Sinopsis
Fecha estelar 43779.3. A la Enterprise llega Tam Elbrun, un betazoide cuyas habilidades telepáticas están especialmente desarrolladas. Su misión es comunicarse con una nueva forma de vida inteligente recientemente descubierta, cuyo hábitat natural es el espacio y que ha sido bautizada por la Federación como El Hombre de Latón
. La criatura parece dirigirse hacia una estrella a punto de convertirse en nova, situada fuera del espacio federal. Por otra parte, la Flota Estelar teme que los romulanos traten de hacerse con el organismo.

El concepto de un ser inteligente que vive en el espacio ya había sido tratado en ENCUENTRO EN FARPOINT, el piloto de TNG. Esta idea se desarrolla con más profundidad en el capítulo que nos ocupa. Por desgracia, el que podría haber sido uno de los grandes títulos de la tercera temporada, queda algo deslucido por la mala concepción del personaje de Tam Elbrun. Que EL HOMBRE DE LATÓN dedique más tiempo a contarnos las vicisitudes del betazoide traumatizado, en vez de profundizar en la interesantísima historia de Gomtuu, no beneficia en absoluto al resultado final del episodio.
De acuerdo. Elbrun, como explica la consejera Troi, es un hombre torturado que, en cierto modo, siempre ha estado aislado del resto del mundo por sus extraordinariamente desarrollados poderes telepáticos. Con arreglo a lo que cuenta Deanna, hasta sería disculpable que observara un comportamiento un poco arisco. Pero es que el espectador no tarda nada en darse cuenta de que Elbrun es, simple y llanamente, un maleducado integral, además de un egocéntrico de cuidado, con cierta tendencia al marujeo. Que es un cotilla, vamos. Es cierto que sus capacidades, completamente fuera de lo que se considera normal incluso entre los betazoides, se le hacen muy difíciles de controlar y tiene que luchar tenazmente para ignorar los pensamientos ajenos que capta de forma inconsciente. Pero eso no justifica, en modo alguno, su prepotencia y malos modos. El problema está en él, y no en los demás, que no tienen la culpa de ser inferiores. En un momento dado, le dice a Data que no se es peor por ser diferente
, y tiene razón. El problema está en que él mismo es incapaz de asumir que tampoco se es mejor. También es muy manipulador, rasgo que comparte con la madre de Deanna. Pero mientras Lawxana Troi tiene su gracia de vez en cuando, siendo capaz de hacerse perdonar sus simpáticas diabluras, las manipulaciones de Elbrun sólo pueden definirse como cargantes y muy molestas.
El cotarro se anima gracias a los segmentos centrados en Gomtuu. Estamos ante una de las constantes del universo Trek: la búsqueda, descubrimiento y contacto con nuevas formas de vida. Las escenas dedicadas a contarnos algo de esa increíble criatura son lo mejor de EL HOMBRE DE LATÓN. Se trata de un ser único, preparado para servir como una nave estelar y contener otras vidas orgánicas en su interior. Es una auténtica nave viviente, que estaba unida a su antigua tripulación por una especialísima relación simbiótica que apenas se menciona, pero que al buen trekkie se le antoja fascinante. Tras perder a su tripulación en un accidente, Gomtuu, que lleva milenios surcando el espacio en una espantosa soledad, siendo probablemente el último de su especie, decide suicidarse por así decirlo, entrando en la órbita de una estrella próxima a convertirse en una supernova. Sin embargo, este ser entra en contacto con Elbrun, lo que propiciará que se unan en una estrecha relación simbiótica, que satisfará las aspiraciones de ambos: EL HOMBRE DE LATÓN tendrá de nuevo alguien a quien cuidar, y Elbrun hallará, por fin, la paz.

El final, tan poético y esperanzador, queda un tanto empañado por la sospecha, que alberga todo buen trekkie, de lo que le puede espera al pobre Gomtuu si un día Elbrun se levanta de mal talante.
Aunque en principio no estaba pensado así, EL HOMBRE DE LATÓN se erige en un vehículo para desarrollar una nueva faceta del personaje de Data. Como siempre, nuestro admirado androide es capaz de sacar provecho de cualquier situación y aprender una valiosa lección no sólo sobre la humanidad, sino sobre sí mismo. Gracias a Gomtuu y Elbrun, Data descubre que él pertenece a la Enterprise, que ése es su lugar, a pesar de las notables diferencias que le separan del resto de la tripulación. De este modo, Data se encuentra un paso más cerca de comprender a la humanidad, porque se identifica consigo mismo y con el sentido de su existencia. El cariñoso gesto de Deanna hacia el androide, en la escena final del capítulo, es lo suficientemente expresivo para resaltar ese hecho y conmueve a todo trekkie que se precie de serlo.
EL HOMBRE DE LATÓN se basa en el cuento TIN WOODMAN, de Dennis Putman Bailey y David Bischoff, publicado en la revista Amazing Science Fiction Stories en 1975. El relato obtuvo por aquel entonces una nominación a los prestigiosos premios Nebula. Ambos autores lo modificaron ligeramente, a fin de adaptarlo a los parámetros de TNG.
James Wolvington creó los efectos sonoros del interior de Gomtuu de un modo muy original: grabó los ruidos producidos por su propio estómago a través de un estetoscopio.
Rob Legato, encargado de los efectos visuales del episodio, consiguió una nominación a los Emmy por su creación de Gomtuu, cuyo aspecto recuerda, no por casualidad, la configuración de las vainas termales vistas en BUCKAROO BANZAI.
EE. UU., 1990