ATTRACTION 2
ATTRACTION 2 Rusia, 2020
Título original: Vtorzhenie
Dirección: Fedor Bondarchuk
Guión: Oleg Malovichko, Andrey Zolotarev
Producción: Fyodor Bondarchuk, Dmitriy Rudovski, Mikhain Vrubel, Aleksandr Andryushchenko, Anton Zlatopolski, Elena Nelidova, Mikhail Kitaev
Música: Igor Vdovin
Fotografía: Vladislav Opelyants
Duración: 129 min.
IMDb:
Reparto: Irina Starshenbaum (Yulia Yulya Lebedeva); Rinal Mukhametov (Hekon / Khariton); Alexander Petrov (Artyom Tkachyov); Yuri Borisolv (Capitán Ivan Vanya Korobanov); Oleg Menshikov (Coronel Valentin Lebedev); Sergei Garmash (Vice primer ministro); Yevgeny Mikheev (Gleb Karakhanov Google); Daniil Kolzenov (técnico); Sergey Troyev (técnico de televisión); Igor Kosterin (Adjunto VSK); Andrey Nazimov (gerente de departamento IT)
Comentarios de: Jorge Romo

Tres años después de ATRACCIÓN: LA GUERRA HA COMENZADO (2017), película de ciencia-ficción rusa que se presentó en occidente para ofrecer una historia aparentemente alejada del cine anglosajón, la sorpresa surge en el espectador al saber que el éxito de la película ha permitido una segunda parte bajo el título de ATRACCIÓN 2: INVASIÓN (2020). Luego de que la primera cinta tuviera extraños altibajos y llevara la trama por senderos inexplorados, el taquillazo ha permitido la realización de una segunda parte aún más trepidante y ambiciosa. La primera pregunta que surgió luego de su estreno fue si el asunto mejoraría o se sacrificaría la novedad por un enfoque más convencional dirigido a los cines rusos y extranjeros. Para beneplácito de muchos y extrañamiento de otros, la cinta se inventa sus propios altibajos y lleva la historia por un nuevo camino narrativo que busca imitar a su predecesora.

Yulia, la protagonista de la cinta anterior que conoció de cerca a los visitantes y se involucró en una relación amorosa con un alienígena, regresa en esta secuela para mostrarse harta de su aburrida vida, misma que transcurre entre la universidad y los laboratorios militares rusos. Ha heredado un extraño brazalete que le permite controlar y movilizar el agua a voluntad, por lo que el ejército ruso la estudia en busca de nuevas tecnologías para la guerra. Incluso su padre, un militar de alto rango, aprueba las investigaciones y engaña constantemente a su hija en espera de que ésta pueda ofrecer conocimiento extraterrestre valioso.

Harta de ser vigilada constantemente, consigue escapar de sus guardaespaldas en una escena de acción y persecución sin límites. Para su gran sorpresa, Hekon, su amor alienígena, no sólo no está muerto, sino que andaba oculto y ahora ha regresado para rescatar a su amada y seguir con los planes para que la pareja formalice su relación.

Pero al poco tiempo el asunto se complica. Una inteligencia artificial alienígena se acerca a la Tierra y clama por la inmediata muerte de Yulia, dado que sus poderes para controlar el agua supuestamente amenazan a todo el universo. Sin mayor explicación, el invasor manipula todos los aparatos digitales de uso diario y engaña a la población rusa mostrándoles un video en donde Yulia es una peligrosa terrorista. En una carrera trepidante que no le permite respirar al espectador, la cosa se convierte en una carrera por la sobrevivencia en donde militares, ex novios, pretendientes, y toda persona que aparece a cuadro resultan ser aliados o enemigos que buscan detener la aplastante invasión.

La película cuenta con una impactante producción en la que no se midieron los gastos: desde apabullantes efectos especiales, hasta ejercicios visuales que preparan el espectador para un thriller de ciencia-ficción trepidante que no se detendrá durante más de dos horas. La gigantesca nave invasora, los trajes mecánicos, la navecita de Hekon que revolotea por todos lados, las catástrofes de gran magnitud que llevan a que la ciudad de Moscú se convierta en una ciudad post-apocalíptica, todo está planeado para convertirse en un blockbuster espectacular que provocará la ingesta compulsiva de palomitas por parte de los espectadores durante una matiné dominical.

Pero fuera del gran espectáculo para pasar el rato, la cinta no resiste el más mínimo cuestionamiento. Por ejemplo, nunca queda claro por qué Yulia y su brazalete son tan peligrosos al grado de que una inteligencia artificial alienígena busque aplastar ciudades enteras para encontrar a la chica. El brazalete funciona, provoca extraños movimientos en el agua, permite empujar un poco a la nave invasora para que los bombarderos rusos le arrojen unos cuantos misiles, sin embargo, jamás queda claro el por qué de la supuesta peligrosidad galáctica del poder de Yulia para empujar el agua de aquí para allá.

Hay personajes que van y vienen y la propia película nunca se pone de acuerdo consigo misma en torno a si estos mueren o no. Por una parte, el padre de Yulia ha hecho todo lo posible para enfrentar la invasión antes de que su base quede inundada. Prácticamente no hay nada que lo salve. Justo al final, el espectador descubre que se anda paseando como Juan por su casa sin ningún rasguño ni indicio de que se hubiera ahogado. Al mismo tiempo, los esfuerzos de Hekon resultan muy inútiles a cada rato. Justo cuando se arma el pandemónium en la ciudad de Moscú, se lanza en su pequeña nave para dar vueltas y rodear a la gigantesca nave invasora. Gira y gira una y otra vez pero nunca se entiende qué es lo que pretende. De tanto girar los propios espectadores quedan muy mareados. Al final de tanto caos, la propia Yulia es quien con sus poderes empuja un poco la amenazante nave para que con sólo unos misiles todo se resuelva.

Pero no todo es un desastre en esta película. La dependencia de la tecnología y la credibilidad en las fake news se convierten en un elemento a favor de la inteligencia invasora. Todo mundo revisa ochenta veces al día su celular en busca de la nueva experiencia pasajera y superficial. Este elemento es clave para la invasión dado que en cuanto aparece un video anunciando la supuesta maldad pura de Yulia, inmediatamente todo mundo la persigue sin tan siquiera comprobar la fuente del video. Incluso uno de los militares que la vigilaba cae en la paranoia del video falso al creer que su familia ha muerto luego de que la protagonista supuestamente llevara a cabo un acto terrorista de gran magnitud. El militar no busca contactar a su familia por otros medios, ni siquiera se toma la molestia de regresar a casa y revisar: el video manipulado es muestra clara y contundente de lo diabólica que es Yulia y eso es suficiente para que este hombre satanice a la chica y quiera matarla. En este sentido, las secuencias son audaces y muestran a una sociedad híper conectada acostumbrada al berrinche digital, a la lectura únicamente de encabezados, al prejuicio fácil y las decisiones escasa o nulamente informadas.

Finalmente, la cinta no busca una identidad propia y decide tomar prestados fórmulas e imágenes características del cine comercial estadounidense. Al inicio de este thriller de acción los personajes brincan por todos lados en una sucesión de imágenes y persecuciones sin fin. Todo está editado para que las cosas no se detengan en ningún momento, aspecto que ha sido retomado de la Saga Bourne. Cuando la nave de Hekon huye de los militares y el ex novio de Yulia roba un traje mecánico alienígena, todo se convierte en explosiones ruidosas y torpes. Cualquier cosa que el espectador observe puede explotar en cualquier momento al grado que el cine de Michael Bay, especialmente su saga de Transformers, sea emulado en todo momento. Pero justo cuando la nave invasora se adentra en la Tierra para sumir a Moscú en un cataclismo acuático, las explosiones adquieren una escala global y el desastre es evidente sin importar el lugar en que se mire. El cine de destrucciones masivas de Roland Emmerich aparece a la vista: la destrucción de Moscú apela a imágenes de INDEPENDENCE DAY (1996), GODZILLA (1998) o 2012 (2009), sólo por mencionar algunos de los taquillazos más recordados.

En resumen, una cinta de acción y ciencia-ficción trepidante que aglutina mucho del cine hollywoodense y lo empaqueta para ofrecer un blockbuster palomero, endemoniadamente entretenido pero sin mayores ambiciones.

© Jorge Romo, (1.231 palabras) Créditos