UN LUGAR TRANQUILO
UN LUGAR TRANQUILO EE. UU., 2018
Título original: A Quiet Place
Dirección: John Krasinski
Guión: Scott Beck, Bryan Woods, John Krasinski
Producción: Michael Bay, Andrew Form, Brad Fuller
Música: Marco Beltrami
Fotografía: Charlotte Bruus Christensen
Duración: 90 min.
IMDb:
Reparto: Emily Blunt (Evelyn Abbott); John Krasinski (Lee Abbott); Millicent Simmonds (Regan Abbott); Noah Jupe (Marcus Abbott); Cade Woodward (Beau Abbott); Leon Russom (Viejo del bosque)

Ante todo, en UN LUGAR TRANQUILO nos encontramos con cine clásico de toda la vida, una de aquellas serie B con monstruo extraterrestre de los años 1950, convenientemente actualizada tanto narrativa como técnicamente. De hecho, su duración nos da la primera pista: poco más de ochenta minutos, tan condensados como contenidos.

La película sigue las aventuras de la familia Abbott­ intentando sobrevivir en una granja a unos implacables monstruos extraterrestres que, guiados por el sonido, exterminan con furiosa precisión cualquier rastro de vida que se encuentran. Su hipersensible sentido del oído, les permite detectar sus presas a kilómetros. El menor ruido se convierte en una condena a muerte. Así pues, si se quiere sobrevivir, hay que ser más silencioso que una piedra. O al menos intentarlo.

Esto puede provocar las primeras dudas el espectador, ¿de verdad que los violentos monstruos que se nos muestran han podido construir una civilización tecnológica capaz de viajar entre las estrellas? ¿O son armas biológicas lanzadas para limpiar el planeta? Irrelevante. La película no va de invasiones extraterrestres, va de monstruos come hombres, el como han llegado a asediar a los Abbott­ es sólo una concesión al espectador, pero nada que John Krasinski tuviera la remota intención de desarrollar. Quizá en la segunda parte que ya se ha estrenado (hay anunciada hasta una tercera).

Es muy de agradecer que la película derroche talento narrativo. En un principio los Abbott­ deambulan por un comercio buscando suministros varios en el más absoluto de los silencios, lo que ya nos da la primera pista. Cuando salen a la calle, se ve recorrida por senderos de arena que amortiguan sus pisadas, descalzas. Una vez en el bosque, vuelven a casa alegres, pero en silencio. Pero un pequeño descuido nos hace comprender de forma categórica el por qué de todas esas precauciones y todo ese sigilo.

Lo que provoca mayor inquietud durante toda la película es que cualquier actividad que se desarrolle se convierte en un riesgo para los protagonistas. Tanto es así que la casa está blindada para evitar que el menor choque, el menor tintineo, atraiga la atención de los extraterrestres. De hecho la película se desarrolla prácticamente sin banda sonora, apenas unas pinceladas, por otro lado bastante tópicas, en los momentos más dramáticos.

Incluso las relaciones con los vecinos están condicionadas por los invasores, lo que acentúa aún más la sensación de aislamiento y soledad. Solo en la noche se ven en la lejanía los faros que otros supervivientes encienden para darse, en lo posible, ánimos en la distancia.

Otra cuestión interesante, aunque de índole más técnico, es que John Krasinski se convierte en hombre orquesta y escribe (con la ayuda de Scott Beck y Bryan Woods), dirige e interpreta el papel de Lee Abbott­, el padre de familia, secundado por una siempre consistente Emily Blunt como Evelyn, la madre. Pese a ser una película con niños éstos cumplen de sobra y tanto Noah Jupe (Marcus) y Millicent Simmonds (Regan) interpretan sus papeles sin perderse por el camino. De hecho Millicent Simmonds es sorda, lo que imprime a su personaje un peculiar empaque. Por supuesto están ahí para poner en peligro a la familia por su cabezonería, inexperiencia y falta de sentido común, no obstante Krasinski regala un momento especialmente gratificante para quienes odien éste tipo de personajes fastidiosos.

Como ya he comentado, a Krasinski el asunto de la invasión extraterrestre le importa un higo, lo que le da a la película un aire muy distinto al de otras producciones post-apocalípticas. Él lo que quiere son monstruos implacables, que va mostrando progresivamente, escenarios inquietantes y escenas impactantes. En ese sentido quizá no inventa nada nuevo, pero relata su historia con eficacia. Tampoco escapa al tópico de tantas películas yankis de que la familia que se enfanga unida sobrevive unida, hasta las lecciones morales que da al respecto van por ese camino: haz caso a tus padres, no te separes de la tribu y por muy mal que te caigan, tus hermanos son tu coraza.

De hecho, de no ser por lo explícito de algunas escenas hasta se podría recomendar su visionado a los más peques con un ¿Ves? Cuando te digo las cosas es por algo Pero mejor no hacer el experimento.

© Francisco José Súñer Iglesias
(711 palabras) Créditos