SPACEWALKER
SPACEWALKER Rusia, 2017
Título original: Vremya pervykh
Dirección: Dmitriy Kiselev
Guión: Sergey Kaluzhanov, Yuriy Korotkov, Oleg Pogodin
Producción: Sergey Ageev, Timur Bekmambetov, Aleksandr Gorokhov
Música: Yuriy Poteenko, Aleksandr Vartanov
Fotografía: Vladimir Bashta
Duración: 140 min.
IMDb:
Reparto: Evgeniy Mironov (Alexey Leonov); Konstantin Khabenskiy (Pavel Beliayev); Vladimir Ilin (Sergey Korolev); Anatoliy Kotenyov (Nikolay Kamanin); Aleksandra Ursulyak (Svetlana Leonova); Elena Panova (Tatyana Belyaeva); Aleksandr Novin (Evgeny Khrunov); Gennadiy Smirnov (Konstantin Feoktistov); Yuriy Nifontov (Boris Rauschenbakh); Yuriy Itskov (Boris Chertok); Valeriy Grishko (Leonid Brezhnev); Aleksandr Ilin (Vladimir Markelov); Aleksandr Karpilovskiy (Radio Amateur);

Lo que deja helado de esta película es que todo lo que se relata es rigurosamente cierto. Así fueron las cosas. O al menos así han sido dramatizadas.

Obviamente, se trata de una recreación cinematográfica en la que se cargan las tintas sobre la capacidad de sacrificio y espíritu de superación de los héroes rusos de la época soviética, así que hay que coger con pinzas las exaltaciones personales y patrióticas, y quedarse con la esencia de la historia: que en el primer paseo espacial, el propio hecho del paseo fue la parte menos complicada y más aburrida.

Alexey Leonov (Evgeniy Mironov) fue el primer humano en realizar un paseo espacial, la película nos pone en antecedentes sobre él, al parecer un tipo vitalista, audaz, más bien temerario en palabras de Pavel Beliayev (Konstantin Khabenskiy), y frío a partes iguales. La primera escena de la película es un arriesgado aterrizaje en un MIG-15 con el motor en llamas, trance del que Leonov sale con cierta impasibilidad despreocupada. Sigue su reclutamiento para el Cuerpo de comonautas que dirige el general Kamanin (Anatoliy Kotenyov), su entrenamiento junto a Beliayev, al que consigue lesionar gravemente al tener que seguirle en sus atrevidas maniobras, su relación con Sergey Korolev (Vladimir Ilin) alma mater del programa espacial soviético. También se dan diversos apuntes sobre la precipitación con la que se preparó la misión, baste saber que la primera prueba no tripulada fue un relativo fracaso (el sistema funcionó, pero la cápsula se perdió en la reentrada), y la segunda un éxito, excepto por el pequeño detalle que se usó una vieja cápsula Vostok en vez la Vosjod en la que viajarían Leonov y Beliayev.

Por no alargar mucho las peripecias de la misión basta decir que lo único que salió bien fue el lanzamiento y el despliegue de la cámara de descompresión plegable que permitiría salir a Leonov al exterior. Todo lo que siguió fue un cúmulo de accidentes, averías, fallos y diversas peripecias de que las que los arrojados tripulantes de la Vosjod 2 salieron vivos y convertidos en unos héroes soviéticos como está mandado.

Este tipo de incidentes, aunque no tan extraordinariamente acumulados en una sola misión, eran típicos en aquellos años, en los que la investigación y la ingeniería se guiaban por la mera prueba y error. El propio Neil Armstrong, durante uno de los viajes de prueba de las Gemini, se mantuvo tan frío como el hielo cuando la cápsula se puso a dar vueltas como una peonza totalmente fuera de control. Tomó los controles manuales y poco a poco y con paciencia acabó por retomar el control de aquella lata de sardinas.

La película, sin ser mala, no cuenta con la vis dramática que podría haberle dado un realizador yanki. Dmitriy Kiselev relata con fría minuciosidad los vaivenes de la misión de Beliayev y Leonov, y tanto Konstantin Khabenskiy como Evgeniy Mironov consiguen hacer un retrato bastante creíble y diferenciado de ambos. Un Beliayev estóico y sombrío, y un Leonov vitalista y despreocupado. En esa línea, las relaciones familiares de ambos son presentadas sin alharacas ni grandes aspavientos. Igualmente, el fatalismo del propio Korolev y el reglamentismo rígido de Kamanin quedan bien reflejados.

Naturalmente aquello debería ser un hito de la tecnología soviética, y las presiones sobre Korolev y su equipo casi insoportables, pero aunque se dice y se relata, no es algo que impresione al espectador.

Hay, no obstante, algunos guiños de carácter tecnológico. Cuenta una leyenda urbana que La NASA se gastó una importante suma de dinero en diseñar un bolígrafo que fuera capaz de funcionar en gravedad cero... mientras que los rusos llevaban lapiceros al espacio. En realidad rusos y americanos usaron todo tipo de bolígrafos y lápices en sus misiones, pero la historia no deja de ser chusca. Un lápiz flotando en gravedad cero nos recuerda ésta anécdota.

Por lo demás se trata de una producción pasable, aunque se hará un tanto extraña al estar tan alejada de la narrativa de las producciones americanas, pero en la que no se pararon en gastos y tanto las escenas de recreación puramente histórica (viviendas, instalaciones, etc) como las de la Vosjod 2 y Leonov surcando la órbita terrestre están perfectamente construidas. Paradójicamente, canta más la nieve artificial que ambienta las montañas de los Urales que la cabina de la Vosjod.

© Francisco José Súñer Iglesias, (723 palabras) Créditos