¿QUIÉN LLORA POR ADONIS?
¿QUIÉN LLORA POR ADONIS? EE. UU., 1967
Título original: Star Trek TOS: Who Mourns For Addonais?
Dirección: Marc Daniels
Guión: Gilbert Ralston
Producción: Gene Roddenberry y Gene L. Coon
Música: Alexander Courage y Fred Steiner
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 51 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); George Takei (Sulu); Walter Koenig (Chekov); Michael Forest (Apolo); Leslie Parrish (Tte. Carolyn Palamas); John Winston (Tte. Kyle); Eddie Paskei (Tt. Leslie)
Temporada: 2, Episodio: 02

Sinopsis

Fecha estelar 3468.1. Cuando se encuentra en las proximidades del planeta Pollux IV, la Enterprise se ve atrapada en un extraño campo de fuerza, que semeja una mano que retiene la nave. Poco después se manifiesta una entidad, de apariencia humanoide, que dice ser el dios griego Apolo, y que obliga a Kirk a descender al planeta al frente de un equipo de misión. La pretensión de Apolo es que se queden en el planeta y le adoren como el dios que dice ser. Apolo se siente atraído por la hermosa teniente Palamas, del departamento de Arqueología y Antropología de la nave, a la que ofrece la posibilidad de convertirla en una diosa. Carolyn empieza a mostrar cada vez más inclinación por Apolo, pero el capitán interviene, recordándole su deber con la humanidad. Consciente de que el dios no los dejará marchar por las buenas, Jim busca la manera de despojar a Apolo de su poder.

Apolo demostrando que por algo es un dios

En los años 60 se puso de moda una teoría que especulaba con la posibilidad de que los antiguos dioses griegos hubieran sido, en realidad, seres extraterrestres, lo que dio pie a numerosos libros que se convirtieron en éxitos de ventas. Esta idea le sirvió de base a Gilbert Ralston para pergeñar un argumento ciertamente metafísico, en el que combinó sabiamente varios elementos, como el romance o la fantasía, dando así origen a uno de los capítulos más memorables de la segunda temporada. En cierto modo, el guión se asemeja algo a los clásicos relatos épicos de la antigua Grecia, pues nuestros héroes se ven amenazados por un peligro contra el que no parecen tener defensa, arriesgando sus vidas y sufriendo en sus carnes la ira de los dioses. Ese tipo de historias solían concluir con un baño de sangre, pero claro, esto es Star Trek y el final es consecuente con la filosofía pacifista de Roddenberry.

Como siempre, Kirk pone a su tripulación por encima de todo. Decidido a salvar como sea no sólo a los miembros de su equipo, sino a la tripulación de la nave y quizás incluso a toda la humanidad, hace frente a Apolo con su característica valentía. Lo único que parece sacarle de sus casillas es Scotty. El ingeniero jefe se pasa casi todo el capítulo más pendiente de las faldas de Carolyn Palamas que del verdadero problema que los acucia, lo que obliga al capitán a llamarle al orden y exigirle que se centre en lo verdaderamente importante. Scott es el que más sufre la ira de Apolo, pues no duda en intentar defender a Carolyn del pasional dios. De todas formas, aunque a la muchacha parecen agradarle las atenciones de Scotty, está claro que no desea ir más allá. Por suerte, en LAS LUCES DE ZETAR, de la tercera temporada, el ingeniero jefe de la Enterprise encontrará su media naranja en la dulce y hermosa teniente Mira Romaine.

Spock, por su parte, debe quedarse al mando de la nave. Apolo veta su presencia en el planeta porque su aspecto físico le recuerda a Pan, diosecillo con el que tuvo sus diferencias en el pasado. Apolo habla de Pan con evidente desprecio, tachándolo de aguafiestas. Esto se debe sin duda a un fallo de Ralston, porque Pan era conocido por su talante risueño y su temperamento salvaje.

McCoy no tiene ocasión de ejercer de médico, pero no deja de sorprendernos con su punto de vista, expresado habitualmente de forma sardónica. En cuanto a Chekov, adquiere relevancia al ser capaz de proporcionarle a Kirk dos observaciones que ayudarán al capitán a resolver la situación. Como es habitual, Pavel hace gala de su amor por la madre Rusia, confundiendo al gato de Chesire con un minino ruso.

Spock no pierde el tiempo. Con su habitual diligencia se ha preocupado de que se reparen todos los sistemas manipulados por el cargante dios. Uhura, por su parte, demuestra sus habilidades realizando cierta modificación en el sistema de comunicaciones, lo que le vale los elogios del primer oficial, algo que deja un poco atónita a la bella teniente, pues no es nada habitual que el frío vulcaniano haga cumplidos a nadie, aunque sean merecidos.

Vemos una vez más a nuestro queridísimo Leslie, que no pronuncia ni una palabra, y también al teniente Kyle, que habitualmente presta sus servicios en transportación, pero que ahora se hace cargo de los sensores. John Winston, a pesar de interpretar un papel de soporte y de poca relevancia, sería muy apreciado por los fans, razón por la cual volvió a encarnar a Kyle, en esa ocasión con el grado de comandante, en STAR TREK II: LA IRA DE KHAN.

Apolo tirándole los tejos a la teniente Palamas

Destaca el personaje de Carolyn Palamas. Es una científica de prestigio que, como le ocurrió a la historiadora Marla McGivers con Khan en SEMILLA ESPACIAL, no puede evitar sentir fascinación por Apolo, que le ofrece compartir su inmortalidad. No obstante, es mucho más fuerte que Marla, pues si ésta cedió con demasiada facilidad ante el superhombre genético, Carolyn, espoleada por las palabras de Jim, lucha contra la atracción que ejerce Apolo sobre ella, logrando vencerla.

Lo mejor del capítulo son, para no variar, las reflexiones finales de Kirk. Han vencido al cargante diosecillo, que acaba yéndose al Hades con los suyos. Pero el capitán sabe que esas divinidades han dejado una impronta especial, única y duradera en la cultura humana, y al final se pregunta si no habría sido mejor ceder un poco ante Apolo, recoger unas ramas de laurel y adorarle, aunque sólo hubiese sido durante un momento, para pagarle, al menos en parte, la positiva influencia que él y sus hermanos del Olimpo ejercieron sobre la historia del hombre.

Michael Forest está perfecto en el rol del arrogante dios, que dice querer lo mejor para los hombres, pero que en realidad sólo parece preocuparse de su propia persona. Es significativo que Ralston decidiera utilizar a Apolo precisamente, y no a otra cualquiera de las divinidades del Olimpo, porque este dios simbolizaba a todos los otros dioses que habían muerto y de los que nadie se acordaba ni lloraba por ellos. A Apolo se le relacionaba, además, con la belleza, el orden, la responsabilidad y el honor. Representaba la oposición a lo dionisiaco, identificado con el caos. También se le consideraba el creador de la armonía y representación de la Naturaleza.

El episodio se rodó en estudio, lo que puede apreciarse fácilmente. En cuanto al aspecto técnico, lo que más destaca son los convincentes efectos visuales que muestran a Apolo agigantándose, sus apariciones amenazadoras y los rayos que despide cuando está furioso.

Como resulta evidente, el título del episodio nos remite a los mitos clásicos helenos. Adonis, como sabe cualquiera que haya estudiado antes de que la progresía izquierdista empezara a eliminar las Humanidades de los planes de estudio, era el dios griego que se asociaba con la fertilidad. Según la mitología, pasaba seis meses en el mundo y otros seis en el submundo o Hades. Una vez al año se conmemoraba su muerte, con una ceremonia en la que todos expresaban su dolor. Luego, al llegar la primavera, se celebraba con desbordante alegría su regreso al mundo de los vivos.

En el doblaje castellano del episodio se coló un gazapo, pues Kirk se dirige a Carolyn como teniente Palmer, cuando su apellido en el inglés original es Palamas.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.223 palabras) Créditos