Por fin ha llegado la esperada nueva adaptación de la novela DUNE (1965) de Frank Herbert, un acontecimiento cinematográfico de escala planetaria que está produciendo cientos e incluso miles de críticas alrededor del mundo. La mayoría de ellas, más que positivas, señalan el tono monumental y espectacular que Denis Villeneuve ha conseguido con esta nueva adaptación. Pero también se nos ha venido un interesante paquete de reseñas negativas acusando a la película de ser demasiado aburrida, de no contar con una conclusión apropiada y de tomar muchas libertades creativas con respecto al material original. La balanza ha sido puesta sobre la mesa, y tanto los fans como los no fans de la obra de Herbert han ofrecido sus veredictos.
Lo primero que resalta a la vista justo es el carácter incompleto de la película. Cuando Villeneuve estrenó BLADE RUNNER 2049 (2017), un productor le preguntó cuál sería su siguiente proyecto. Dune
, respondió el creador hablando como un fanático de la ciencia-ficción y de la saga de Frank Herbert. A continuación, las negociaciones con los productores de Legendary y Warner plantearon que se requerirían dos películas para abordar de una mejor forma la obra original. La condición final fue clara: al director se le dio un presupuesto para llevar a cabo la primera parte, y sólo si ésta tenía el suficiente éxito, se asignaría el dinero para la segunda. A continuación, el reto consistió en plantear un buen momento para terminar la película. Un primer visionado genera desconcierto por el supuesto final abrupto, y a la vez un reclamo por parte de los cinéfilos dado que muchos ya deseaban disfrutar de la segunda parte. Pero una segunda vista permite hacer digestión de la propuesta y profundizar en el final planteado para ofrecer la siguiente conclusión: Esta primera película realmente cuenta la historia de la vida y muerte de Paul Atreides y el nacimiento de Paul Muad´Dib aún cuando éste no ha sido nombrado todavía. Se trata de un final mucho más consistente y menos abrupto de lo que parece.
Otro aspecto que ha sacudido y encabritado a los fans más puristas de la novela son las licencias que el director se ha tomado a la hora de adaptar la novela. Por una parte, toda adaptación requiere de una eliminación sistemática de algunos puntos que por momentos pueden resultar centrales para la historia. Pero por otra, una película no debe ser una fiel sirviente de la obra que la ha procreado, sino que debe tomar sus propios caminos e incluso marcar una distancia clara. Así, la cinta actualiza algunos puntos y realiza los ajustes necesarios para encajar mucho mejor en su propia narrativa cinematográfica. No se mencionan muchos conceptos de la saga, pero se gana en ritmo y en construcción de la historia para un producto que sólo cuenta con dos horas y media para contar su trama. Asimismo, la desaparición de ciertos personajes no significa que éstos no aparecerán después, sino que favorecen el ejercicio de presentación que de por sí toma bastante tiempo.
Un aspecto curioso es que la película inicia en un tono y una velocidad un tanto desconcertante para aquellos seguidores del director. Ejercicios anteriores como SICARIO (2015), LA LLEGADA (2016) y BLADE RUNNER 2049 (2017) mostraban un ritmo sumamente pausado en el que Villeneuve se tomaba mucho tiempo para ofrecer ejercicios visuales que buscaban que el espectador contemplara con más detalle sus historias. Pero en esta ocasión se ha optado por no satisfacer tanto a los críticos especializados y más a un público masivo con una marcha mucho más vertiginosa que está repleta de imágenes y de una apabullante presentación del universo de Dune. Asimismo, el tono más popular que busca la película también se traduce en el atractivo abanico de actores. Por otra parte, la primera hora resulta un tanto densa en cuanto a la información que se nos ofrece, y la presentación de tantos personajes puede representar un reto para los espectadores. Pero de pronto, a partir de la escena en la que el duque Leto rescata a los integrantes de uno de los extractores de especia de ser devorados por un gusano, la historia se arranca al grado que el espectador ya no puede despegar los ojos de la pantalla.
Muchos de los actores se lucen en sus pocos minutos en la peli. El barón Harkonnen resulta repugnante y siniestro, alejándose de los tonos caricaturescos de sus predecesores tanto en cine como en novela; la bestia Rabban resulta temerosa en cuanto a que sus actos son salvajes, brutales y despiadados; el duque Leto Atreides llama la atención por sus inseguridades; Duncan Idaho se luce en una serie de luchas lo suficientemente dosificadas. En cuanto a los personajes principales, Paul Atreides resulta convincente por su calidad de principito enclenque que en todo momento se resiste a su destino, mientras que la película se la lleva Lady Jessica dado que su personaje va mucho más lejos que su versión literaria al detonar muchas de las emociones en su hijo. Aunque también se echan en falta unos cuantos minutos más para conocer un poco más de personajes como el Dr. Wellington Yueh, Gurney Halleck o Thufir Hawat.
Hay algunas escenas que llaman poderosamente la atención en la película. En primera instancia, la escena de la Gom jabbar sobresale como un momento sorpresivo en el que un joven Paul Atreides se sobrepone y reta las condiciones de la misma prueba; su actor, Timothée Chalamet, obtiene en esta escena su mejor caracterización del personaje. La escena del hunter-seeker ofrece otro de los momentos más emocionantes y mejor diseñados cuando el hijo del duque sufre un primer atentado por parte de los enemigos de la casa. La aventura y la acción se pierden por un instante y el terror se asoma en el momento de la muerte del duque Leto Atreides cuando éste rompe el diente envenenado y mata a numerosos Harkonnen, aunque el rostro de Piter De Vries, justo cuando le está llegando la muerte, resulta sumamente perturbador. La aparición casi al final de uno de los gusanos en plena noche resulta muy atractiva y muestra el gusto del director por la oscuridad y los contrastes. El encuentro con los fremen resulta muy bien logrado en cuanto a que se muestra una especie de choque cultural que parece un muro infranqueable. Finalmente, el ataque de los soldados Sardaukar y Harkonnen a la casa de los Atreides resulta veloz pero a su vez dosificado y contemplativo, y ofrece algunas de las escenas más cautivadoras de toda la película.
De la mano de otro director, el alivio cómico o las explosiones por doquier hubiesen saturado la pantalla, pero en manos de Villeneuve todo resulta contenido: las batallas duran el tiempo necesario, el espectador debe ser paciente para disfrutar de la aparición de los gusanos, la escenografía y el vestuario son bellos pero en ningún momento sobrecargan la vista, etc. En este sentido, la narrativa reta al espectador acostumbrado a los grandes aunque excesivos despliegues argumentales y visuales de los blockbusters de los últimos años.
Otro elemento a resaltar es la audacia del director para evitar la sobre explicación y mostrar muchas de las emociones de los personajes sin el empleo de un sólo diálogo. Mientras que en la novela los pensamientos aparecen a raudales, en esta película las expresiones visuales se presentan de forma mucho más sutil: cuando la Dra. Liet-Kynes escucha al duque Leto exigir que nadie debe morir en el extractor de especia, ésta sólo lo observa con una expresión de agrado y sin necesidad de repetir una frase muy recordada en esta novela: Me agrada este duque
. Muchos de los pensamientos de los personajes están ocurriendo en sus mentes, pero sólo los inferimos de una forma muy astuta gracias a otras referencias. Por ejemplo, no escuchamos a Paul Atreides recitar la letanía en contra del miedo durante la prueba de la Gom jabbar, sino que es a través de su madre que sabemos lo que está pensando. Incluso cuando Chani al final invita al espectador a una posible nueva saga al decir que esto es sólo el comienzo
, su expresión hacia Paul comienza a mostrar su atracción hacia él sin necesidad de más palabras.
Finalmente, el aspecto más sobresaliente de la película apunta hacia los elementos técnicos. La mezcla de sonido es abrumadora y envolvente, y sacude al espectador durante toda la película; los efectos visuales resultan sumamente orgánicos; la música de Han Zimmer resulta original, atmosférica, inmersiva y repleta de toda clase de sonidos; el maquillaje para el barón Harkonnen y el diseño tanto de vestuario como de producción abonan en toda la experiencia visual. Si bien se ha acusado a la cinta de ser más una experiencia auditiva y sonora y menos experiencia emocional, justo la explosión de imágenes y sonidos genera todo tipo de emociones.
En conclusión, un blockbuster monumental, ruidoso e inmersivo que representa toda una experiencia cinematográfica. Si bien su ritmo denso y experimental no será del agrado de todos, su apreciación no dejará indiferente a nadie. Para invitar a la calma a los fanáticos más exigentes de libro, entiéndase la película como una extensión visual y sonora de la novela que a su vez invita a sumergirse en ella.
EE. UU., 2021