EL JUGUETE MÁS PRECIADO
EL JUGUETE MÁS PRECIADO EE. UU., 1990
Título original: Star Trek TNG: The Most Toys
Dirección: Timothy Bond
Guión: Shari Goodhartz
Producción: Ira Steven Behr
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 51 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Levar Burton (La Forge); Gates McFadden ( Dra. Crusher); Michael Dorn (Worf); Wil Wheaton (Wesley Crusher); Colm Meaney (O´Brien); Saul Rubinek (Kivas Fajo); Nehemiah Persoff (Palor Toff); Jane Daly (Varria)
Temporada: 3, Episodio: 22, Emitido:

Sinopsis

Fecha estelar 43872.2. Data es dado por muerto, cuando la lanzadera que pilota explota a consecuencia del hytritium inestable que transportaba. Mientras sus compañeros de la Enterprise lloran su pérdida, Data se encuentra prisionero a bordo de la nave del comerciante Kivas Fajo, un individuo que colecciona objetos únicos y que ansiaba tenerle entre sus posesiones. Mientras tanto, en la Enterprise acaban descubriendo que Fajo contaminó un planeta para venderles a los federales el hytritium, y así organizar la farsa de la destrucción del androide y apoderarse del mismo.

Data explicándole a Kivas que él NO es un objeto
Data explicándole a Kivas que él NO es un objeto

Shari Goodhartz era fan de Star Trek desde los siete años, cuando vio por primera vez a la tripulación clásica de TOS. Cuando creció, esta muchachita se hizo escritora y, con el estreno de TNG, se propuso colaborar en la serie. No lo tuvo nada fácil, porque ofreció a Michael Piller veintiséis guiones que fueron rechazados por el productor. Pero Goodhartz no se dio por vencida y por fin, al vigesimoséptimo intento, dio en el blanco. Como es habitual en todas las series Trek, Shari tuvo que alterar algo su texto, pero la esencia de la historia, un Data capturado por un coleccionista de rarezas, se mantuvo. El resultado fue uno de los grandes episodios de la tercera temporada y otra magnífica interpretación de Brent Spiner.

Si en LA MEDIDA DE UN HOMBRE, de la temporada anterior, Data luchó por demostrar su condición de criatura sensible frente a la Federación, que pretendía tratarle como una propiedad, aquí tendrá que hacer frente a los desvaríos de un hombre que sólo ve en él a una maravillosa y sorprendente pieza de museo.

En principio el episodio iba a ser bastante más oscuro, pues llegaron a rodarse escenas en las que Fajo se complacía en someter a Data a todo tipo de humillaciones, con el fin de borrar todo rastro de humanidad que pudiera haber en él. Fajo incluso llegaba al extremo de reducir al androide a la condición de juguete sexual. Piller cortó varias escenas por demasiado crudas, y otras por razones de metraje. De todos modos, el Kivas Fajo del canadiense Saul Rubinek resulta odioso y despreciable a partes iguales, aunque no alcance la categoría de otros memorables villanos Trek.

El papel de Fajo iba a ser interpretado por el actor enano David Rappaport, quien de hecho rodó algunas escenas, creando un personaje intensamente malvado. Pero cierto día Rappaport, posiblemente víctima de una depresión, trató de suicidarse, lo que obligó a Piller a retirarle de la producción. Rubinek le sustituyó, dándole su propia impronta a Fajo, que pasó de ser un villano enfermo de maldad y con ciertos indicios de desequilibrio mental, a un individuo perverso y encantado de serlo.

Piller quería dotar de más morbo al personaje de Varria, que debía utilizar expresiones de doble sentido y muy subidas de tono, aunque ininteligibles para los pequeños de la casa. Pero al final, como no estaba claro cómo quedaría la cosa ni la reacción de la audiencia, se optó por suavizar sus diálogos.

En una conversación con Fajo, queda claro que Data está programado con al menos dos de las Tres Leyes de la Robótica enunciadas por Asimov, la primera y la tercera. Hemos de suponer, entonces, que la interacción entre ellas es lo que provoca que Data dude entre disparar contra Fajo con la misma arma que éste ha usado para asesinar a Varria. Esta fue, sin duda, la escena más difícil del episodio. ¿Qué debía hacer el androide? El desarmado Fajo no constituiría una amenaza para Data, así que lo lógico, con arreglo a las Leyes asimovianas, sería dejarlo con vida. Ahora bien, si Data le permitía vivir, era posible que más adelante Fajo matase a otra persona, para obligar al androide a obedecerle. La cuestión era peliaguda, pero la guionista no pudo decidir al respecto, porque, por expreso deseo de Piller, la reacción de Data se dejó a elección de Brent Spiner. Y Data disparó. ¿Por qué? Porque, como el mismo Spiner reconoció en varias ocasiones, Data sí tiene sentimientos, pero no lo sabe. Sin duda, el androide se siente muy herido por las humillaciones que Fajo le ha infligido, sabe que es un ser abyecto, sin ningún respeto por la vida, y colige que la eliminación del siniestro mercader sólo puede redundar en beneficio de la humanidad. Así que aprieta el gatillo..., y Fajo se libra de una bien merecida muerte, porque justo en ese mismo instante O´Brien procede a transportar al androide a la Enterprise, al tiempo que desactiva el arma que empuña. Fajo se salva así de una muerte cierta, pero le esperan largos años de reclusión y la pérdida de su apreciada colección, cuyas piezas serán devueltas a sus legítimos propietarios.

En EL JUGUETE MÁS PRECIADO se revela que, en realidad, Data es mucho más que un androide, porque opta por mentir, algo que se supone que por su condición no puede hacer. Cuando Riker le pregunta qué ha pasado, Data se limita a responder que algo debió ocurrir durante el transporte. Poco antes, O´Brien ha desactivado el disruptor que empuñaba y que estaba a punto de disparar, así que no es extraño que el primer oficial y el jefe de transportadores intercambien una mirada harto reveladora, dejando claro que ninguno de los dos se ha creído ni por un momento la excusa del androide. Luego, al final del episodio, cuando va a ver al encarcelado Fajo, nuestro admirado oficial científico pronuncia, con cierta ligera entonación de amargura, una frase capaz de poner los pelos como escarpias al más pintado: No siento placer, sólo soy un androide. ¿Por qué será que no acabo de creérmelo?

© Antonio Quintana Carrandi,
(853 palabras) Créditos