LA CAPITANA DE KNEPPENDORF
LA CAPITANA DE KNEPPENDORF David Casas
Título original: ---
Año de publicación: 2020
Editorial: Autopublicado
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 2020
Páginas: 298
ASIN:
Precio: 11,39 EUR

Aunque parezca difícil, todavía es posible darle una vuelta de tuerca al steampuk, y David Casas lo consigue en esta novela en la que, paradójicamente, la humanidad se está expandiendo por el Sistema Solar gracias a tecnologías que a día de hoy siguen siendo una entelequia.

¿Cómo lo consigue? Haciendo que Hans Philipp Lübcke, el creador de uno de los hábitats que pueblan el Sistema Solar, sea una especie de megalómano que añora la Prusia Imperial de Guillermo II. Éste hábitat es Nueva Prusia, un inmenso cilindro hueco de 150 kilómetros de largo y 50 de diámetro, con gruesas paredes de 3 kilómetros, en cuyo interior la tecnología, la moda, la organización social, se ha detenido a principios del siglo XX, conformando una sociedad tradicionalista, laboriosa y, por supuesto, muy orgullosa de su arcaica, pero muy presente herencia prusiana.

Es allí, en 2178, donde nace Wilhelmine Alina Vogel, aka. Willa Vogel, aka . Alina Müller. Su niñez en Nueva Prusia transcurre plácidamente, pero al llega a la adolescencia se destapa su carácter rebelde e independiente, y descubre que el encorsetado estilo de vida novoprusiano le asfixia, optando por dejar su hogar para ver mundo. Mundos, en realidad.

Tras una chiquillada con consecuencias penales, Willa aprovecha la oportunidad que tienen los jóvenes novoprusianos para visitar otros hábitats y planetas, y decidir si volver a su sencillo estilo de vida o quedarse fuera renunciando a él. Willa parte con la intención clara de no volver y en FAE7, uno de los hábitats de la Federación Asteroidal Europea, empieza a vivir la vida loca, incluso semiprostituyéndose, para visitar los planetas interiores, Marte, la Luna, la Tierra...

Pero su suerte cambia, la economía de la FAE es frágil, y la de FAE7 más todavía, Willa cae en la pura miseria y acaba de nuevo en prisión. Cuando cumple su condena es expulsada a Nueva Prusia, pero allí las cosas tampoco le van bien, la engorrosa burocracia novoprusiana le hace casi imposible sobrevivir, de modo que intenta dar un audaz golpe junto a su compinche Ralf, que les sale muy mal y acaba de nuevo en la cárcel. Pero eso no soluciona nada, su condición administrativa sigue siendo casi imposible de resolver por lo que, de nuevo, se arriesga con un nuevo golpe, que acaba de nuevo con sus huesos en la cárcel, aunque es tal la desfachatez de la ejecución que acaba siendo toda una celebridad, redimida de sus faltas y convertida al fin, ya en su senectud, en una ciudadana respetada y de recto proceder.

El escenario creado por David Casas para las aventuras de Willa tiene de todo un poco. Por sus descripciones tecnológicas del comportamiento de la física de Nueva Prusia retoma la tradición vernesca de descender al detalle, aunque en alguna ocasión no venga muy a cuento y haga curiosas referencias, como describir la dimensión mayor del hábitat como altura en vez de longitud. Cuestión de perspectiva, supongo.

También dibuja una compleja situación política en el sistema, con las potencias terrestres pugnando por crecer más y más rápido, las fricciones que eso genera, y los conflictos que acaban surgiendo entre colonias y metrópolis, como la que el propio Lübcke crea con su Alemania natal.

Tampoco duda en atacar con saña el sistema monetario del que disfrutamos actualmente, y que magnifica en la FAE, donde su euro inflacionario vale de muy poco, obligando a sus ciudadanos a vivir prácticamente en deuda perpetua. Al contrario, el sólido Neue Reichmark de Nueva Prusia, es dinerito contantes y sonante, además de criptografíco, que mantiene su sólido valor siendo casi la referencia de cambio del sistema. No obstante, pasa muy de puntillas sobre las consecuencias económicas de la Guerra Civil que asola el hábitat mientras Willa permanece en FAE7, eso siempre es devastador para una economía y su moneda, por mucho oro de 24 kilates en la que esté acuñada

También hay continuas referencias a grandes técnicos y empresarios tecnológicos del siglo XX, desde el español Leonardo Torres Quevedo, hasta el propio Elon Musk, gran amigo de Lübcke, y guiños literarios, como las referencias a MATADERO 5.

Sin embargo, donde la novela no resulta tan atractiva es en la forma que ha elegido David Casas para organizarla. Continuos saltos adelante y atrás en el tiempo y el espacio desestructuram la narración, haciendo que los episodios se mezclen sin demasiado orden ni concierto convirtiendo la lectura en una experiencia poco agradecida. No se trata de simples flashback que aclaran algún aspecto particular del relato, sino mero barajeo de escenas.

Hay al menos tres episodios principales, la adolescencia de Willa en Nueva Prusia, su estancia en el Sistema, y el relato de su vuelta. Además de otros secundarios como las peripecias de Lübcke, y las cuitas de los empleados de la sastrería Schneider, la introducción y despedida por parte de los parientes de Willa, y varias peripecias de personajes más o menos secundarios. Todo esto mezclado por capítulos sin orden cronológico ni argumental.

Hay a quien le gustan este tipo de saltos, pero considero que en general son muy mala idea. No mantienen la atención en la narración, cuando el interés de un hilo empieza a remontar lo interrumpen de forma bastante irritante, y no ayudan a la inmersión en la historia. El propio autor ha debido intuir algo al respecto porque uno de los apéndices incluye una cronología ordenada de los episodios.

De hecho he tardado dos semanas en leer una novela de apenas 200 páginas. Además de mis ocupaciones habituales, saber que al finalizar el capítulo correspondiente se me iba a remitir a otra época y otro lugar no me invitaba a seguir leyendo y si a dedicar el tiempo a otros asuntos pendientes.

El estilo tampoco ayuda, si bien es pulcro y claro en los primeros capítulos, progresivamente se va llenando de asperezas, hasta que, sin ser un desastre total, si consigue hacer muy irregular este aspecto de la novela, al igual que los diálogos, en muchos casos envarados, sobre todo cuando, como he comentado, la novela adquiere el vernesco carácter enumerativo.

Por resumir, una novela desarrollada en un escenario fascinante que podría haber dado mucho más de si de haberse trabajado a fondo el estilo y narrado de forma más ordenada. En estos tiempos de edición electrónica y flexible, y sabiendo que hay gustos para todo, una idea interesante sería ofrecer dos versiones de la novela, la actual salteada, y otra con una progresión lineal, desde los primeros problemas de Lübcke con la ley, hasta la jubilación de Willa.


Notas

Como paradoja curiosa, en joyería se conoce como oro alemán a las piezas chapadas, mediante anodizado, en oro. Habrá que suponer que el Neue Reichmark si cumple la ley de las 1000 milésimas o equivalente en otros metales raros.

© Francisco José Súñer Iglesias, (1.124 palabras) Créditos