EL RETORNO DE LOS INCAS
EL RETORNO DE LOS INCAS Pedro Felipe Cortázar
Título original: ---
Año de publicación: 1993
Editorial: Documental Editores
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 1993
Páginas: 128
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Daniel Salvo

Parece ser que los seres humanos no pueden dejar de soñar con la utopía, con eso que puede llamarse un mundo mejor. Las personas comunes solemos creer que ese mundo mejor llegará en el futuro, sobre todo, en nuestro futuro. Ya sea gracias al progreso tecnológico o la materialización de una ideología, el porvenir tendrá que ser por fuerza mejor que el pasado.

Justamente, la narrativa republicana se inició con una novela que hoy calificaríamos de ciencia-ficción, titulada LIMA DE AQUÍ A CIEN AÑOS, de J. M. del Portillo, publicada por entregas en el diario El Comercio a partir de 1843. El Perú de 1943 era una república pacífica, próspera y carente de corrupción.

Parte de la acción transcurre en el Cusco, nueva sede de un restaurado imperio incaico —con Inca y todo— que ha construido una pirámide de tres kilómetros de altura. La novela, publicada nuevamente en la revista Ajos & Zafiros número siete, nos demuestra que ya desde entonces existía la noción del retorno del pasado incaico, supuestamente idílico, como condición necesaria para un futuro feliz en el Perú. En la novela de Portillo, en el fondo, los conflictos entre peruanos no han sido resueltos, puesto que cada quien ocupa su espacio. No hay una república unida, después de todo.

En cambio, en la novela de Pedro Felipe Cortázar (Lima, 1925-...), el retorno del Imperio Incaico supone una restauración total y extendida del mismo en todo el territorio, acogiendo también a los descendientes de europeos, asiáticos y africanos (egipcios incluidos).

A grandes rasgos, la trama podría resumirse en lo siguiente: después de la caída del Tahuantinsuyo, algunos amautas habrían logrado conservar en secreto la sabiduría de los antiguos y gran parte de la riqueza que hizo famoso al Perú. Estas elites planean restaurar el Imperio Inca ico, para lo cual cuentan además con la participación voluntaria de los últimos descendientes en línea directa de Catalina Huanca —la mítica cacica que murió sin revelar dónde había ocultado sus inmensas riquezas— y de Cristóbal Paullu Inka. ¿Quién fue este personaje? Pues el último hijo de Huayna Cápac, hermano de Huáscar, Atahualpa y Manco Inca. Según la historia, tras la muerte de Atahualpa, los españoles nombraron a Manco Inca como soberano del Tahuantinsuyo, quien posteriormente se rebelaría contra los españoles. Fue sucedido por su hijo Túpac Amaru I, quien fuera capturado en 1572, acabando así la época de la resistencia más o menos organizada contra los españoles. En cambio, Cristóbal Paullu Inca será el gran colaborador de los españoles en contra de su hermano y de los indígenas andinos, adquiriendo por ello un título de nobleza español. Su descendiente es un periodista llamado Alejandro Roca, cuyo nombre secreto es Alejo Kusirimachi Akostupa Inka II, quien conserva el secreto de la raza; la ubicación de los tesoros de sus regios antepasados. Está predestinado para convertirse en el Inca de un imperio restaurado, al igual que Catalina Huanca —la actual— está destinada a convertirse en su consorte, pese a lo cual, Alejandro le sacará la vuelta con una hermosa morena... Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Así planteada, la historia suena fascinante, aunque no sea necesariamente original (parece que hay más narraciones, poco conocidas, que tratan el tema de la restauración del incario). Lamentablemente, el autor no supo aprovecharla, dándole un desarrollo entre policíaco y aventurero que se frustra a cada rato. En todos los capítulos, salvo el final, los personajes enuncian extensos parlamentos sobre los planes que van a ejecutar, para terminar por hacer cualquier otra cosa, completamente alejada del supuesto objetivo inicial, esto es, la restauración del incario. Eso sí, a ratos logra extrañas amalgamas, como puede ser la aparición de un ex criminal de guerra nazi, la inserción de Sendero Luminoso dentro del plan de restauración, un cherry para el restaurante La Granja Azul, los supuestos vínculos entre un diario de circulación nacional y un partido político de larga data, así como la presencia de periodistas de una conocida revista de actualidad política, cuyos nombres apenas han sido modificados para aparecer como personajes ficticios. En una visión final —consecuencia de la ingestión de alucinógenos—, podemos vislumbrar cómo sería un Imperio Incaico restaurado, sabiamente regido por Manco Inca II, o Alejandro Roca, y financiado por los ocultos tesoros incas: nombramiento de un Consejo de los Amautas (además del Consejo de Ministros, formado por técnicos calificados en las materias que más necesitaba el país), elegido por diez años y renovable por tercios. Las Cortes de Justicia (sic) y el Parlamento son disueltos. La paz está garantizada, incluso para los vecinos criollos y blancos de los barrios residenciales, parapetados en sus residencias temiendo un ataque de los habitantes de los barrios marginales. El Palacio de Gobierno es destruido, estableciéndose la ciudad del Cusco como nueva capital. En suma:

Antes de los diez años se logró restablecer la llamada utopía andina, la autarquía alimentaria, eliminándose la dependencia del exterior utilizando plantas y animales cuya domesticación había sido lograda por los preíncas e incas.

Lástima que solo sea una visión.

© Daniel Salvo, (837 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Velero 25 el 25 de junio de 2006