caravana completamente equipada para el largo trayecto.

Le acompañan dos robots: Jeff, robot humanoide repleto de información de todo tipo, que será el encargado de ocuparse del perro cuando él falte, pues esas son las instrucciones de Finch. El otro robot es más simple, se encarga de localizar productos que les puedan ser de utilidad y su nombre es Dewey.

Dewey era también uno de los robots en la película aquí titulada NAVES MISTERIOSAS (SILENT RUNNING, 1972). El filme fue una advertencia, en clave ecológica, sobre lo que puede ocurrir a nuestro entorno, y por ende a nosotros, si no empezamos a cuidar de los bosques, océanos y atmósfera. En NAVES MISTERIOSAS un robot, Dewey, es quien al final se encarga de mantener el único hábitat que queda, flotando en el espacio, de lo que fue la fauna y flora de la Tierra. En FINCH desde el primer momento queda definida la misión de Jeff, el robot curioso como un niño que a la muerte del protagonista deberá cuidar del perro.

Si NAVES MISTERIOSAS, con la música de fondo de la imponente voz de Joan Baez, nos recordaba nuestra responsabilidad hacia la belleza natural en nuestro planeta, FINCH intenta —y en mi opinión consigue— provocar en el espectador que caiga en la cuenta de que nuestro entorno es un tesoro a conservar, que pasear por el campo bajo los rayos del sol sin quedar fulminado por la radiación es algo de lo que aun podemos disfrutar y que el vuelo de una mariposa es de las cosas más bellas que todavía se pueden contemplar. El mensaje de ambas: no lo estropeemos.

FINCH no es una película de acción, aunque la tenga en algunos momentos, es introspectiva con un Tom Hanks que intenta sobrevivir pese a la dificultad de estar completamente solo y enfermo y tener que buscar el sustento diario para él y para su compañero canino, sin una sociedad que le proteja porque esa sociedad ha desaparecido.

Pero mientras hay vida hay esperanza, según se dice, y Finch no se rinde.

© Magda Revetllat (412 palabras) Créditos

Resulta agradable para el fan de la ciencia-ficción encontrarse de pronto con variaciones de las temáticas más recurrentes del género. En esta ocasión, los mundos post-apocalípticos se vuelven a asomar pero con una visión más humana y contenida. Atrás quedaron la oscuridad y la depresión de películas como LA CARRETERA (2009), y ahora el espectador tiene en sus manos una obra sencilla en apariencia, con pocos recursos, pero con una historia que contar que ofrecerá un nuevo golpe de frescura a este tipo de historias.

Finch, interpretado por un más que correcto Tom Hanks, parece ser el último hombre sobre la Tierra luego de que una catástrofe solar acabara con toda la civilización humana. En su día a día, este último hombre se dedica a explorar las ruinas en busca de alimentos enlatados mientras que debe ser cuidadoso con la aniquiladora radiación ultravioleta que abunda por doquier. Pero ese no es su único problema: gigantescas tormentas asolan al mundo, mientras que la salud de Finch se deteriora día con día debido a las radiaciones. En una vida solitaria y sin contacto humano, la rutina es lo único que prevalece.

Pero no se encuentra totalmente sólo como uno esperaría. Lo acompañan su fiel perro Goodyear y un pequeño rover que lo auxilia en los viajes y las actividades técnicas dentro del búnker en el que ha vivido los últimos diez años. En una de esas, Finch consigue restaurar un viejo robot que se convertirá en un extraño pero agradable compañero de andanzas. Luego de que una gigantesca tormenta se acerca, ha llegado la hora de buscar nuevos horizontes, por lo que el grupo (dos robots, un perro y un humano) inicia un gran viaje en busca de condiciones de vida menos adversas.

Jeff, el robot y compañero de viaje de Finch, se presenta como un ente sumamente curioso de todo a su alrededor pese a que cuenta con una base de datos enorme. Se muestra interesado por las emociones humanas, por el sentido figurado de las conversaciones, y especialmente se muere de ganas por aprender a conducir. Su curiosidad por momentos será de suma utilidad para conocer al último humano sobre la Tierra, aunque a la vez su falta de pericia lo llevará a poner en peligro todo el viaje.

FINCH (2021) busca convertirse es una historia post-apocalíptica dramática pero contenida, ofreciendo numerosas señales de optimismo conforme avance su trama. Guiada únicamente por sus dos protagonistas, la cinta aborda los temas de la empatía, la soledad y la reconciliación. De ninguna forma busca la lágrima fácil, sino que su objetivo es contar una road movie en donde dos personalidades dispares crezcan juntas y maduren a lo largo del viaje.

Uno de los guiños más frecuentes apunta a obras clásicas de la ciencia-ficción. De forma implícita el espectador descubre que el robot tiene una serie de directivas que recuerdan poderosamente a las leyes de la robótica de Asimov, sólo que con algunas leves variaciones; incluso el robot manifiesta que ha podido dormir y soñar. El relato UN MUCHACHO Y SU PERRO, escrito por Harlan Ellison, se transmite en la pantalla cuando descubrimos la historia detrás de la gran amistad entre Finch y su perro Goodyear. Mientras tanto, el optimismo de la historia, sobre todo en su último tramo, mantiene ocultas algunas referencias al título de la novela LA TIERRA PERMANECE (1949), escrita por George R. Stewart. Los homenajes están presentes, pero la historia busca sus propios caminos al ofrecer una conclusión inesperada y muy optimista una vez que se ha llegado al destino deseado.

El tono humorístico resulta amable e incluso amigable para toda clase de espectador. Jeff es como un recién nacido que aprender a través de los errores, pero su exceso de curiosidad y sus fallos son los aspectos que agregan a la historia varias risas lo suficientemente barajeadas para evitar caer en el exceso. En este sentido, las situaciones humorísticas nunca se convierten en un alivio cómico que busca nivelar una historia más cruda, sino en parte necesaria de la trama una vez que vemos el constante aprendizaje del robot Jeff.

En definitiva, una historia post-apocalíptica optimista y refrescante que se aleja del tono oscuro de muchas de sus antecesoras.

© Jorge Armando Romo (706 palabras) Créditos