BARRENDEROS ESPACIALES
BARRENDEROS ESPACIALES Corea del Sur, 2021
Título original: Seungriho
Dirección: Jo Sung-hee
Guión: Jo Sung-hee
Producción: Kim Su-jin
Música: Kim Tae-seong
Fotografía: Byun Bong-sun
Duración: 136 min.
IMDb:
Reparto: Song Joong-Ki (Tae-ho); Kim Tae-ri (Captain Jang); Seon-kyu Jin (Tiger Park); Hae-Jin Yoo (Robot); Richard Armitage (Sullivan); Ye-Rin Park (Dorothy / Kang Kot-nim); Mu-Yeol Kim (Kang Hyun-Woo); Ji-Yeol Oh (Kim Soon-Yi); Hyang-gi Kim (Bubs); Nas Brown (Karum); Kevin Dockry (Pierre); Daniel Joey Albright (Reporter)
Comentarios de: Jorge Armando Romo

Continuamos con la apreciación de películas de ciencia-ficción provenientes de otras regiones del mundo. Luego de explorar el cine de ciencia-ficción chino y ruso, ahora toca el turno a un reciente estreno que se presume como la primera película espacial de Corea del Sur cuya taquilla ha arrojado números más que positivos. En una entrada anterior se señaló que el cine coreano mezcla géneros y marca sus propios caminos narrativos. Sin embargo, dentro del género de la ciencia-ficción, esta nueva propuesta todavía busca acercarse a un público mayoritariamente estadounidense, aunque guardando algunos elementos que indican en todo momento el país de origen de la película.

A finales del siglo XXI, la Tierra se encuentra gravemente contaminada y superpoblada. El ser humano ha salido al espacio y lo ha saturado con estaciones y ciudades espaciales en donde habitan dos tipos de personas: los ciudadanos y los no ciudadanos. Mientras una gran corporación ha comenzado una veloz terraformación en Marte, el contexto nos lleva a un grupo de recolectores de basura espacial que se dedica a recoger las cantidades ingentes de chatarra que pululan en las cercanías de la Tierra. La nave encargada de la recolección está tripulada por tres seres humanos y un robot quienes buscan cubrir sus deudas encontrando la chatarra más útil para vender. De entre vuelta y vuelta en veloces viajes por el espacio, el robot espera con ansias que los humanos mueran para poder quedarse con la nave.

Pero de entre los conflictos internos y las deudas bancarias, el grupo encontrará a una niña perdida en otra nave espacial, y convencidos de que se trata de un androide que porta una bomba muy poderosa, estarán seguros de que conseguirán un excelente precio al venderla y así abandonar la vida de deudas que se cargan. Y es que en ese futuro en el que las corporaciones controlan el espacio, existe una especie de grupo terrorista que busca detener el avance espacial y recuperar la calidad de vida de la muy contaminada Tierra. Lo que al principio parece una venta segura y jugosa, pronto se convertirá en una persecución sin fin cuando la corporación de turno busque apropiarse de la niña androide.

Uno de los aspectos que más resalta es justo el jugoso presupuesto para generar los efectos especiales (especiales y espaciales). Las persecuciones en las naves compiten abiertamente con cualquier película incluyendo las nuevas cintas de Star Wars. No obstante, se trata de una virtud y un defecto a su vez: las persecuciones espaciales son detalladas y espectaculares, pero a su vez caóticas y confusas, incluso parece que van en cámara rápida al grado que el espectador se extravía entre tanta nave. Asimismo, hay batalla espacial final que justo se rememora la mencionada Star Wars, aunque sólo sin la Fuerza ni los Jedis. Hay disparos de cables y un robot que salta de nave en nave destruyendo todo. En un momento determinado, hay tantas naves en espacios tan pequeños que uno se pregunta cómo encuentran la manera de desplazarse sin colisionar: el espectador acostumbrado a los blockbusters dominicales seguro se preguntará en numerosas ocasiones si George Lucas participó en el diseño de las batallas y los excesos de las mismas.

Pero la película también busca altibajos emotivos en los que a cada rato los buenos lograrán sobrevivir frente a las adversidades. Cuando alguno de los personajes principales parece morir irremediablemente o caer en las manos del enemigo, hay un giro forzado y espectacular que le permitirá salir avante. Los milagros existen en esta película y el guión los muestra sin ninguna preocupación: la niña androide (que luego descubriremos que no es tan androide) cae de una plataforma y misteriosamente es salvada por uno de los personajes colgado de una liana; todos en el grupo parecen haber muerto por culpa de una bomba, pero inmediatamente la niña usa sus súper poderes nanotecnológicos para salvar el día (podría haberlos empleado en muchas más situaciones de la película para facilitar las cosas).

La película incluso juega no sólo con las aventuras trepidantes, sino que el aspecto dramático está bien asegurado. Si bien el grupo de barrenderos espaciales al principio desea deshacerse de la niña, poco a poco se encariñarán con ella y la incluirán como miembro de la familia. En este sentido, Kim Tae-ho, el líder de la nave, perdió a una hija y de alguna forma el encuentro con esta niña le permite reconciliarse con su pasado. Asimismo, hay momentos tristes para llorar a moco tendido en el que padre e hija se separan o buscan reconciliarse justo antes de ser atrapados.

Una vez señalados algunos de los puntos más curiosos y extraños de la cinta, ésta resulta enormemente entretenida para quienes buscan aventuras espaciales trepidantes. Los efectos siguen siendo creíbles, especialmente con el robot Bubs, quien no sólo aparece como el alivio cómico de la historia, sino que sus habilidades le permitirán salvar numerosas situaciones mientras vamos descubriendo lo humanizado que se ha vuelto. Del mismo modo, resulta interesante el reflejo del ciudadano coreano frente a otras nacionalidades que aparecen en escena: el coreano es retratado como alguien tenaz, incapaz de rendirse, como alguien que está preparado para superar toda clase de adversidades.

En resumen, un blockbuster sumamente entretenido si pasamos por alto muchos de sus lugares comunes, pero que también busca sus propios caminos narrativos y trata de ofrecer algunos elementos que permitan que la ciencia-ficción coreana cuente con historias propias.

© Jorge Armando Romo
(908 palabras) Créditos