GUERRA EN MARTE II
GUERRA EN MARTE II Luis García Lecha
Título original: ---
Año de publicación: 1974
Editorial: Bruguera
Colección: La conquista del Espacio, nº 207
Traducción: ---
Edición: 1974
Páginas: 96
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Antonio Santos

Elogio al blanco imperialista

Sin duda bajo pseudónimo, Glenn Parrish escribe una simpática novelita de a duro donde los malos reciben su merecido en un entorno cósmico de codiciosos terratenientes, traidores militares, teletransportadores, láseres, duplicadoras de materia y beldades del espacio que demuestran tener acero, ¡MÁS ACERO! bajo su insinuantes curvas.

Y, ah: el superhombre. Menudo elemento.

Antes, está una cuestión que prefiero priorizar en esta reseña sobre una historia de estas características, parte de una compacta muralla de desprestigiada creación autóctona por las eminencias críticas literarias... y sectores de la lectoría en general. Siendo un trabajo alimenticio (espero se pagara con decencia), no es Arte, ni Literatura, en su más pura concepción (o sea: la pose, el estilo, el amariconamiento góticopoético, el pasar hambre, modelar con la ceja enarcada con aire de jactancia...). Merece el ostracismo, pues.

Pero ¿han reparado en qué vasta cantidad de creación hay ahí? ¿Qué prolífica profusión de ideas, argumentos, sugerencias, apilados en entregas de unas veinticinco mil palabras, desdeñadas por el formato como llegaba al lector: envoltura pulp patrio con autores de nombre anglo para aparentar excelsa calidad foránea importada?

Si el nombre era de un paisano salamantino (por poner), ¿temían que el impacto en el eventual comprador fuera menor; mínimo-nimio incluso? ¿Aunque lo escrito, en un momento dado, superara a la legendaria prosa de Harlan Ellison o San Isaac Asimov? Esto es España (y la de Una-Grande-Libre, encima). Imposible un turolense divague sobre robots, naves espaciales, civilizaciones extraterranas deslumbrantes o caducas, y con esmerada calidad. Impo-sible. Esto es materia extranjera. Esos sí saben.

De este pulp patrio sin embargo destaco qué ingenua es en cierto momento su trama, así como qué irritante resulta el deux ex machina que envuelve como un poderoso manto de destino manifiesto al combativo Joe Rottam, protagonista-colono granjero, a cuya parcela en un mundo en primera fase de colonización bautizado Marte II (por su semejanza con nuestro Marte), dos planetas en conflicto le teletransportan su guerra por la hegemonía del trono. Monarquías antiguas, la que gane gobernará ambos planetas.

Rubí, la general en jefe (descrita con todo sensual lujo de detalles, digna pariente de Dejah Thoris) de una de las fuerzas pierde la batalla mas salva la piel porque, al haber luchado sin permiso en tierras de Rottam, éste la hace su esclava. (El femerulismo actual, ¿toleraría este giro?) Pero Rottam tiene problemas con el cacique del planeta, y termina convertido en el Espartaco del planeta de su cautiva, al cual se teletransporta, para luego liderar un movimiento antibelicista que degenera en una CÚPULA DEL TRUENO donde los reyes litigantes deben enfrentarse. Sus respectivas tropas desertan: exigen que sus soberanos se maten entre sí. Dos hombres entran; uno sale. Empero no dan la talla.

Que las tropas deserten manifiesta pasmosa ingenuidad por parte del autor. ¿Acaso no contempló nuestro scriptor que siempre existirán fanáticos listos a continuar la guerra, que entre los oficiales habría los suficientes dispuestos a lubricar sin cesar la carnicería, apelando a toda suerte de tesis patrióticas, al miedo, la codicia? Pues no. Vale que el populux repudiase la contienda. A la guerra no la para ningún panfleto, Joe. Muta de aspecto y prosigue. Y que Rottam llegue y lo sepa todo, lo arregle todo, tenga un plan para todo... ¡ERRR! Semeja la traslación de la superioridad innata del blanco colonizador imperialista sobre los nativos ignorantes, pese a su envidiable hitech aborigen.

Pero admito que el uso del lenguaje (más culto de lo que al principio esperé) o los recursos narrativos son óptimos. Mantienen el interés y la imaginación de una fábula que, sospecho, debió fascinar a alguien en aquellos tiempos de La conquista del espacio, vista en televisores en blanco y negro antes o después del NODO.

© Antonio Santos (623 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 5 de octubre de 2018