DINOSAURIOS
DINOSAURIOS VV. AA.
Título original: Dinosaurs!
Año de publicación: 1990
Editorial: Grijalbo
Colección: La Puerta de Plata
Traducción: Carme Camps
Edición: 1992
Páginas: 350
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Daniel Salvo

El estreno de JURASSIC PARK (PARQUE JURÁSICO) inició la moda de los dinosaurios. Aparecieron muñequitos, revistas, peluches, secuelas, películas epigonales... y, como no, relatos y novelas sobre dinosaurios. Esto no quiere decir que el tema de los grandes lagartos prehistóricos no había sido tratado antes, pero en este caso, hablamos de una moda que, a veces, llegó a saturar.

Coincidiendo con esta fiebre dinosaurial, se publicó ésta antología titulada simple y llanamente DINOSAURIOS, como para que no le quepa duda al lector que va a encontrar relatos sobre sus monstruos favoritos. Lo mejor de la selección es que contiene relatos escritos en diversas épocas, algunos de verdaderos dinosaurios del género como L. Sprague de Camp o Arthur C. Clarke. Sin embargo, es bueno advertir que algunos relatos son buenos y otros no tanto, y que no todos tratan sobre dinosaurios. O en todo caso, la vinculación con el tema escapa a mi comprensión. Felizmente, dichos relatos son los menos, y el lector puede estar seguro que va a leer (bueno, si puede pues) un buen libro.

UN ARMA PARA UN DINOSAURIO, de L. Sprague de Camp.

Ray Bradbury tiene un magnífico cuento titulado EL SONIDO DEL TRUENO, en la cual un grupo de cazadores viaja al pasado para matar dinosaurios. El presente relato trata sobre lo mismo, y resuelve (a su manera, claro) la pregunta ¿qué pasaría si...?. Supongo que los aficionados a la cacería podrán apreciarlo en su real medida, puesto que se ocupa también de aspectos tan precisos como el peso y tamaño del arma en relación a la presa y al cazador, sin dejar de lado el tema de las paradojas temporales y su solución.

POBRE PEQUEÑO GUERRERO, de Brian W. Aldiss.

Nuevamente, tenemos a un feliz miembro de una sociedad futura retrocediendo en el pasado para dedicarse a su deporte favorito —la cacería— con la presa más codiciada de todas —el tiranosaurio—. Pero en este caso, no hay paradoja temporal ni accidente: el cazador logra su objetivo. Pero como cualquier habitante de la ciudad que va a al campo pensando encontrar un plácido paraíso rural, nuestro pobre pequeño guerrero (de juguete) descubrirá que, además de dinosaurios y aire puro, hay otras cosas para las cuales no está preparado.

HERMANO VERDE, de Howard Waldrop.

Este relato se encuadra más bien dentro del género fantástico que en el de ciencia-ficción. Un indio norteamericano, como parte de un rito de madurez (nunca he sabido de ningún rito que sirva para otra cosa que no sea para alcanzar la madurez, al menos en la ciencia-ficción), debe conseguir un nombre, para lo cual debe tener primero la visión de un animal. Y como ya supondrán, la visión que obtiene es la de un dinosaurio. La descripción que hace el protagonista del animal que lo llevará a adoptar el nombre de Hermano Verde es como sigue:

Me encontraba cerca del agua y vi mi reflejo. Era enorme y verde. Me sostenía sobre dos patas y tenía unas diminutas garras en lo que eran mis brazos. Mis ojos estaban a los lados de una gran cabeza. Tenía una boca muy grande llena de afilados dientes, y una cola larga y gruesa que utilizaba para mantener el equilibrio.

¿De donde viene la visión? ¿Memoria atávica? ¿Bucle temporal? La visión permitirá a Hermano Verde lograr una decisiva victoria frente a los intereses de una inescrupulosa compañía de hombres blancos (me pregunto si serían igual de inescrupulosos si fueran asiáticos), para luego dedicarse a estudiar paleontología. Uno de los mejores relatos de esta selección.

ÉPOCA DE INCUBACIÓN, de Harry Turtledove.

Un relato realmente conmovedor. Una paleontóloga se traslada al pasado para estudiar in situ a los dinosaurios. Por azares del destino, debe hacerse cargo de la cría recién incubada de un hadrosaurio. Debe evitar que la cría, que acaba de perderse de su manada (o como quiera que se diga), acabe en las fauces de algún voraz depredador. De paleontóloga a niñera. Y hay que reconocer que la chica lo hace bien.

ESCAPAR, de Steven Utley.

Un buen relato, aunque no le veo mucha relación con los dinosaurios. El protagonista, aburrido habitante de un futuro diatópico que escribe guiones para la televisión, padece de una enfermedad llamada cronopatía o confusión en el tiempo: en determinados momentos, su mente se traslada al cuerpo de algún ser del pasado, humano o animal. Y a veces, obviamente, su mente habita el cuerpo de algún dinosaurio. En todo caso, esta capacidad le permite escapar —a veces— de un mundo que no permite otra salida. Tristísimo.

LOS CORREDORES, de Bob Buckley.

Otra historia de paleontólogos que viajan a la era mesozoica para estudiar a los dinosaurios en su ambiente y levantar un mapa de lo que llaman Norteamérica Cratónica. Lo mejor del relato es que se aparta del tópico cómo enfrentarse a un tiranosaurio. Aquí nos encontramos con varias clases de dinosaurios, y se nota que el autor se ha documentado muy bien respecto a los últimos descubrimientos en lo que a dinosaurios respecta, al menos, para la época en que fue escrito este relato. Las escenas de acción están bien descritas, uno pareciera estar espectando alguna secuela de PARQUE JURÁSICO. Un miembro de la expedición encuentra el nido de un par dinosaurios que denominan corredores, los cuales parecen mostrar rasgos de una inteligencia rudimentaria, como el uso de ramas como herramientas (!). Una especie de dinosaurio evolucionado de la cual se conocía poco... y de la cual nunca se sabrá nada, puesto que nuestros paleontólogos también serán testigos del fenómeno que posiblemente ocasionó la extinción de los dinosaurios: el estallido de una supernova. Pues sólo sobrevivirán las formas de vida más pequeñas (...) Cualquier cosa más grande que un perro que permanezca continuamente al aire libre, se encontrará luchando contra el frío y la radiación. El fin de los dinosaurios ha sido decretado. Pero el final del relato nos reserva una sorpresa.

EL ÚLTIMO CABALLO DEL TRUENO AL OESTE DEL MISISIPÍ, de Sharon N. Farber.

Yo siempre creí que se escribía Mississipi. En fin, cuestiones de la traducción. Este relato está ambientado en el viejo oeste norteamericano, con sus vaqueros, cuatreros, indios... y dinosaurios. O el hallazgo de lo que parece ser un rebaño de dinosaurios de especie desconocida deambulando por el far-west. Un suceso tan increíble atrae la atención de diversos personajes, entre ellos, paleontólogos que (según el comentario previo al relato) tuvieron existencia real. Todos se dirigen, pues, a comprobar la existencia del caballo de trueno, nombre con el cual se ha bautizado a los especimenes. Pero hay muchos intereses creados alrededor de los mismos, no solo científicos. Supongo que es difícil ser paleontólogo y experto en disparar una Colt al mismo tiempo.

ESTRATOS, de Edward Bryant.

Que me maten los seguidores del nouveau roman, los disidentes de la criptocritíca lacaniana y los neobaudrillardianos, pero no entendí nada de este relato, ni qué tiene que ver con una selección de relatos de ciencia-ficción cuya temática son los dinosaurios. Como diría el cómico peruano Melcochita: ¡no lo leas... imbécil! (no lo escribas, debieron decirle al autor).

LA FLECHA DEL TIEMPO, de Arthur C. Clarke.

Un relato sobre dinosaurios escrito por otro dinosaurio... del género. Un grupo de paleontólogos ha hecho un importante descubrimiento: un rastro intacto de pisadas realizadas por un dinosaurio millones de años en el pasado. Sin embargo, sus trabajos se verán interrumpidos por la cercana presencia de otro grupo de investigadores, cuyo objetivo es investigar las propiedades del Helio II, líquido casi totalmente carente de viscosidad que permite lograr, entre otras cosas, un efecto de entropía negativa. Es decir, detener la flecha del tiempo... o retroceder en él. Las consecuencias de estos experimentos repercutirán en la investigación iniciada por los paleontólogos. Ojo, no perderse el detalle de la hora del té, a la cual los protagonistas parecen rendir un culto casi religioso, y que jugará un papel importante en esta historia.

UN CAMBIO DE TIEMPO, de Jack Dann y Gardner Dozois.

Un relato casi intrascendente, en el cual los humanos coexisten con los dinosaurios en el presente. Tiene secuencias que parecen tomadas de Los Picapiedra, (The Flintstones), con dinosaurios deambulando por las calles ocasionando alteraciones en el tránsito. Los dinosaurios son un fastidio, aunque los mamíferos tampoco parecen ser muy apreciados que digamos.

EL SAURIO QUE SURGIÓ EN LA NOCHE, de James Tiptree Jr..

Al fin, algo de humor. Un grupo de investigadores ha sido enviado al pleistoceno, es decir, la época en la que aparecen los primeros homínidos. El problema es que el viaje en el tiempo es costoso, y la universidad que subvenciona al grupo va ha cortar toda ayuda. Eso significaría el fin del proyecto... hasta que surge una solución desesperada. Invitar a un político, un congresista, a una partida de caza. El truco consiste en que han convencido al senador de que puede cazar dinosaurios... en el pleistoceno, cuando ya estaban extinguidos (es curioso ver cómo el concepto que uno se hace acerca de la poca o nula inteligencia de los políticos no varía mucho de una cultura a otra). Deciden hacer un montaje: un miembro de la expedición viajará al jurásico para traer a un brontosaurio recién muerto, y cuando el senador se encuentre en el pleistoceno oyendo una grabación con los rugidos del brontosaurio muerto recién traído, cuya cabeza será agitada por otro miembro de la expedición para que el cazador crea que está vivo. Entonces disparará al brontosaurio previamente muerto, creerá haber realizado una magnífica expedición de caza y dará todo su apoyo para la continuación del proyecto de viaje en el tiempo. Una escena delirante que parece extraída de algún episodio de The muppet show. Excepto que el político cazador sabe de su negocio, y hay que hacer más creíble el montaje: simular pisadas, arreglar un nido con huevo incluido, dejar marcas en los árboles... y el inevitable rastro de excrementos que debe dejar un ser viviente de la envergadura de un dinosaurio. La solución (es una de las pocas historias con final feliz) al problema de los excrementos es, por decirlo de alguna manera, una crítica y un elogio a la inventiva humana.

DINOSAURIO, de Steve Rasnic Tem.

Un relato que bien podría haber sido escrito por J. G. Ballard. Al principio, uno parece estar leyendo una historia sobre los últimos habitantes de un pueblucho de los Estados Unidos de América, tan pequeño y decadente, que han debido cerrar la escuela por insuficiencia de alumnado. El final de DINOSAURIO —tal es el nombre del pueblo— se presiente, y el protagonista, una suerte de testigo del cambio de las épocas, no puede evitarlo. Irá perdiendo a su pareja, sus conocidos, sus recuerdos, para al final encontrarse solo. ¿Y la ciencia-ficción? A la manera de Ballard, el elemento ajeno se sugiere en lugar de mostrarse, pues a medida que transcurre la lectura del relato, el lector empieza a preguntarse si los habitantes del pueblo lo han abandonado han desaparecido, si es un mero traslado o un fenómeno inexplicable, si está ocurriendo tan solo en el pueblo o en el resto del mundo. ¿Se extinguieron entonces los dinosaurios, o les ocurrió otra cosa? A veces, extinguirse puede no ser el peor destino...

DINOSAURIOS, de Geoffrey A. Landis.

Uno de los misterios sin resolver de la historia de nuestro planeta es el siguiente: ¿por qué se extinguieron los dinosaurios? Se habla de un cambio brusco de la temperatura terrestre, el impacto de un meteorito que trajo como consecuencia terribles alteraciones climáticas, o el creciente número de unos seres llamados mamíferos, que se alimentaban, entre otras cosas, de los huevos de los dinosaurios. Quizá la respuesta esté en lo que nos sugiere este relato, que mezcla brillantemente temas como los poderes paranormales, la amenaza nuclear y, por supuesto, los dinosaurios. Un cuento magnífico.

Un DINOSAURIO en bicicleta, de Tim Sullivan.

Un relato que parece una mezcla de LA MÁQUINA DEL TIEMPO de H. G. Wells y la hipótesis que postula la existencia de mundos paralelos o realidades alternativas. Un científico dinosaurio de un hipotético siglo XIX alternativo (¿respecto a qué mundo?) viaja al pasado para conocer qué ocurrió con sus antepasados, los dinosaurios. En el jurásico, encontrará a otros viajeros procedentes de diversos futuros, en los cuales la evolución ha seguido un curso distinto. Todos con ansias de saber qué les ocurrió a los dinosaurios.

© Daniel Salvo, (2.056 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Velero 25 el 14 de marzo de 2005