SECUESTRADORES DE CUERPOS
SECUESTRADORES DE CUERPOS EE. UU., 1993
Título original: Body Snatchers
Dirección: Abel Ferrara
Guión: Jack Finney, Raymond Cistheri, varios más.
Producción: Robert H. Solo
Música: Joe Delia
Fotografía: Bojan Bazelli
Duración: 87 min.
IMDb:
Reparto: Terry Kinney (Steve Malone); Meg Tilly (Carol Malone); Gabrielle Anwar (Marti Malone); Reilly Murphy (Andy Malone); Billy Wirth (Tim Young); Christine Elise (Jenn Platt); R. Lee Ermey (General Platt); Kathleen Doyle (Mrs. Platt); Forest Whitaker (Major Collins); G. Elvis Phillips (Pete)
Comentarios de: Ricardo Riera

La tercera versión de Los ultracuerpos, dirigida esta vez por el singular Abel Ferrara, es la que más se aleja tanto de la novela de Jack Finney (LOS LADRONES DE CUERPOS) como de las versiones cinematográficas de Don Siegel (LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS) y Phillip Kaufman (LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS). Simplificada hasta en el título, esta tercera encarnación de la primera mitad de los noventa es, sin embargo, la que mejor abraza sus posibilidades de cine de género, ya que podemos decir que SECUESTRADORES DE CUERPOS (1993) parece más una película de terror que sus otras dos antecesoras, algo que hay que atribuir también a sus guionistas, entre los que se cuenta a Larry Cohen, Stuart Gordon y su fiel sidekick Dennis Paoli. Todos ellos han abordado la historia de la invasión alienígena introduciendo grandes cambios que separan esta versión de las anteriores al mismo tiempo que demuestran respeto por los que han transitado el mismo camino.

Si algo se puede destacar a primera vista es como la película va al grano desde el principio, cuando Steve Malone y su familia llegan a una aislada base militar de Alabama, donde el padre debe supervisar el tratamiento de unos residuos tóxicos. Al observar, sin embargo, el extraño comportamiento de los soldados (que se manifiesta en una psicosis colectiva que les hace creer que sus compañeros ya no son las mismas personas), Steve cree que los químicos almacenados en la base están dañando la frágil psique de los reclutas. En realidad, lo que Steve termina por presenciar es como toda la base es víctima de una invasión alienígena que poco a poco va reemplanzando a sus habitantes por clones del espacio exterior.

Como podemos ver, la ambientación en una base militar es lo que, a primeras, diferencia a la película de Ferrara de las versiones anteriores de Los ultracuerpos. El recinto militar en el que se sitúa la historia sirve los propósitos de la trama y otorga a la invasión alienígena una carga distinta, al colocarla en un ambiente que ya de por sí fomenta la sumisión y la conformidad. Incluso el personaje del psiquiatra (un Forest Whitaker de su época de eterno secundario), que en las versiones anteriores era un ente dominante, aquí parece doblegado, impotente ante el brutal y nada sutil despliegue de autoridad de los ultracuerpos, quienes han empezado por suplantar a las máximas figuras de jerarquía (entre las que contamos al siempre destacable R. Lee Ermey en su eterno papel de sargento cabronazo). Otra cosa en la que Ferrara innova es que, a diferencia de las versiones anteriores, SECUESTRADORES DE CUERPOS ofrece dos puntos de vista distintos en su narración; si bien Steve Malone podría ser el equivalente de los personajes interpretados en su día por Kevin McCarthy y Donald Sutherland, el verdadero protagonismo recae sobre su rebelde hija adolescente y la tirante relación que lleva con su madrastra. Esta última, interpretada por Meg Tilly, tiene la suerte de reservarse las mejores escenas de la película, aquellas en las que la extraña mutación extraterrestre empieza a devorar a la familia Malone y a cerrar el cerco alrededor de los protagonistas.

El estado de paranoia de la historia es esta vez muy breve, y la cinta muy pronto se va por los derroteros del terror al narrar el escape de la familia (y del joven guaperas que la chica se ha agenciado) de la base militar. A partir de allí la película se decanta por los juegos de identidades intercambiadas, en ocasiones de forma bastante reiterativa y predecible. Si bien hay que reconocer que Ferrara logra momentos genuinamente inquietantes (hay cierto guiño a la versión de Phillip Kaufman al incluir aquí el ya famoso grito que hacen los ultracuerpos al descubrir a un humano), su versión no logra ser tan redonda como las anteriores. Además, Ferrara parece contradecir en ocasiones sus propias reglas únicamente para conseguir más escenas inquietantes, con resultados variados según la ocasión. Lo que sí ha sabido, sin embargo, es armar un elenco efectivo, incluyendo una joven Gabrielle Anwar que despierta el necesario interés como la joven chica de los Malone.

Al final, el director deja el desenlace bastante abierto, sin decantarse por los extremos ya vistos en el trabajo de sus predecesores. Dicho final, sin embargo, se siente incompleto, y no tiene la fuerza que la historia merecía. A pesar de esto, y por ser la que mejor abraza el contenido terrorífico de la historia (aunque sea en sus formas más convencionales), SECUESTRADORES DE CUERPOS es una película a considerar. Aunque no tenga la fuerza de sus encarnaciones anteriores, es lo suficientemente independiente como para alcanzar méritos propios y convertirse al menos en una referencia dentro del fantástico terrorífico de los noventa.

© Ricardo Riera (791 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Horas de oscuridad el 12 de octubre de 2007