EL CAMINO AL EDÉN
EL CAMINO AL EDÉN EE. UU., 1969
Título original: Star Trek TOS: The Way To Eden
Dirección: David Alexander
Guión: Arthur Heinemann, sobre una historia de él mismo y M. Richards (D.C. Fontana)
Producción: Gene Roddenberry y Fred Freiberger
Música: Alexander Courage y Fred Steiner
Fotografía: Al Francis
Duración: 51 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); George Takei (Sulu); Walter Koenig (Chekov); Majel Barrett (Chapel); Skip Homeier (Dr. Thomas Sevrin); MaryLinda Rapelye (Irina Galliulin); Victor Brandt (Tongo Rad); Charles Napier (Adam); Elizabeth Rogers (Tte. Palmer); Deborah Downey (Chica 1); Phyllis Douglas (Chica 2)
Temporada: 3, Episodio: 20

Sinopsis

Fecha estelar 5832.3. La Enterprise recoge a un grupo de idealistas que buscan el planeta Eden. McCoy descubre que su cabecilla, el doctor Sevrin, es portador de una peligrosísima enfermedad. Además, Spock colige que está loco. Aunque parecen inofensivos, Sevrin y su grupo consiguen tomar el control de la nave, arrumbando hacia el mundo que ellos identifican con el edén.

Una peligrosa jipi camelándose a Chekov
Una peligrosa jipi camelándose a Chekov

Todos los temas que preocupaban a la sociedad estadounidense de los años 60 fueron tratados en Star Trek. En aquella época surgió una especie de movimiento que pretendía ofrecer a la juventud una nueva filosofía de vida, frente a lo que muchos consideraban la encorsetada existencia de sus mayores. Las ideas hippies resultaron muy atrayentes para cierta juventud desnortada, contagiando no sólo a toda una generación de americanos, sino a la muchachada de la vieja Europa. Hoy se considera que los hippies influyeron no sólo en los aspectos filosófico y estético de la sociedad de su tiempo, sino también en la música. Sin embargo, la en principio sencilla ideología hippie, por su propia naturaleza, degeneró muy pronto y las supuestamente idílicas comunas en las que vivían esos chavales se convirtieron, en la práctica, en focos de drogadicción, promiscuidad y enfermedades varias. Aunque en retrospectiva se ha intentado idealizar aquel movimiento, como forma de una parte de la juventud para expresar su rebeldía ante un mundo que consideraba injusto e hipócrita, lo cierto es que históricamente carece de relevancia, obviada su ya mencionada influencia en la estética y la música. En cuanto al plano filosófico, la utopía hippie era sólo eso: una utopía descabellada e irracional, de imposible realización.

No obstante, como todo aquello estaba a la orden del día, en TOS se decidió tratar el tema, por lo que Arthur Heineman y D.C. Fontana, firmando como A. Richards, crearon los curiosos hippies futuristas de EL CAMINO AL EDÉN, que, para no variar, trastocaran la existencia a bordo de la Enterprise, además de poner en serio riesgo a la nave.

A Kirk le toca bailar con la más fea. Las cualidades que las personas sensatas admiramos en Jim son despreciadas por la pandilla de jovenzuelos, que no respetan autoridad ninguna y bautizan al capitán como Herbert, nombre que en su particular argot corresponde al de un tirano. Kirk tampoco siente ninguna consideración por ese grupito de inconscientes, los ve como el incordio que en realidad son, y la única razón que le impide meterlos a todos en una celda es que uno de ellos es hijo de un embajador alienígena, que está negociando un delicado tratado con la Federación.

El líder del grupo no es precisamente un jovencito, sino un hombre de mediana edad que ejerce una autoridad casi mesiánica sobre los hippies galácticos. El tiburoniano doctor Sevrin es un eminente científico, que abominó de la ciencia y la tecnología al descubrir que es portador de un mal surgido a la sombra de las sociedades tecnificadas, el Sintococus Novae. No lo padece, posiblemente nunca desarrolle la enfermedad, pero puede contagiársela a los demás, como descubre un preocupado Bones. Más tarde Spock hará otro descubrimiento aún más inquietante: Sevrin está mentalmente desequilibrado.

A Spock siempre le ha fascinado conocer otras formas de pensamiento, de modo que se esfuerza por entender la peculiar filosofía de Sevrin y su grupo. No comparte todas las aspiraciones y deseos de esa pandilla, pero llega a simpatizar con su idealismo. Admite que el modo de vida de las sociedades tecnológicamente avanzadas puede no satisfacer a todo el mundo, por lo que comprende el deseo de Sevrin y los suyos de encontrar su particular Edén; o sea, un hogar a su medida. Al fin y al cabo, por su mestizaje también él sabe lo que es sentirse extraño en su propio mundo. No sorprende, por tanto, que estos hippies hagan buenas migas con el vulcaniano. Con el que mejor se compenetra el primer oficial es con el marchoso Adam, al que le une el gusto por la música. Spock también convencerá al capitán para que, con la ayuda de los ordenadores de la nave y el auxilio de Chekov, le permita buscar el mítico planeta Edén, al que desean trasladarse Sevrin y sus seguidores.

Chekov, por su parte, encuentra en el grupo de inadaptados a Irina, una chica con la que mantuvo una relación en el pasado, que concluyó cuando ella decidió abandonar la Academia de la Flota Estelar. Seguramente fue el primer amor de Pavel, y ya se sabe que eso nunca se olvida. En realidad, todavía sienten algo el uno por el otro, pero también hay varios detalles que los separan. Él piensa que ella, a pesar de su excelente formación científica, siempre ha sido demasiado indisciplinada y orgullosa. Ella, por su parte, cree que él es ordenancista y rígido, defectos muy denostados tanto por los hippies del siglo XX como por los del XXIII. A lo largo del episodio llegaran a entenderse y aceptar la filosofía de vida del otro. Pero también comprenderán que esas filosofías tan distintas los mantendrán separados, por lo que al final se despiden como buenos amigos.

Las hordas jipis invadiendo la Enterprise
Las hordas jipis invadiendo la Enterprise

Decididos a encontrar el planeta Edén, los hippies se las arreglan para liberar a Sevrin, que ha sido incomunicado en una celda, y para apoderarse de la nave con la involuntaria ayuda de Chekov, hábilmente manipulado por Irina. Alcanzan su objetivo, pero el Edén, a pesar de su idílico aspecto, no es tal, sino un mundo potencialmente hostil a la vida humanoide, que provoca las muertes de Adam y Sevrin. Al final, los supervivientes siguen su camino, dispuestos a encontrar su verdadero Edén o, como Spock le sugiere a Irina, a crear uno.

Aquí descubrimos una nueva faceta del doctor McCoy, mi personaje preferido de TOS. Bones es famoso por su desconfianza hacia la tecnología, de la que en su opinión depende demasiado la humanidad. Pero está muy alejado del extremismo absurdo y patológico de Sevrin, que aspira a regresar a una especie de simpleza primitiva. Al contrario que Sevrin, que abomina de la mecanización, McCoy aboga por un uso inteligente de las máquinas, supeditándolas siempre a las necesidades humanas.

En el borrador del guión aparecía Joanna McCoy, hija de Bones, que debería formar parte del grupo de hippies, lo que sin duda hubiera dotado de más interés al capítulo al presentar un memorable enfrentamiento padre/hija, pero la idea se desestimó. El personaje de Joanna aparecía en la guía para los escritores de la serie, redactada por Gene Roddenberry, del que se decía que era estudiante de enfermería, que no se llevaba demasiado bien con su progenitor, y que de vez en cuando recibía una carta de éste para recordarle su existencia. En la reelaboración del guión primigenio se decidió sustituir a Joanna por Irina, para conferirle más protagonismo a Chekov.

Los efectos especiales, tan pobretones como siempre, pero bastante efectivos. La nave Aurora es, en realidad, la maqueta de una nave del episodio LA TELARAÑA THOLIANA, que se repintó y a la que se añadieron un par de barquillas factoriales. En la remasterización del capítulo, tanto este navío como la Enterprise se generaron mediante infografías, en un estilo similar al de la serie amateur para internet The News Voyages / Phase II. Lo mismo se hizo con el paisaje del planeta Edén.

Skip Homeier ya había aparecido en TOS en POR MEDIO DE LA FUERZA, interpretando el papel de Melakon. A Phyllis Douglas la vimos en Galileo siete como la asistente Mears. Uhura debía estar de permiso, pues su puesto lo ocupa la muy competente y hermosa teniente Palmer, interpretada por Elizabeth Rogers, a la que conocimos en el mismo papel en LA MÁQUINA DEL DÍA DEL JUICIO FINAL.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.278 palabras) Créditos