COSMOBALL
COSMOBALL Rusia, 2020
Título original: Vratar galaktiki
Dirección: Dzhanik Fayziev
Guión: Dzhanik Fayziev, Twister Murchison, Drew Row, Andrey Rubanov
Producción: Dzhanik Fayziev, Innokentiy Malinkin, Sergey Selyanov
Música: Tony Neiman
Fotografía: Maksim Osadchiy-Korytkovskiy
Duración: 118 min.
IMDb:
Reparto: Yevgeny Romantsov (Anton); Viktoriya Agalakova (Natalya); Maria Lisovaya (Valaya / Anya); Ivan Ivanovich (Pele); Yelizaveta Taychenacheva (Fan); Yevgeny Mironov (Belo); Elena Yakovleva (Madre de Anton); Mikhail Yefremov (agente Vasiliy); Mikhail Stenin (policía)

Esta es una película directamente desconcertante. Dirigida, escrita y producida por Dzhanik Fayziev (me disculparán los errores en la transliteración del cirílico), es una de las muchas muestras de la ciencia-ficción cinematográfica rusa que llevamos unos años viendo, en algunos casos con casos ciertamente satisfactorios, como THE BLACKOUT, otros que se quedan a medio camino, como ATTRACTION, de la que pudimos disfrutar una segunda parte bastante inferior, la surrealista COMA o la terrorífica SPUTNIK. Y por supuesto, también nos han recordado las gestas de los cosmonautas del régimen soviético con SPACEWALKER o SALYUT 7. Por lo pronto han demostrado que técnicamente están a la altura de cualquier superproducción yanki. Se manejan con el CGI y los escenarios grandiosos como el mejor, y con eso ya tienen más que aprobado el aspecto visual. Donde siguen quedándose por detrás es en el aspecto narrativo e interpretativo. No digo que las historias estén mal contadas o los actores sean malos, aunque en ocasiones algo de eso también hay, el problema es que las producciones son muy irregulares y, quizá también en parte debido a que el espectador occidental todavía le falta sintonía con el estilo interpretativo ruso.

No se ustedes, pero a estas alturas identificar a un actor francés o italiano sin conocerle no es algo especialmente complicado, ciertos rasgos de la gestualidad local es bastante característica: ese breve golpe de cabeza que tienen los franceses, a mitad de camino entre el asentimiento y la embestida, la gestualidad de las manos y una mirada un tanto triste de los italianos, en fin, que son cosas a las que se ha acostumbrado uno con los años y al igual que esa indefinible agresividad de los actores yankis, se asume con naturalidad. Por eso los actores rusos todavía me parece que se mueven raro, todavía no les he cogido el punto, pero todo es cuestión de que sigan inundándonos con estos espectáculos en los que no se escatima ni un rublo.

El caso es que COSMOBALL sufre de todos estas virtudes y todos estos defectos. La producción es brillante, colorida, espectacular, en ese aspecto recuerda mucho a VALERIAN, y creo que si la hubiera visto con ocho años sería una de esas películas que marcan para toda la vida, lo tiene todo, desde un escenario urbano derruido pero lleno de vitalidad, hasta un formidable estadio lleno de cientos de miles de personas y batallas espaciales de lo más apañadas.

Pero donde naufraga es en su guión deslavazado. Se supone que la Tierra ha siso escenario de una gran batalla entre extraterrestres que han destruido la Luna y dejado la superficie dada la vuelta como un calcetín, Moscú es casi una selva tropical y los desiertos se han congelado del todo. La cuestión es uno de los contendientes, Belo (Yevgeny Mironov, al que ya vimos interpretando a Alexey Leonov en SPACEWALKER) había apresado a Cherno (puro CGI) y lo mantiene cautivo desde hace una buena cantidad de años en una curiosa prisión que mantiene cerrada gracias a las vainas de energía que se generan durante el juego de Cosmoball. Como se ve un método particularmente retorcido e ineficiente. El caso es que Cherno lleva todos esos años intentando escapar (sorprendentemente tiene acceso a una tecnología de lo más avanzada) pero no hay manera.

En esto hace su aparición Anton (Yevgeny Romantsov), que se revela como un jugador de Cosmoball de una potencialidad enorme. Belo lo toma bajo su protección, pero también ha llamado la atención de Cherno, que envía a su hija Valaya (Maria Lisovaya) para que lo engatuse porque sus cualidades le hacen muy importante para su padre. Entre tanto Anton ha entrado en el equipo de Belo e inicia una particular relación con Natalya (Viktoriya Agalakova) que da pie a un triángulo amoroso de lo más desconcertante. A partir de ahí la película inicia una espiral de acción desenfrenada entreverada con escenas que intentan se cómicas y finaliza con una formidable batalla espacial, con un gigantesco peluche cósmico incluido.

Da la impresión de que se trata más bien de una película dirigida al público infantil y juvenil, más pendiente del espectáculo y poco exigente en cuanto a argumento en interpretación, porque ambos dejan bastante que desear, aunque quizá haya que medirlas más en términos teatrales en el aspecto de la gesticulación y la declamación (aunque obviamente no puedo asegurar esto último debido al doblaje al español).

Pero es que tampoco tengo la seguridad de que funcione para críos pequeños, son casi dos horas de película y no se hasta que punto un niño puede estar atento tanto tiempo, por mucho colorín que se le muestre.

© Francisco José Súñer Iglesias (772 palabras) Créditos