EL HOMBRE QUE VENDIÓ LA LUNA
EL HOMBRE QUE VENDIÓ LA LUNA Robert A. Heinlein
Título original: The Man Who Sold the Moon
Año de publicación: 1955
Editorial: Gaviota
Colección: Infinitum, nº 2
Traducción: Domingo Santos
Edición: 1986
Páginas: 176
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Armando Parva

Quizá a día de hoy esta novela sea de más actualidad que nunca. No tanto por la ciencia y tecnología que maneja, que ya está bastante desfasada, sino por que la realidad que presenta es la que llevamos viviendo hace ya unos años, y que nos muestra un futuro en el que la explotación y exploración del espacio la llevarán a cabo grandes empresas al mando de audaces hombres de negocios.

Delos Harriman, el protagonista, es un multimillonario obsesivo, un hombre hecho a si mismo que no ha dudado en ningún momento en bordear, cuando no transgredir leyes y normativas para lograr sus objetivos. Desde luego que este personaje no es precisamente un referente moral, y a muchos lectores les produce una total repugnancia.

De hecho he leído alguna que otra controversia acerca de si Heinlein quería realmente describir la preparación de un viaje a la Luna o hacer una especie de apología del capitalismo y sus bondades. Harriman es un emprendedor que no se para ante nada, para lograr sus objetivos, bordea la legalidad y la ética de una forma bastante cuestionable. Pese a todo esto, Harriman no se hace antipático, tan solo es un soñador impulsivo capaz de soslayar los obstáculos que se le ponen por delante, sin importarle en lo más mínimo las consecuencias de sus interacciones siempre que los resultados sean los perseguidos.

Con todo, la empresa en la que se ha embarcado Harriman le supera, y el fracaso acaba adueñándose del proyecto, y aunque finalmente y tras titánicos esfuerzos (y un considerable desembolso de dinero) consigue llegar a la Luna, lo hace con un poso de amargura.

EL HOMBRE QUE VENDIÓ LA LUNA es hija de su tiempo y está escrita por un ingeniero que además era radicalmente libertario. La novela, y de paso Heinlein, ha sido calificada de cualquier cosa menos de bonita: misógina, racista, clasista y sexista, y efectivamente hay de todo un poco de esto, sin embargo, acusar al autor de lo mismo no es consistente, y tenemos novelas como HIJA DE MARTE, o LOS STONE, donde los roles no son tan conservadores.

También se acusa a Heinlein de que le falta habilidad a la hora de desarrollar personajes y ser demasiado esquemático en la narración, excepto cuando llega a los aspectos técnicos y científicos, en los que se permite ser minucioso, e incluso prolijo. Tampoco faltan a la verdad, aunque no es menos cierto que no estamos ante FORASTERO EN TIERRA EXTRAÑA, EL HOMBRE QUE VENDIÓ LA LUNA es una novela corta (de hecho este volumen se completa con el relato REQUIEM, en cierto modo el colofón de la aventura de Harriman) y las opciones para introducir goyerías son escasas.

Lo que si deja claro Heinlein es su total rechazo hacia los burócratas y la sobreregulación. Muchas de las cuitas de Harriman vienen a cuento de una legislación rígida y en ocasiones poco lógica, por lo que debe rodearla, cuando no directamente quebrarla.

Desde mi punto de vista EL HOMBRE QUE VENDIÓ LA LUNA es una novela disfrutable, ágil y ciertamente emocionante. Nos muestra, literalmente como podrá ser nuestro futuro a corto plazo, y quienes protagonizarán según que hazañas. ¿Profética? No se hasta que punto, pero razonablemente perspicaz, sin duda.

© Armando Parva
(539 palabras) Créditos