BEYOND WHITE SPACE
BEYOND WHITE SPACE EE. UU., 2018
Título original: Beyond White Space
Dirección: Ken Locsmandi
Guión: Ryan Colucci, Clay McLeod Chapman
Producción: Ryan Colucci, James Devoti, Mark B. Newbauer
Música: Nima Fakhrara, Navid Hejazi
Fotografía: Tom Clancey
Duración: 93 min.
IMDb:
Reparto: Holt McCallany (Richard Bentley); Zulay Henao (Lynn Navarro); Dave Sheridan (Stubniski); James Devoti (Owen Bentley); Jocko Sims (Harpo); Kodi Kitchen (Batali); Mike Genovese (Hawthorne); Tiffany Brouwer (Ragsland); Sebastian A. Jones (Capitán Pirata); Isaac C. Singleton Jr. (Pirata); Spencer Hill (Capitán Bentley);

Reedición espacial de MOBY DICK, que si bien empieza de forma consistente, acaba por convertirse en un deslavazado espectáculo.

Que BEYOND WHITE SPACE adapte MOBY DICK supone toda una serie de concesiones que la galería deberá aceptar sin cuestionarse. Por lo pronto, que existan gigantescas criaturas que recorren el vacío del espacio alimentándose de... no se sabe muy bien que. Pero eso no debería ser un problema para el aficionado a la ciencia-ficción que con tal de que le ofrezcan su ración de aventuras espaciales es bastante indulgente con ese tipo de cuestiones.

También suele ser indulgente con los tópicos, como la tripulación de la Essex, una colección de estereotipos que van desde el ligón incansable hasta el viejo lobo de mar de vuelta de todo, además de sociópatas siempre al borde del borde psicótico. En general todos muy reconocibles y previsibles. Igualmente, tenemos una pandilla de piratas espaciales, que no termina de estar claro que pintan en el argumento, aparte de ofrecer alguna que otra secuencia espectacular y comportarse como malotes... de película.

La película empieza con un flahsback en el que el padre de Richard Bentley (Holt McCallany) muere durante la caza de uno de esos leviatanes. Cinco lustros después el propio Bentley se busca la vida negociando con personajes poco recomendables, y debe escabullirse en medio de una redada. Es un episodio aparentemente sin importancia, ya que la Essex tarda unos meses en partir, antes de hacerlo se le asignado una escolta, Lynn Navarro (Zulay Henao), que tiene su propia agenda oculta.

A partir de ese momento se suceden las peripecias de la tripulación pescando cangrejos espaciales, dando esquinazo a los piratas y, sobre todo, yendo a la caza del Ti-An-Long, Teng-Long según la tripulación, el dragón tradicional chino que custodia las puertas del cielo, con el que nuestro leviatán cósmico tiene un interesante parecido.

Pese a un arranque es prometedor y que durante algo más de quince minutos se mantiene una cierta coherencia, la película va naufragando poco a poco. El papel de Navarro en la nave, pese a su plan original, no tiene el menor sentido, la incursión de los piratas es forzada y apenas se justifica, las relaciones entre la tripulación, ya de por si viciadas, acaban por convertirse en una pesadilla, y para colmo ALIEN entra por la ventana para darle más emoción al asunto.

Y por supuesto, cuando Teng-Long hace su aparición Bentley deja aparte cualquier otra consideración y se lanza a la caza del demonio estelar.

Es una lástima porque el equipo encabezado por Ken Locsmandi se esfuerza por conseguir un producto decente, y así queda demostrado en decorados y efectos especiales, a los que no hay nada que objetar. El trabajo de los actores es voluntarioso, sin embargo, no parece haber un excesivo convencimiento y se nota en la actitud un tanto despegada para con sus personajes.

El problema parece obvio, es el guión. Pese a contar con un argumento principal en el que centrarse, esto es, la caza del Teng-Long, Ryan Colucci, y Clay McLeod Chapman pierden el tiempo con los problemas de Navarro, los piratas y el émulo de Alien. Lógico pues, que en general la película carezca de fuerza, y cuestiones que deberían haberse introducido de forma gradual tengan que resolverse abruptamente.

BEYOND WHITE SPACE es más que aceptable como pasarratos. Al cabo se trata de una Serie B cuidada, pero no va más allá de eso, y no pasará a los anales del cine del género.

© Francisco José Súñer Iglesias, (586 palabras) Créditos