12 TO THE MOON
12 TO THE MOON EE. UU., 1960
Título original: 12 To The Moon
Dirección: David Bradley
Guión: DeWitt Bodeen, David Bradley
Producción: Fred Gebhardt
Música: Michael Andersen
Fotografía: John Alton
Duración: 74 min.
IMDb:
Reparto: Ken Clark (Capitán John Anderson); Michi Kobi (Dr. Hideko Murata); Tom Conway (Dr. Feodor Orloff); Anthony Dexter (Dr. Luis Vargas); John Wengraf (Dr. Erich Heinrich); Robert Montgomery Jr. (Roddy Murdock); Phillip Baird (Dr. William Rochester); Richard Weber (Dr. David Ruskin); Muzaffer Tema (Dr. Selim Hamid); Roger Til (Dr. Etienne Martel); Cory Devlin (Dr. Asmara Markonen); Anna-Lisa (Dr. Sigrid Bomark); Francis X. Bushman (Secretario General de la International Space Order)
Comentarios de: Dixon Acosta

De vez en cuando uno tiene la oportunidad de ver películas malas y una que otra pésima que nunca recomendaría, pero hoy deseo hacer una destacable excepción, pues me refiero a una muy mala película de ciencia-ficción que deseo recomendar al amable lector si puede verla, así parezca contradictorio. Se trata de 12 TO THE MOON (12 A LA LUNA, 1960), uno de los filmes que en la ficción se adelantó a la gran proeza lograda por la tripulación del Apolo 11 de llegar por primera vez a la Luna, que ha cumplido el 50 aniversario este año.

La película fue filmada en apenas ocho días con escaso presupuesto, lo que quizás explica algunos de sus errores y la pobreza de sus decorados, que resultaban menos espectaculares que incluso los utilizados en la clásica pionera del genial Georges Méliès. Hay muchos errores, como sombras del personal técnico que se adivinan en el paisaje lunar, o equipo como micrófonos visibles, pensar que un despegue se puede realizar en un día con niebla pesada, coordenadas absurdas y otros diversos tipos de gazapos.

Cuando la tripulación aluniza y comienza su recorrido, no hay rastro de la ausencia de gravedad, pues los movimientos son normales, hay cráteres de volcanes con humo saliendo en abundancia, pero quizás lo peor es ver los cascos de los astronautas sin visor o visera, pues se aprecia el hueco vacío y el espectador debe apelar a la imaginación para suponer que algo protege el rostro de los expedicionarios, así como observar aditamentos como los guantes de cuero negro, cual motoristas.

Ahora bien, los astronautas encuentran que la Luna es habitada por una civilización que vive en una ciudad subterránea (o mejor, sublunar), integrada por seres con poderes telepáticos, quienes consideran que los terrícolas son una especie inmadura y peligrosa, por lo cual nunca se les presentan, desconociendo su fisonomía, aunque retienen a una pareja de la tripulación, pues les parece interesante estudiar a los humanos, así como exigen que dos gatos que se transportaban en el cohete se les entreguen. Es decir, mucho antes de ALIEN ya hubo un gato, de hecho dos, maullando en el cosmos.

Estos selenitas invisibles, se comunican con una serie de figuras, similares a jeroglíficos que son descifrados por la tripulante de origen japonés, a pesar que expertos en lenguas y escritura, han comentado que aquellos símbolos no tienen nada que ver con los tres sistemas de escritura de esa cultura asiática.

La Luna se muestra como un lugar definitivamente hostil para el visitante, hay lluvia de meteoritos todo el tiempo, que parece más bien un bombardeo y se encuentran arenas movedizas, que incluso absorben a uno de los astronautas. Definitivamente no parece un sitio, como para promover el turismo espacial y menos mal la NASA, no se fijó en estos detalles, pues serían suficientes para cancelar cualquier misión lunar que se proyectara.

Sin embargo, hay un detalle que no es menor, y este es el que motiva la recomendación al lector-espectador, es la primera película de ciencia-ficción estadounidense (hay otra alemana de la misma época) que muestra una tripulación multirracial, internacional y con participación de mujeres científicas, lo que resulta en diversos sentidos toda una revolución para su época. Se adelantó sin duda a la legendaria serie Star Trek (Viaje a las Estrellas), reconocida por su aporte en contra de los prejuicios de raza, género y nacionalidad, en una época tan agitada por estos temas.

El filme dirigido por David Bradley y basado en una historia de Fred Gebhardt, presenta una organización llamada Orden Espacial Internacional (ISO por sus siglas en inglés), una especie de Naciones Unidas para el espacio, conformada por todos los países y con un Secretario General, quien es el encargado de agradecer en nombre de la humanidad a los tripulantes el logro de llegar a la Luna. El cohete tiene una característica destacable es unitario y no se separa en etapas y módulos como el real Saturno V, pero tiene una coincidencia destacable se llama Lunar Eagle 1, se recordará que el módulo que aterrizó en la Luna en 1969 correspondía al nombre de Eagle.

El Secretario General de ISO, hace una declaración fundamental, el motivo de la expedición es científico y busca prevenir las reclamaciones de soberanía que pudieran hacer naciones de manera unilateral para explotar los recursos minerales del satélite, pues uno de los descubrimientos de los astronautas es abundancia de oro en la Luna.

En conclusión, aunque la realización de la película fuera tan pobre, de todas formas, el argumento que la inspiró deja interesantes avances e indirectamente se hace preguntas necesarias sobre la Luna, esa compañera permanente que nos hace desde suspirar hasta delirar por completo.

© Dixon Acosta, (784 palabras) Créditos
En Twitter aúllo a la Luna como @dixonmedellin.