LA INVASIÓN DE LOS SERES SIN CUERPO
LA INVASIÓN DE LOS SERES SIN CUERPO José León Domínguez
Título original: ---
Año de publicación: 1980
Editorial: Bruguera
Colección: La conquista del espacio, nº 517
Traducción: ---
Edición: 1980
Páginas: 95
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: José Luis Forte

Bueno, seguro que os suena: en mitad del desierto (en esta ocasión, australiano) cae un enorme meteorito que provoca un socavón de espanto. En su fondo, una roca del espacio adornada con estratos y vidrios de diversos colores que más bien hacen pensar en una nave espacial. Los militares acordonan la zona, llegan los curiosos y extraños acontecimientos comienzan a suceder. Jeje, cuántas películas hemos visto con este comienzo, ¿eh?

Vale, pues este no es el comienzo de LA INVASIÓN DE LOS SERES SIN CUERPO (Kelltom McIntire, 1980). A ver, entendedme, no me lo he inventado, pero todo comienza cuando la bella y feliz pareja formada por Lin y Larry Burack regresan de su maravillosa luna de miel. Él empieza a trabajar de inmediato. Un buen empleo, bien remunerado, pero que le obliga a estar fuera de su hogar, viajando de manera continua y, sí, lo habéis adivinado, en muchas ocasiones atravesando el solitario y baldío desierto australiano. Hasta que un día desaparece. Y mira qué casualidad que el bueno de Larry desaparece el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar donde el dichoso meteorito con el que abría estas líneas ha ido a estamparse.

Kelltom McIntire (nombre real: José León Domínguez) narra estos sucesos desde el punto de vista de Lin, la esposa, en primera persona, por lo que los acontecimientos importantes siempre suceden en off. Más fácil a la hora de narrar, más aburrido de leer. Pero ojo, y esto es lo sorprendente: McIntire no lo hace nada mal. Quiero decir: posee cierto pulso narrativo, consigue que mantengamos la atención pese a que la historia nunca termina de alzar el vuelo, y contra las convenciones y topicazos que utiliza en su historia consigue que el libro no se nos caiga de las manos. No hay párrafos de una línea, no hay diálogos chorras, no hay relleno a paletadas... Lo único que falta es un poco de imaginación, algo de locura que empujara la narración hacia derroteros más interesantes.

Porque la verdad es que esta invasión de los seres sin cuerpo del espacio exterior debe de ser una de las más inofensivas y desastrosas de la ciencia-ficción. Jamás la hipnosis sirvió para menos, y pocas veces el poseer un cuerpo (los seres ocupan mentalmente los cuerpos de los humanos dejando la conciencia del ocupado allá lejos, perdida en el miasma del subconsciente, aunque cuando conviene sale a flote para discutir con el ocupante) resultó una tarea tan fútil.

En fin, como comenta José Carlos Canalda en su artículo (buscad el capítulo 8) dedicado a este autor en el Sitio de Ciencia-Ficción, McIntire no era un experto en el género, y aplica su buen oficio como puede. Sinceramente la leí con algo de pena porque su estilo está por encima de la media que suelen ofrecer los autores de bolsilibros, es solvente, pero más le hubiera valido escribir peor y haber sido más imaginativo. ¡No se puede tener todo!

Como curiosidad, destacaría una de las primeras cosas que hace uno de estos extraterrestres (Karchach) nada más instalarse de ocupa en el cerebro de Larry, el marido de la protagonista. Como son entes sin cuerpo, necesitan el de un humano para vivir fuera de su nave. El individuo parasitado queda en un estado de semi catatonia en el que parece no sentir nada. Solo obedece y hace lo que le dicen, salvo esos momentos que he comentado en los cuales, a exigencias de la conveniencia del relato, la personalidad original hace aparación estelar para discutir un ratillo con el ocupante. Bien, pues tenemos a Larry cual robot humano obediente. Hasta que se escapa de casa y Lin sale a buscarlo desesperada. Lo encontraron tras su desaparición en el desierto en este estado y ella teme en todo momento por él. ¡Y ahora se escapa! ¡Mecachis! Y lo bueno es que nuestro amigo el extraterrestre sin cuerpo, ahora que lo tiene, se ha escapado para visitar... ¡un prostíbulo! Hala, a chingar como un poseso, que son dos días y hay que aprovechar. En fin, uno se tiene que reír aunque no quiera, aunque momentos antes la búsqueda temerosa de Lin había sido llevada con un ritmo muy correcto.

Hay dos momentos en los que a McIntire no le temblequea la historia, lo cual le permite resultar muy efectivo porque, como ya he dicho, y lo digo de verdad, no escribe mal. Uno es cuando a Lin (la esposa, por si ya os habéis perdido) la intentan estrangular en su coche mientras conduce: un buen capítulo de acción angustiosa. Y otro, cuando Lin es invitada a visitar el interior del meteorito. Breves dentro del conjunto, pero dan una idea de lo que Kelltom McIntire puede hacer si da con una historia inspirada.

Seguiremos buscando.

© José Luis Forte (797 palabras) Créditos
Publicado originalmente en La décima víctima el 4 de julio de 2004