LEALTAD
LEALTAD EE. UU., 1990
Título original: Star Trek TNG: Allegiance
Dirección: Winrich Kolbe
Guión: Hans Beimler y Richard Manning
Producción: Ira Steven Behr
Música: Jerry Goldsmith y Ron Jones
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 51 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (LaForge); Michael Dorn (Worf); Wil Wheaton (Wesley Crusher); Stephen Markle (Kova Tholl); Reiner Schöne (Esoqq); Jocelyn O´Brien (Cadete Mitena Haro); Jeff y Jerry Rector (Alienígenas).
Temporada: 3, Episodio: 18

Sinopsis

Fecha estelar 437141.1. Picard es secuestrado por alienígenas y encerrado en una celda con seres de otras especies. Mientras tanto, un doble físicamente perfecto de Picard se hace cargo de la Enterprise, pero muy pronto la tripulación empieza a percibir algo extraño en el comportamiento del capitán.

Picard a punto de convertirse en un experimento
Picard a punto de convertirse en un experimento

LEALTAD presenta una situación muy común en la ciencia-ficción televisiva, la del oficial de mando que es reemplazado por un doble. Los precedentes más notables serían EL PROPIO ENEMIGO, ¿DE QUÉ ESTÁN HECHAS LAS NIÑAS PEQUEÑAS? y LA INTRUSA TRAIDORA, de Star Trek TOS, y SEMILLA DE DESTRUCCIÓN, de Espacio: 1999. Picard, figura fundamental en la nave y casi paternal, ya había sido poseído por una entidad alienígena en SOLEDAD EN COMPAÑÍA, de la segunda temporada. Pero en esta ocasión no se trata de una posesión, sino de un auténtico doble enviado a la Enterprise mientras el verdadero capitán se encuentra, sin saber cómo, en una reducida celda con otros tres cautivos.

En SOLEDAD EN COMPAÑÍA el único que corría peligro era Picard, ya que, influido por la posesión de que era objeto, pretendía abandonar la nave y la Flota para dedicarse a explorar la galaxia en forma de energía. En LEALTAD, en cambio, es la Enterprise la que está en peligro, lo que aumenta la gravedad de la situación. La tripulación parece ir tomando conciencia de lo que ocurre, de que aquel podría no ser Jean-Luc Picard, pero también se resiste más a tomar una decisión al respecto, pues nadie parece estar completamente seguro de lo que está pasando. Esto da mucho juego al relato, permitiéndonos ver cómo cada cual reacciona de acuerdo con su carácter. Worf, un klingon que honra la disciplina y la lealtad, vacila ante la idea de amotinarse contra el capitán. Wesley secunda el motín, a pesar de que adora a Picard. La actitud de estos dos personajes expresa los extremos de los sentimientos que una acción así provoca en toda la dotación del puente. El klingon y el hijo de Beverly son los únicos que se enfrentan físicamente al capitán. Worf se niega a cumplir una orden directa y Wes pilota la nave conduciéndola fuera de peligro, contraviniendo las órdenes expresas del doble de Picard. Worf y Wes apoyan a Riker cuando éste decide relevar del mando al capitán, convenciendo así al resto, porque si el klingon y el hijo de Beverly actúan de ese modo, con lo que les cuesta hacerlo, está claro que es la mejor opción a seguir. Lo más relevante es que la medida de la lealtad que se tiene hacia Picard pase por estos dos personajes, y no por otros que quizás resultarían más obvios. Esto demuestra que Wesley y Worf tienen una relevancia específica, que sólo sale a la luz en situaciones muy críticas.

El episodio trata de la lealtad hacia un hombre, Picard, al que todos aprecian, pero también de la que todo oficial y tripulante debe observar hacia la Flota Estelar. No cabe duda de que Picard, al igual que Kirk, inspira una confianza absoluta en su tripulación. Si, como ocurría en DONDE EL SILENCIO ES ESPERANZA, el capitán decide destruir nave y tripulación por razones justificadas, nadie se opondrá porque es un hombre de fiar hasta el final. Pero en este capítulo todos son conscientes de que ocurre algo raro, de que Picard no se comporta como Picard y obran en consecuencia.

La réplica del capitán es tan convincente, que hasta tiene los mismos recuerdos que Jean-Luc, así que puede pasar las mismas pruebas psicológicas con idéntico resultado. Sin embargo, las pruebas médicas son otra cosa, pues es imposible obtener los mismos resultados que en otras ocasiones. Cuando Beverly compara el chequeo anual del capitán con el último que se hizo, los datos son idénticos. Esto lleva a la doctora a sospechar que algo ocurre, percepción que se suma a la que le provoca la desconcertante actitud de Picard durante la cena íntima que comparten.

Y mientras en la Enterprise se muestran cada vez más inquietos ante ese capitán que, de pronto, canta canciones guerreras, se interesa por el póker, observa una campechanía impropia de él y al final pone nave y tripulación en peligro mortal, el verdadero Jean-Luc se encuentra en una pequeña celda con otros tres prisioneros: un mizariano, una boliana que cursa estudios en la Academia de la Flota Estelar y un chalnatiano, que es el último en ser apresado. Picard asume desde un principio que, si quieren salir de allí, tienen que colaborar entre ellos. Tras un par de intentos fallidos, el capitán, harto, revela a sus compañeros que aquel lugar, más que una celda, es un laboratorio en el que están experimentando con ellos, para ver cómo reaccionan ante una situación extrema. No sólo eso, sino que desenmascara a los alienígenas, que han tomado la forma de Mitena Haro para observarlos más de cerca.

Estos extraterrestres, de los que no se dice a qué especie pertenecen, poseen una insaciable curiosidad por estudiar a otras razas, ya que la suya es tan homogénea que todos los individuos son exactamente iguales, tanto en apariencia física como en comportamiento. Desconocen conceptos como la jerarquía, el colaboracionismo, la obediencia, la anarquía y otros muchos, de ahí que decidieran someter a Picard y los demás a estudio en un ambiente cerrado. Mientras, otros congéneres suyos, asumiendo las formas físicas de los cautivos, procedían a explorar los ambientes respectivos de cada uno de los prisioneros.

Pero a Jean-Luc no le ha hecho ni pizca de gracia que lo secuestraran, y en una jugada maestra da a los alienígenas un poco de su propia medicina, advirtiéndoles que la Federación no consentirá que rapten a otras criaturas sensibles para estudiarlas.

Sin ser un gran episodio, LEALTAD resulta bastante entretenido, aunque no tanto como el inmediatamente posterior LAS VACACIONES DEL CAPITÁN. Por cierto, la expresión de Picard en la clásica escena final del puente de mando es todo un poema, cuando Riker le comenta que empezó a sospechar de su doble cuando le escucho cantar, pues, según el primer oficial, él nunca ha cantado tan bien. Y luego está Beverly, que con su maliciosa mirada y su sugestiva forma de susurrar capitán deja no poco mosqueado al pobre Jean-Luc.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.044 palabras) Créditos