EL LIBRO DE JOAN
EL LIBRO DE JOAN Lidia Yuknavitch
Título original: The Book of Joan
Año de publicación: 2017
Editorial: Alpha Deccay
Colección: Héroes modernos, nº 108
Traducción: Albert Fuentes
Edición: 2018
Páginas: 320
ISBN:
Precio: 24 EUR
Comentarios de: Luis del Barrio

Hay un episodio de Los Simpson en el que se parodian las enciclopedias poniendo a Homer como imagen ilustrativa de distintas definiciones, que van cambiando según nuestro zoquete favorito se hunde en su habitual espiral de calamidades. EL LIBRO DE JOAN podría servir perfectamente para el caso definiendo la palabra pastiche. Son tantos los lugares comunes que acumula que, sin dudar de la competencia a la hora de redactar de Lidia Yuknavitch (y el no menos notable trabajo de Albert Fuentes a la hora de traducir) si tengo que hacerlo de la amplitud de sus lecturas, y los temas que conoce, que a la vista del argumento deben ser muy limitados.

Todo parte del hecho de que la Tierra está arrasada a causa de la avaricia humana, que ha convertido el planeta en un yermo inhabitable. Los pocos supervivientes se han refugiado en una estación espacial donde las condiciones extremas les han convertido en una especie de nosferatus estelares. No es que se chupen la sangre los unos a los otros, aunque casi, es que tienen ese aspecto enfermizo. En la estación, que se llama CIEL, reina un régimen dictatorial férreamente dirigido por un despótico Jean de Men. A ella, se opone Christine, que para hacer de rabiar a Jean se hace pirograbados en la piel relatando la historia de Joan de Dirt, la ecoterrorista que se atrevió a luchar contra la tiranía y gracias a la cual la Tierra está como está.

Todo esto está muy visto, demasiado. Aburre. Por muy bien escrito y estructurado que esté. ¿De verdad los autores no pueden explorar otros caminos que no tengan que pasar por el madmaxismo? Porque estamos ante otra madmaxada (y eso que Miller tampoco inventó nada) igualmente extrema, gore y llena de tópicos y giros argumentales con la mera intención de pasmar al lector sin que realmente aporten nada sustancial.

Eso me hace pensar muy mal del nivel de lectura de estos autores. Desde mi ingenuidad creo que el hecho de recorrer una y otra vez el mismo camino es un recurso facilón. Supongo que venderá, porque si no hace tiempo que se habría dejado de insistir en el Apocalipsis ambiental y los supervivientes concentrados alrededor de tiranos implacables, pero deja claro que el nivel de autoexigencia de la autora es mínimo. ¿Para qué idear escenarios nuevos cuando ya existe un camino bien asfaltado? Si bien hay que reconocer que con esto se ahorran la mitad del trabajo, cuando lo que realmente pretenden es exponer sus fobias, filias y obsesiones.

Por otro lado, el escenario se me ha hecho raro. Yuknavitch pinta unos supervivientes degenerados pero a la vez poseedores de una tecnología sobresaliente, casi mágica. Pero solo en algunos aspectos, en los que su relato se refuerza gracias a ello, sin embargo, cuando no le interesa, la tecnología y la ciencia se quedan a niveles del paleolítico.

En cuanto a la estructura de la novela se divide en dos líneas narrativas, la propia de Christine en lucha contra Jean de Men y el relato que hace Christine de las aventuras de Joan de Dirt. A mi se me ha hecho más llevadera esta segunda, quizá porque la historia de Joan de Dirt está más pegada al suelo, se desarrolla en la Tierra pre-devastación, mientras que las tribulaciones de Christine es más etérea, además del detalle que ya he mencionado respecto a ciencia y tecnología, que no termina de casar con el tono poético, y diría que pomposo, con el que la autora desarrolla la narración.

Hay otros detalles desconcertantes, ¿cómo puede estar una civilización en la que el sexo no significa nada tan obsesionada con el sexo? O la sugerencia de que para sanar al planeta lo mejor es destruir a sus habitantes. O ese empeño en practicar la eutanasia cuando realmente no es necesario, total, el retal de humanidad que queda está condenado a la extinción. O la tendencia a largar grandes frases en cada página.

En lo que a mi respecta, no es un libro que me llevaría a una isla desierta.

© Luis del Barrio, (677 palabras) Créditos