El mundo del río, 2
EL FABULOSO BARCO FLUVIAL
EL FABULOSO BARCO FLUVIAL Philip José Farmer
Título original: The fabulous riverboat
Año de publicación: 1971
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia Ficción nº 3
Traducción: Domingo Santos
Edición: 1983
Páginas: 293
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Antonio Santos

Si bien Philip José Farmer eligió para protagonizar A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS a Sir Richard Francis Burton, un hombre netamente combativo e inquieto, dispuesto a afrontar riesgos y peleas frisando lo temerario (y algo insensato, pero con la capacidad de reconocer luego el error), para centrar los esfuerzos de los distintos personajes aparecidos en estas páginas de la secuela de su vasto proyecto literario/saga El Mundo del Río escoge a un personaje antagónico del inglés, a Samuel Langhorne Clemens, alias Mark Twain.

Han pasado veinte años desde aquél pavoroso día de la Resurrección, cuando todo credo o filosofía de mayor o menor calado sobre la vida postmortem se refutó. Durante estos años, los Resucitados han reconstruido la sociedad que disfrutaron en vida (terrestre), emulándola a modo, porque el colosal ensayo de sociología que supone el Valle del Mundo del Río, con su abigarrada amalgama de gentes de casi todos los tiempos no ha producido singulares cambios en la conducta o mentalidad de la gente. Concentrados en simulacros de países, perpetúan tradiciones y costumbres.

Para Clemens, un hombre cosido a puñaladas de remordimientos y terrores, dudas y recelos, la bendición de la Resurrección es una prolongación de los martirios del alma que en vida terrestre padeció. Reconoce que para clases oprimidas y malnutridas, enfermas, de tiempos anteriores al suyo (o su época, ¿para qué ir más lejos?), la comida gratis, la falta de dolencias, la vida sana al aire libre, un trabajo que se efectúa por placer, no por obligación, es un avance brutal. Pero, a él, que preferiría seguir en la oscuridad de la Muerte donde, al menos, tal tiniebla tiene el valor de no hacerle sentir, sufrir, pensar, recordar, flagelarle con remordimientos, ¡qué putada le parece!

Los Éticos, los misteriosos entes que les han Resucitado, podrían estar cargados de buenas intenciones al efectuar este extraño milagro (la psicología de Clemens le impide verlo así sin chorrearlo de vitriolo), pero él con gran gusto renuncia a esta merced.

Y Farmer trata de explorar esta faceta del premio de la Resurrección en la Humanidad a través de diversas opiniones de Clemens. Induce a especular sobre el suicida, que, abrumado por un piélago de circunstancias, externas o de ánimo, piensa que en la sombra sin razón ni memoria de la muerte hallará paz. Merece reflexión qué empuja a alguien a tomar esta drástica decisión. Sobre el suicidio se habla mucho, se escribe, se relativiza y hasta el suicida es una figura semicómica con la que rellenar ciertos chistes. Pero pensemos, pensemos, un instante en él, qué increíble presión le somete, cómo han debido irle las cosas para que encuentre esta salida como lo mejor de su vida.

Nuestra Sociedad se honra (jactancia, más bien, preñada de cínica e hipócrita malignidad) de ser Bondadosa y Equitativa, de Ayudar a quien lo necesite. Su más alto valor es considerar el colmo de la excelencia con la palabra humano. Sin embargo, ¿cuántos casos se dan a conocer que la conducta despótica, despiadada y deliberada de un grupo ha motivado un suicidio? Los agresores no eran alienígenas: eran humanos.

La Raza Humana es una filfa cósmica armada de numerosas artimañas para convencerse (más que persuadir a eventuales observadores estelares) de que es la cumbre del top ten de los más mejores. Con cítrico acento, Clemens refiere parte de esto en sus observaciones y palabras contenidas en la novela, en qué imperdonable falta de respeto cometen los Éticos ignorando esta petición de absoluto olvido.

Que, sucintamente, trata del sueño de hierro del humorista, acompañado por el entrañable Joe Miller, un titántropo, un gigante de gran probóscide y fuerza desmesurada, que pertenece a una supuesta raza prehumana, el mejor amigo que Clemens pudiera desear tener escoltándole en un mundo que continúa aferrado a sus viejas costumbres de matar cuanto vive, quemar cuanto está quieto, violar si es posible.

Decidido a alcanzar las Fuentes del Río y abofetear a los misteriosos Éticos, Clemens sueña con construir un barco de paletas, como los de su Missouri natal, y ascender Río arriba para expresar su malestar. Tiene la intensa certidumbre de que es capaz de hallar hierro en un mundo pobrísimo en metales. Y su fe es recompensada: X, el Ético renegado, desvía un meteorito que proveerá de minerales a Clemens.

Pero los Éticos son humanos (más o menos) y afectan nuestros fallos; el meteorito cae en una zona que pronto se plagará de conflictos, y los minerales indispensables van a parar a la tierra de un acérrimo e hipócrita racista negro, Hawking, que a cambio de sus valiosos metales exige cada vez más cosas (y algunas extravagantes, o imposibles de conceder) al estado que, junto al insidioso y traicionero rey Juan Sin Tierra, Clemens ha constituido: Parolando.

Parolando viene a ser un fortín de libertades en medio de la turbulencia tribal/feudal de los países vecinos, creados por antiguos líderes que encontraban óptima esa forma de gobernar, y que no cesan de crearles problemas.

EL FABULOSO BARCO FLUVIAL es un relato intenso de aventuras que no descuida tanto las especulaciones filosóficas como tampoco el muestrario histórico de personalidades; en él, además de ilustrar al lector sobre quién fue cuándo, o cómo de rápidamente se adapta a la revolución industrial que fabrica Parolando, Farmer aprovecha también la figura de Hawking para evidenciar las extensiones del racismo.

Si bien algunas alegaciones del líder negro son innegables, en una situación en que el mundo ha empezado de nuevo, los centros de poder han basculado lo suficiente, los prejuicios de muchos están devastados, o nunca existieron, Hawking encarna la figura de algo que nuestra actual Sociedad, tan bondadosa, humanitaria, equilibrada, se niega a ver: que, entre las minorías, existen xenófobos tanto o más virulentos que los que siempre se señalan. Clemens le hace este reproche a Hawking (aunque no a la cara, o de forma directa), que enseguida contraataca con el tú, ¡más!, siendo Hawking alguien que, pese a todo, reconoce que está comportándose como aquéllos que tanto odia.

Pero el viejo estímulo es demasiado fuerte y está profundamente arraigado en la carne como para deshacerse de él con facilidad. Y Hawking prefiere pegar antes que recibir.

EL FABULOSO BARCO FLUVIAL concluye (no reventaré el final para quienes, in albis, deseen zambullirse en sus páginas) de forma dramática, premisa que obliga a adquirir el siguiente ejemplar de la saga, para ver cuánto más nos acercamos a los misterios del Mundo del Río, de qué forma, y si aún falta mucho para su resolución.

© Antonio Santos, (1.081 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 26 de julio de 2011