LA MARCA DE GIDEON
LA MARCA DE GIDEON EE. UU., 1968
Título original: Star Trek TOS: The Mark Of Gideon
Dirección: Jud Taylor
Guión: George F. Slavin y Stanley Adams
Producción: Gene Roddenberry y Fred Freiberger
Música: Alexander Courage y Fred Steiner
Fotografía: Al Francis
Duración: 51 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); Nichelle Nichols (Uhura); James Doohan (Scott); George Takei (Sulu); Walter Koenig (Chekov); Sharon Acker (Odona); David Hurst (Hodin); Gene Dynarski (Krodak); Richard Deer (Almirante Fiztgerald).
Temporada: 3, Episodio: 16

Sinopsis

Fecha estelar 5423.4. El planeta Gideon desea entrar a formar parte de la Federación, pero sus dirigentes sólo aceptan la presencia de Kirk para ultimar las negociaciones. Kirk se transporta a la sala del Consejo de Gideon, pero, presumiblemente por un fallo del transportador, desaparece. El capitán ha sido transportado por los gideonitas a una réplica exacta de la Enterprise. Estos seres, cuya peculiar naturaleza les impide morir, pretenden utilizar al capitán, portador de una rarísima enfermedad, para contaminar a su gente y provocar una gran mortandad, que les librará de los males que acarrea la superpoblación.

Kirk esperando que no le conviertan en obleas verdes
Kirk esperando que no le conviertan en obleas verdes

La superpoblación, la explosión demográfica incontrolada, es uno de los problemas más acuciantes a los que deberá hacer frente la humanidad en este siglo. Los recursos del planeta son limitados, y si no tomamos medidas a tiempo el futuro será muy negro. Star Trek, siempre en vanguardia a la hora de plantear temas complejos y controvertidos, ya expuso este problema en 1968, en el magnífico episodio que nos ocupa.

Los gideonitas son unos humanoides interesados, al parecer, en entrar en la UFP, y la Enterprise tiene como misión negociar con ellos. Sin embargo, lo único que los gideonistas quieren de la Federación es al capitán Kirk, al que ven como la tabla de salvación de su especie. Y es que estos seres están dotados de una singularidad que, sin duda, envidiarían otras razas: sus tejidos tienen una gran capacidad regeneradora, que incluso les permite recuperar cualquier órgano o parte de su cuerpo dañado, extremidades incluidas. Debido a ello son tremendamente resistentes a enfermedades y accidentes, por lo que su tasa de mortalidad es muy baja. En realidad, pueden vivir dos siglos terrestres, y las pocas muertes que se producen en Gideon se deben a la vejez. Como además son extraordinariamente prolíficos, su mundo se asemeja a un inmenso hormiguero, en el que apenas hay sitio ya para alguien más. Dadas sus peculiaridades físicas, apenas tienen opciones para remediar el problema, salvo una: Jim Kirk padeció en su juventud una extrañísima y letal enfermedad, de la que milagrosamente se salvó. Esa dolencia es, por su rareza, la única que podría afectar a los gideonitas. Por lo tanto, el Consejo de gobierno de Gideon, encabezado por el Canciller Hodin, urde un plan para capturar al capitán y que les proporcione los microbios causantes de esa enfermedad presentes en su sangre, contra los que él ya está inmunizado, pero que podrían causar una pandemia entre los gideonitas.

Al principio Kirk cree que se encuentra en su nave, que, por alguna razón que no acierta a comprender, está completamente vacía. Al poco aparece la hermosa Odona, una muchacha que se sorprende y maravilla del espacio disponible en la Enterprise. La misión de la muchacha es doble: por una parte, espera contagiarse con la enfermedad de la que es portador Kirk; por otra, tiene que seducir al capitán, para que acepte de buen grado quedarse en Gideon y servir como reserva de microorganismos letales. Nuestro admirado capitán le sigue el juego a Odona, porque todavía no sabe de qué va la cosa. Pero pronto descubre que, aunque idéntica a la Enterprise en todo, aquella no es su nave, sino una réplica. Además, por un fallo de los gideonitas, a través de uno de los miradores exteriores, que debería mostrar el espacio cuajado de estrellas, el capitán ve durante unos segundos una compacta masa humana. Poco después aparece el líder del Consejo gideonita, que también es el padre de Odona. Hodin pone a Kirk al tanto de la situación. Al principio Jim no puede dar crédito a lo que oye, pero pronto comprende que Hodin dice la verdad. En Gideon las tasas de natalidad y mortandad están descompensadas, de modo que la primera no deja de aumentar, mientras la segunda cada vez disminuye más. Resultado: explosión demográfica sin freno. Cuando Kirk pregunta por qué no han recurrido a la esterilización, Hodin responde que esa no es una alternativa válida para ellos, porque sus órganos se regeneran solos y con gran rapidez. Sólo tienen una opción: recurrir a los anticuerpos de aquella siniestra dolencia que estuvo a punto de matar a Kirk. Pero el capitán no está dispuesto a renunciar a su libertad y servir de banco de anticuerpos para abastecer a esa gente. Además, le molesta mucho que Hodin haya utilizado a su propia hija para intentar convencerlo y, por otra parte, le parece repugnante que el líder del Consejo gideonita emplee a Odona para contagiar al resto de gideonitas la enfermedad. Como siempre, nuestro nunca suficientemente valorado Jim Kirk logra dar con una solución al problema de Gideon, con la inestimable ayuda de Spock.

En este episodio queda claro que los burócratas y los diplomáticos pueden hartar con sus absurdas maniobras hasta a un equilibrado y lógico vulcaniano. Spock debe bregar no sólo con el cargante Hodin, sino también con un almirante de la Flota Estelar que, más que como un militar de carrera, se comporta como un patético funcionario. El primer oficial, cansado de tanta monserga diplomática, y dispuesto a encontrar al capitán, decide desobedecer una orden directa de la Flota. Puesto que ha comprobado que los gideonistas les han mentido en relación con las coordenadas de la sala del Consejo, se transporta al lugar dónde se supone que iba el capitán, descubriendo la asombrosa réplica de la Enterprise y localizando muy pronto a su superior. Kirk tiene que aceptar a regañadientes la verdad de lo que le ha contado Hodin, pero no piensa permitir que la dulce Odona muera, así que la transporta a la Enterprise real, donde McCoy consigue revertir el proceso infeccioso y curarla. De todas formas, ahora es ella la portadora de los anticuerpos que pueden dar un respiro a su pueblo. Evidentemente, la chica se ha enamorado de Jim, pues le dice que, por muy poblado que esté Gideon, siempre habrá sitio para uno más. Pero, como el capitán le dijo a Bones en uno de los primeros episodios de la serie: Ya hay una mujer en mi vida y se llama Enterprise.

El episodio es notable por el asunto que trata, pero, como resulta obvio, tiene sus incongruencias. Si se supone que los gideonitas tienen un nivel tecnológico equivalente al de la Federación, ¿por qué, simplemente, no envían sus excedentes de población a otros mundos de clase M? ¿Es que no poseen colonias en otros planetas? Si la superpoblación es tan acuciante, si como dice Odona apenas hay sitio ya para nadie y las personas nunca pueden estar solas, ¿cómo han obtenido el espacio para construir una réplica de la Enterprise? La Flota Estelar, por su naturaleza militar, guarda celosamente los secretos de sus naves, así que ¿cómo es que los gideonitas han podido copiar al detalle la nave insignia de la Flota, dónde han conseguido los planos? Conociendo la existencia de la UFP, lo más lógico hubiera sido que las autoridades de Gideon pidieran ayuda a ésta, solicitando, por ejemplo, un envío de plasma contaminado. Luego hay otras cuestiones menores, que tampoco son explicadas satisfactoriamente en el capítulo. ¿Cómo es posible que un genio como Spock tarde tanto en percatarse de las diferencias entre las coordenadas de transportación? Ahora bien, lo que canta que da gusto es cierta parte de la secuencia de la sala del Consejo. Kirk le pregunta a Hodin si conocen la existencia de ciertos artefactos que previenen la concepción. Está claro que se refiere a los preservativos. Pues bien, Hodin responde que los gideonitas creen que las cosas son como son y que no hay que poner impedimentos a la naturaleza. Como resulta evidente, tal respuesta se incluyó para tranquilizar la conciencia de la mayormente puritana audiencia estadounidense de la época. Semejante postura entra en contradicción con la intención de los gideonitas de arreglar el problema demográfico con una eutanasia masiva, pues si esa gente rechaza el uso de preservativos por las razones que esgrime Hodin, también debería rechazar la idea de provocar una pandemia que matara a una parte sustancial de la población, porque eso también sería interferir con los designios de la naturaleza, ¿no?

A pesar de los fallos del guión, estamos ante uno de los mejores episodios de la tercera temporada, que planteaba un problema que empezaba a preocupar a las mentes más lúcidas y desprejuiciadas de la época. El tema de la superpoblación sería tratado desde una óptica más siniestra en la estupenda CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE (SOYLENT GREEN, Richard Fleischer, 1973), basada en una novela de Harry Harrison. Pero esa es otra historia.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.424 palabras) Créditos