¿NO HAY EN VERDAD BELLEZA?
¿NO HAY EN VERDAD BELLEZA? EE. UU., 1968
Título original: Star Trek TOS: Is There In Truth No Beauty?
Dirección: Ralph Senensky
Guión: Jean Lisette Aroeste
Producción: Gene Roddenberry y Fred Freiberger
Música: Alexander Courage y George Duning
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 51 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); George Takei (Sulu); Walter Koenig (Chekov); Diana Muldaur (Dra. Miranda Jones); David Frankham (Lawrence Marvick)
Temporada: 3, Episodio: 05

Sinopsis

Fecha estelar 5630.7. La Enterprise transporta a Kolos, embajador perteneciente a una raza, los medeusan, cuya sola visión provoca la locura en los humanos. Con él viaja la doctora Miranda Jones, humana educada en Vulcano y poseedora de habilidades telepáticas, que se convertirá en la voz de Kolos mediante una fusión mental. El acompañante de Kolos y Miranda, el científico Marvick, ama a la doctora y siente unos celos terribles hacia el medeusan y lo que parece significar para la mujer. Marvick, desquiciado, intenta asesinar a Kolos, pero al verlo enloquece y manipula los controles de la Enterprise, enviándola hacia una zona remota e inexplorada del cosmos.

Kirk de cenita con Miranda

Este episodio es la segunda aparición en la serie clásica de la bella y capaz actriz Diana Muldaur, una intérprete muy apreciada por los trekkies de La Vieja Guardia, entre los que me cuento, y que, sin embargo, no conseguiría conectar con el público en la segunda temporada de TNG, donde encarnó a la doctora Pulaski. Sólo por eso, ¿NO HAY EN VERDAD BELLEZA? puede ser considerado un capítulo interesante. Pero es que, además, el espléndido guión de Jean Lisette Aroeste explora en profundidad el tema de las capacidades telepáticas de algunas razas de Star Trek. La telepatía, que en principio podríamos considerar como un don, también encierra sus peligros. La doctora Miranda Jones posee tales habilidades, pero, dada su naturaleza humana, apenas podía controlarlas, lo que ponía en grave peligro su cordura. Para evitarlo, fue educada desde niña entre vulcanianos. Debido a ello, Miranda se comporta más como una vulcaniana que como una humana, resultando bastante fría y distante, no obstante lo cual logra establecer una buena relación con Kirk y los demás.

Lo que en principio parecía una misión rutinaria para la tripulación de la Enterprise, se convierte en una peligrosa aventura a causa del proceder de Marvick, que siente un amor obsesivo por Miranda. La mujer, como puede esperarse de cualquiera educado desde la niñez por los vulcanianos, sólo vive para su trabajo, que es convertirse en la voz de Kolos mediante una fusión mental. Marvick alimenta unos celos monstruosos hacia Kolos, al que considera responsable de que Miranda no le haga caso, de modo que planea asesinar al embajador medeusan. Pero las cosas no salen como él esperaba y, al ver a Kolos directamente, enloquece y envía a la nave a una remotísima y desconocida región del cosmos, de la que sólo el embajador alien puede sacarla. Ahora bien, para lograr esto es preciso que Spock se fusione mentalmente con el medeusan. Como es evidente que la doctora Jones es muy posesiva en lo que se refiere al embajador, Kirk se ofrece a distraer a Miranda mientras Spock realiza la fusión mental. La mujer descubre las intenciones del vulcaniano y se dispone a impedir que las lleve a cabo. Mantiene una relación tan estrecha con Kolos, que cree que ella y sólo ella está capacitada para fusionarse mentalmente con el medeusan, aunque en su fuero interno sabe que no es así, que un vulcaniano auténtico, aunque sea medio humano como Spock, está mejor preparado para ello. Debe ser el primer oficial científico quien fusione su mente con la del embajador, pues el objetivo es aunar los conocimientos de ambos para sacar a la nave del atolladero. Miranda insiste machaconamente, alegando que posee una memoria privilegiada y que puede aprender a pilotar una nave estelar en poco tiempo. Pero entonces interviene McCoy, revelando que está incapacitada para ello sencillamente porque es ciega. Esa es la razón por la que puede estar en presencia de los medeusan sin volverse loca: porque no puede verlos. A regañadientes, Miranda accede a que Spock lleve a cabo la fusión mental.

El momento de la fusión de mentes entre Spock y Kolos, cuando ambos son uno sólo en la práctica, es uno de los más hermosos y emotivos del episodio. El medeusan valora la amistad que Spock siente hacia Kirk y Bones y se lo hace saber a ambos. Admira la belleza de Uhura, a la que compara con la hermosura de la noche. Luego, cuando ve por primera vez a Miranda con los ojos de Spock, no puede evitar describirla recurriendo a los versos de Shakespeare, que forman parte del vastísimo bagaje cultural del vulcaniano. Sin embargo, aunque se muestra alegre por todas las cosas nuevas que está conociendo, Kolos no puede evitar sentir pena porque los humanoides estén, en cierto modo, prisioneros en sus propios cuerpos. Los medeusan carecen de limitaciones físicas, son seres de energía pura, que pueden comunicarse telepáticamente, por lo que Kolos se entristece al comprobar lo aislados que están los humanoides.

El episodio ofrece una inteligente reflexión sobre la telepatía a través del personaje de Miranda Jones, uno de los roles femeninos más notables de toda TOS. Miranda es una mujer hermosísima y dotada de gran inteligencia, que sin embargo ha nacido con una deficiencia física: la ceguera. Como si hubiese querido compensarla por esto, la naturaleza la ha dotado de habilidades telepáticas insólitas en un humano. Ahora bien, este tipo de capacidades, de las que disfrutan los vulcanianos, no son ninguna ganga. Un telépata que no fuese capaz de controlarlas enloquecería, porque a su mente llegarían, en caótica mezcolanza y sin ninguna clase de filtro, los pensamientos de todas las personas que se encontraran próximas a él. De ahí que Miranda tuviera que abandonar la Tierra y pasar su vida en Vulcano, único lugar donde podía aprender a controlar su mente. Criada entre vulcanianos, la muchacha se impregnó también de la peculiar filosofía de ese pueblo, que rinde culto al respeto a la diversidad, el bienestar de la mayoría por encima del de un solo individuo, el rechazo del egoísmo y la violencia, y la aplicación de la lógica más absoluta a todas las facetas de la existencia. Pero, a pesar de su educación, y de que trata de comportarse como si realmente fuera vulcaniana, Miranda no deja de ser humana, así que siente envidia de las habilidades telepáticas de Spock, sensiblemente superiores a las suyas. Además, no ha superado todavía el dolor y la frustración que experimenta cuando alguien muestra compasión por su ceguera, lo que le impide poder fusionar su mente satisfactoriamente con la del medeusan. Es por eso que reacciona violentamente cuando Kolos accede a la fusión mental con Spock. Y por eso mismo no puede ofrecer a Spock, que ha visto accidentalmente a Kolos, la ayuda que necesita para superar la locura.

Sin embargo, Miranda posee lo necesario para alcanzar ese estado de perfección que lleva persiguiendo toda su vida, y tan sólo necesita enfrentarse a sus miedos, encontrándose a sí misma. Y aquí entra en escena nuestro admirado capitán. Dispuesto a salvar la vida de su amigo, Jim obliga a Miranda a reaccionar, consiguiendo que se vea a sí misma tal y como es, que acepte lo que ha negado hasta entonces y, sobre todo, que renuncie a la humana mezquindad que queda en su interior. La intervención de Kirk es proverbial, pues gracias a él Miranda se sobrepone a sus propios temores, supera sus humanas flaquezas, logra que afloren a la superficie sus verdaderas potencialidades y no sólo consigue ayudar a Spock a recuperar la cordura, sino que además encuentra la fuerza para llevar a cabo la fusión mental con Kolos, que lleva intentando desde mucho tiempo atrás.

Si exceptuamos a Uhura, Sulu y Chekov, que simplemente están ahí, el resto del elenco ofreció unas interpretaciones modélicas, bastante más matizadas de lo habitual. El capitán se nos aparece más relajado y sonriente que en cualquier otro capítulo, aunque en algún momento también podemos verle muy serio y preocupado, tenso y hasta desesperado. McCoy, como el resto de protagonistas masculinos, se siente fascinado por la belleza y la personalidad de Miranda, pero en ningún momento deja de ser el gran profesional que es y advierte enseguida los síntomas de su ceguera. Scott está encantado con la presencia a bordo no sólo de la hermosa Miranda, sino de Larry Marvick, que fue miembro del equipo que diseñó los motores de su amada Enterprise. Pero el que más destaca, para no variar, es Leonard Nimoy. En este episodio, el habitualmente frío e inexpresivo vulcaniano, fusión mental de por medio, pasa de reír a llorar en cuestión de minutos, a recitar versos de Shakespeare inspirado por una bella mujer, y a ofrecernos una breve pero entrañable sucesión de maravillosas sonrisas.

El vestuario de Miranda Jones es sencillo y elegante a un tiempo. Destaca la idea de esa especie de velo que lleva sobre sus ropas, y que es, en realidad, una compleja red de sensores que le permiten desenvolverse casi tan bien como si pudiera ver. El elaborado peinado que luce realza aún más la serena belleza de Diana Muldaur.

Como estamos ya en la tercera temporada, apenas hay en el episodio novedades técnicas. La acción transcurre en la nave y los pocos efectos especiales son sobrios pero convincentes. Sin embargo, hay algunas tomas de cámara muy originales, como la que muestra el puente de mando visto desde la puerta del ascensor, o las de los corredores vacíos desde diversos ángulos. Para presentar la escena desde el punto de vista de alguien atacado por la locura, se recurrió al empleo del objetivo deformado, comúnmente llamado de ojo de pez, un truco al que ya se había recurrido en episodios anteriores.

En la escena de la cena, todos los oficiales lucen el uniforme de gala de TOS, pero Scotty, por primera vez en la serie, sólo lleva la guerrera, sustituyendo los pantalones por el típico kilt escocés.

La zona desconocida del espacio a la cual es desplazada la Enterprise se parece a la barrera de energía, que se supone marca los límites de nuestra galaxia, y que ya habíamos visto en Un lugar jamás visitado por el hombre y Con cualquier otro nombre. Este efecto, como resulta obvio, está mejor logrado en la última edición remasterizada del episodio.

TOS caminaba hacia su cancelación, como un condenado a muerte hacia el cadalso, por culpa de los estultos ejecutivos de la Paramount. Pero, a pesar de las limitaciones presupuestarias y de todo tipo a las que tuvo que hacer frente, la serie original todavía era capaz de ofrecer historias memorables como la de ¿NO HAY EN VERDAD BELLEZA? Que la disfrutéis.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.723 palabras) Créditos