LA MANZANA
LA MANZANA EE. UU., 1967
Título original: Star Trek TOS: The Apple
Dirección: Joseph Pevney
Guión: Max Ehrlich y Gene L. Coon
Producción: Gene Roddenberry y Gene L. Coon
Música: Alexander Courage y Gerald Fried
Fotografía: Jerry Finnerman
Duración: 50 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); Walter Koenig (Chekov); Jay Jones (Alférez Mallory); Dick Dial (Oficial Kaplan); Mal Friedman (Oficial Hendorf); Jerry Daniels (Oficial Marple); Keith Andes (Akuta); David Soul (Makora); Shari Nims (Sayana); Celeste Yarnall (Asistente Martha Landon); John Winston (Teniente Kyle).
Temporada: 2, Episodio: 05

Sinopsis

Fecha estelar 3715.3. Kirk dirige un equipo de misión que explora el planeta Gamma Trianguli VI. Uno de sus hombres muere por las espinas de una planta, y, cuando Kirk ordena el regreso a la nave, no pueden transportarse, ya que la Enterprise tiene problemas energéticos. Como no les queda otra opción, los federales siguen explorando, contactando al poco con una civilización humanoide sub-desarrollada, que vive según los mandatos de un tal Vaal, al que consideran un dios. Vaal resulta ser un sofisticado ordenador que controla el planeta. Para poder regresar a su nave, y también para sacar a esa civilización de su estancamiento, Kirk debe destruir a Vaal.

La feligresía acudiendo al Ángelus

Este capítulo, a pesar de una pejiguera argumental que mencionaré luego, es muy interesante porque combina la historia de un ordenador que controla a una población humanoide con un trasfondo bíblico-religioso, conceptos que, por separado, serían utilizados en la serie en algunas ocasiones.

El pueblo al que llamaremos vaalita se nos presenta, en principio, como una comunidad sencilla e idílica, que parece vivir en perfecta armonía con la naturaleza. Sin embargo, Kirk y sus compañeros no tardan en descubrir que está dominado por una especie de dios, al que llaman Vaal, que le garantiza algo así como la eterna juventud a cambio de que lo alimenten. Los vaalitas, por tanto, viven exclusivamente para cumplir los designios de Vaal y son incapaces de decidir nada por sí mismos, llevando una existencia armoniosa pero monótona.

Nuestros héroes descubren que el tal Vaal es, en realidad, un sofisticado ordenador creado hace miles de años por una civilización presumiblemente extinguida. Esta sofisticada máquina, además de controlar hasta el clima del planeta, pone en serios apuros a la Enterprise, por lo que se impone neutralizarla. Esta es la prioridad de Kirk y a ella dedica todos sus esfuerzos. En cuanto a Bones y Spock, mantienen una discusión filosófica sobre la forma de vida de ese pueblo. McCoy se muestra indignado por lo que considera estancamiento, opinión que comparte el capitán, que piensa que el hombre debe vivir en armonía con la naturaleza, pero que parte de ella consiste en evolucionar sin impedimentos. De acuerdo con esta idea, Vaal impide que los vaalitas puedan evolucionar libremente y eso justifica su destrucción. Por su parte, Spock, ateniéndose exclusivamente a su lógica vulcaniana, no se plantea cuestiones morales de ningún tipo, considerando que la sociedad vaalita es, a su modo, perfecta, pues no sufre de falta de alimentos, enfermedad, superpoblación o cualquier otro problema de los que acucian a otras sociedades. Sin embargo, cuando empujados por Vaal los vaalitas aprenden a matar, Spock no tendrá más remedio que admitir que el control que ese ordenador ejerce sobre los humanoides de Gamma Triangulis VI puede ser muy peligroso.

En este episodio se otorgó algo de protagonismo al más joven de los oficiales del puente. Chekov bebe los vientos por la contramaestre Martha Landon y a ella no le resulta indiferente el interés del alférez ruso. Vaal ha hecho prácticamente inmortales a los vaalitas, que desconocen las relaciones físico-afectivas, y, de hecho, las tienen prohibidas por su dios. Pero cuando Makora y Sayana ven los arrumacos y carantoñas que intercambian Pavel y Martha, todo lo que les han enseñado se desmorona, despiertan a la vida e, inconscientemente, se plantean otros objetivos en la existencia, aparte de servir a Vaal. Makora y Sayana descubren el amor, y es a partir de ese momento cuando los vaalitas empiezan a cuestionar a su dios, reparando en que no son más que marionetas que Vaal mueve a su antojo. Esta circunstancia será aprovechada por Kirk, cuyas sugerencias son vistas de otra manera por los humanoides. Al final, los vaalitas aceptan, con una mezcla de alegría y curiosidad, pero también con cierta inquietud, los cambios propiciados por los extranjeros que han destruido a Vaal.

Aunque a Roddenberry no le atraían mucho los temas religiosos, en este caso el argumento se relaciona con el Génesis bíblico. En la clásica escena final a bordo de la nave, Spock habla del paralelismo entre lo que ha ocurrido en Gamma Triangulis VI y la historia de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso Terrenal, después de haber comido la manzana del árbol prohibido. El vulcaniano dice que, en cierto modo, ellos han desempeñado en ese planeta un papel muy semejante al del diablo, lo que le da ocasión a Kirk para gastar una broma al primer oficial a cuenta de sus puntiagudas orejas, que tanto lo asemejan a la representación iconográfica de Satán.

La tripulación de la Enterprise saltándose, para variar, las directivas de la Federación.

La idea del ordenador que domina a una población humanoide ya es un clásico Trek, pero en este capítulo no está muy trabajada que digamos. El tal Vaal, representado como una cabeza de serpiente, exige de sus súbditos que lo alimenten. Uno esperaría que los indígenas se dedicaran a proporcionarle a su dios alguna clase de mineral energético. Pero no, le llevan simplemente frutas, algo absurdo se mire como se mire.

LA MANZANA da la impresión de ser un episodio barato, pero, para los niveles presupuestarios de TOS, resultó bastante caro. La mayor parte del dinero se invirtió en la compra de plantas exóticas, con las que se creó en el estudio la intrincada jungla vaalita en la que se desarrolla la acción.

Es destacable el personaje del contramaestre Martha Landon, que además de enamorar a Chekov y dejar en evidencia a los oficiales de mando con sus sensatas observaciones, se defiende muy bien en la lucha cuerpo a cuerpo. Es de agradecer que, al menos por una vez, se nos muestre que las mujeres de la Flota Estelar valen para algo más que servir café o cumplir simples tareas burocráticas.

Obviando la tontería del ordenador que consume masa orgánica, LA MANZANA es un capítulo de calidad media, aunque bastante inferior a otros muchos de la segunda temporada, a mi juicio la mejor de toda la producción.

© Antonio Quintana Carrandi, (985 palabras) Créditos