UNA CAUSA NOBLE
UNA CAUSA NOBLE EE. UU., 1990
Título original: Star Trek TNG: The High Ground
Dirección: Gabrielle Beaumont
Guión: Melinda M. Snodgrass
Producción: Ira Steven Behr
Música: Jerry Goldsmith y Ron Jones
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 46 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (LaForge); Michael Dorn (Worf); Will Wheaton (Wesley); Kerrie Keane (Alexana Devos); Richard Cox (Kyril Finn); Marc Buckland (Katik Shaw); Christopher Pettiet (Niño Ansata)
Temporada: 3, Episodio: 12

Sinopsis

Fecha estelar 43510.7. La Enterprise lleva a cabo una misión humanitaria en Rutia V, cuando la doctora Crusher es secuestrada por los terroristas ansata. Éstos necesitan desesperadamente un médico, pues el sistema de transportación que utilizan, si bien es indetectable por las autoridades, les está matando lentamente. A través de su relación con Finn, el líder terrorista, Beverly llegará a comprender, en cierto modo, la causa por la que dicen luchar sus secuestradores. Mientras tanto, Picard contacta con las autoridades rutianas, en un desesperado intento por rescatar a la doctora.

Doc Crusher ante los efectos de un atentado
Doc Crusher ante los efectos de un atentado

Episodio muy polémico, Una causa noble nos habla del terrorismo. Star Trek siempre se ha caracterizado por intentar dar una visión justa y lo más imparcial posible de los temas que trata. Pero este capítulo levantó ampollas, lo que no resulta extraño porque los atentados terroristas han costado miles de vidas humanas en todo el mundo, y cualquier intento por justificar, aunque sea mínimamente, tales hechos, choca con la sensibilidad de la inmensa mayoría de las personas.

El guión de Melinda Snodgrass, una de las primeras en tratar en TNG temas de trascendencia política y social, intenta hallar un equilibrio, realizar un ejercicio de comprensión de ambas partes en conflicto. Algunos han calificado el tratamiento que dio Snodgrass a un asunto tan peliagudo de valiente. La verdad es que, analizando la historia con frialdad, sólo puede concluirse que la corrección política que planea sobre todo el guión lastra considerablemente el resultado final. Lo fácil, lo progre, es concluir que probablemente ni las autoridades ni los terroristas tengan razón, que ambos son, en cierto modo, culpables de la exacerbación de la violencia. Semejante postura es común en las personas aquejadas de PAI (Progresitis Aguda Irreversible), entre las que, para nuestra eterna desgracia, figuran no pocos politiquillos de medio pelo, que tratan de excusar lo que simplemente es un comportamiento criminal.

Es cierto que en muy contadas ocasiones, por ejemplo el caso de la Irlanda dominada por Gran Bretaña, las injusticias y la opresión empujaron a muchos a emprender el camino de la violencia. Pero también lo es que las justas y nobles aspiraciones de los fundadores del primitivo IRA pronto se corrompieron, convirtiendo lo que en principio fue creado como un ejército revolucionario, que buscaba la independencia de Irlanda de la corona británica, en una banda de asesinos, para los que la violencia ya no era un medio para conseguir un fin, sino un fin en sí misma y su forma de vida. Esto ha ocurrido con todos los terrorismos basados en premisas históricas más o menos justificables. Pero otras organizaciones terroristas nacieron de los delirios nacionalistas de un puñado de peligrosísimos orates, caso de la ETA o Terra Lliure en España, o de la pasión irracional por absurdas utopías marxistoides, caso de las Brigadas Rojas en Italia, la Baader-Meinhoff en Alemania y el GRAPO en nuestro país. Ha habido terrorismo de extrema derecha, no hay más que recordar el salvajismo del KKK y otras organizaciones supremacistas blancas en Estados Unidos, o las agresiones a minorías étnicas o inmigrantes en Europa, perpetradas por cabezas rapadas neonazis y otros sujetos de idéntico pelaje. Pero la violencia organizada, al menos hasta la aparición del terrorismo de carácter religioso fundamentalista, curiosamente sólo de origen islamista, como Al Qaeda o el autodenominado Estado Islámico, fue durante muchísimo tiempo patrimonio de la extrema izquierda. Y los miembros de esas organizaciones ejercieron a menudo de tontos útiles, de carne de cañón, de agitadores de ramas para que otros, generalmente justificadores de la violencia pero nunca dispuestos a ejercerla personalmente, por lo que pudiera pasar, recogieran las nueces, por así decirlo. Esto fue lo que intentó hacer durante décadas la extinta URSS, y lo que, con mejor o peor fortuna, han hecho durante mucho tiempo personajillos de la política más abyecta, que hoy parecen gozar de una vergonzosa y execrable respetabilidad.

Visto lo anterior, cualquier intento de encontrar razones para justificar la violencia terrorista, el asesinato premeditado y a sangre fría de inocentes, me resulta imposible de asumir. Por eso UNA CAUSA NOBLE, a pesar de estar considerado como uno de los grandes capítulos de TNG, me parece un episodio en gran parte fallido.

Es posible que la visión personal de Snodgrass se deba a que, en 1990, Estados Unidos no había sufrido todavía la violencia terrorista en su propia casa, o a la innegable simpatía que, por lo menos una parte considerable de la sociedad estadounidense, siente por la causa irlandesa. Pero estoy convencido de que un episodio como este habría sido muy distinto de haberse rodado después del 11 de septiembre de 2001. No podemos saber cómo habría tratado entonces Snodgrass el asunto, pero algo me dice que la pátina de corrección política que ensucia UNA CAUSA NOBLE brillaría por su ausencia.

Finn poniendo cara de bueno. El muy cabr*n.
Finn poniendo cara de bueno. El muy cabr*n.

En el episodio, como dije antes, se trata de equilibrar posturas, presentando a Alexana Devos, la directora de Seguridad que lucha contra el terrorismo, y a Kyril Finn, el líder terrorista, como iguales y opuestos al mismo tiempo. Se supone que los dos son firmes y sinceros en sus convicciones, y que sienten, a la vez, simpatía y rechazo por lo que hacen. Para tratar de equipararlos aún más, se deja entrever que ambos tienen argumentos sólidos para justificar sus respectivas posturas: Devos presenció cómo explotaba un autobús lleno de niños, y el hijo de Finn falleció en oscuras circunstancias, se supone que asesinado por la policía. Snodgrass, en un intento por conseguir una mayor identificación de los espectadores americanos, muchos de ellos de ascendencia irlandesa, con los ansata, los pintó como si fuesen irlandeses. De hecho, Finn es un apellido netamente irlandés. Y para tratar de hacer a este personaje un poco más simpático, le confirió habilidades artísticas. Es cierto que hace gala de cierta simpatía, a la que no es ajeno su atractivo físico. Pero acaba revelándose como lo que es: un asesino despiadado.

Alexana Devos, por el contrario, es un personaje que inspira comprensión desde el principio. Veterana de la lucha contra los terroristas, ha visto demasiadas muertes sin sentido a lo largo de los años. Como le confiesa a Riker, lo que realmente quiere es que todo termine y poder ir por la calle sin escolta. También es una persona de principios, que, al contrario que sus antecesores en el cargo y el mismo Finn, respeta unos elevados valores éticos. Representa el sacrificio y la valentía de los que han luchado y luchan contra el terrorismo, lo que despierta la admiración del primer oficial de la Enterprise y del espectador sensato.

La situación que se plantea en el capítulo es compleja. Rutia IV no pertenece a la Federación, pero mantiene relaciones diplomáticas con esta. La UFP sólo proporciona lo que llamaríamos ayuda humanitaria a los rutianos, principalmente en forma de suministros médicos. No hay nada moralmente reprochable en ello, pero Finn, fanático y sectario como todos los terroristas, no lo ve así. Lo considera como una intromisión de los federales en favor del gobierno rutiano, de forma que planea el secuestro de la doctora Crusher para lograr dos fines: encontrar una cura para el mal que aqueja a su gente, y obligar a la Federación a implicarse abiertamente en el conflicto.

La doctora Crusher es víctima del llamado Síndrome de Estocolmo, y en determinados momentos parece entender las motivaciones de Finn, aunque queda claro que no aprueba sus métodos. Luego, cuando los terroristas atacan la Enterprise, llevándose prisionero a Picard, Beverly intentará justificar a Finn ante su superior, pero el capitán la pone en su sitio, recordándole que los hombres de Finn estuvieron a punto de matar a su hijo y la clase de individuo que es. Al final, a la doctora no le queda otro remedio que admitir que JeanLuc está en lo cierto, aunque lamente la muerte de aquel hombre que, según ella, debería dibujar en vez de matar.

El argumento del episodio ha suscitado toda clase de comentarios entre los fans, algunos simplemente estúpidos. Así, por ejemplo, alguien sostuvo que Picard, tan comedido y propenso al diálogo en otros capítulos, en este se mostró un tanto irracional, porque, siendo el representante de la Federación en el sector, se negó a mediar entre el gobierno y los ansata. Para apuntalar tal argumentación, hubo quien sacó a relucir los episodios FUERTE COMO UN SUSURRO y EL FACTOR VENGANZA, en los que la Federación medió entre las partes en conflicto para alcanzar la paz. Es cierto que los gatheres de EL FACTOR VENGANZA llegan a destruir un puesto avanzado de la Federación, pero los Solari de FUERTE COMO UN SUSURRO no muestran ninguna animosidad hacia la UFP. Por otra parte, los gatheres, a pesar de su condición de saqueadores nómadas, se avienen a negociar. Finn, por el contrario, quiere imponer sus condiciones sí o sí, y no tiene ningún reparo en quitar de en medio a quien sea para conseguirlo. Chorgan, el líder gather, busca la paz y está dispuesto a ceder. Finn, más civilizado y simpático en apariencia, es absolutamente intransigente.

UNA CAUSA NOBLE no dejó indiferente a nadie, dividiendo a la audiencia estadounidense. Es sin duda una de las mejores historias protagonizadas por la doctora Crusher, pero no el hito Trek que algunos ingenuos pretendieron que era. La emisión del episodio en Gran Bretaña provocó reacciones airadas de una gran parte de los espectadores. En España, con nuestra dolorosa experiencia terrorista, tampoco podemos tomarnos a la ligera o con pretensiones filosóficas un tema semejante. Disquisiciones ideológicas aparte, no se debe olvidar jamás, por mucho que algunos deleznables integrantes de la cosa pública insistan en pasar página, que todavía quedan más de trescientos asesinatos por resolver, y que a día de hoy muchos cómplices y encubridores de los asesinos terroristas están en las instituciones y hasta controlan Ayuntamientos, gracias a la dejadez de los que en teoría deberían velar por el Estado de Derecho, y a la apatía de una sociedad inculta y aborregada, hábilmente pastoreada por la bajuna clase política.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.666 palabras) Créditos