QUE ENTREN LOS CLONES
QUE ENTREN LOS CLONES EE. UU., 1989
Título original: Star Trek TNG: Up The Long Ladder
Dirección: Winrich Kolbe
Guión: Melinda Snodgrass
Producción: David Livingston y Robert L. McCullough
Música: Jerry Goldsmith y Ron Jones
Fotografía: Edward R. Brown
Duración: 46 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Levar Burton (LaForge); Marina Sirtis (Troi); Michael Dorn (Worf); Wil Wheaton (Wesley Crusher); Diana Muldaur (Dra. Pulaski); Colm Meaney (OŽBrien); Barrie Ingham (Danilo OŽDell); Rosalyn Landor (Brenna); Jon de Vries (Labriego)
Temporada: 2, Episodio: 18

Sinopsis

Fecha estelar 42823.2. En ruta hacia la base estelar 73, la Enterprise recibe una llamada de auxilio procedente del sector Ficus, donde desapareció, en el siglo XXII, el transporte colonial SS Mariposa. La Enterprise se dirige hacia la zona. Al llegar, Picard descubre que los colonos se han escindido en dos grupos muy diferentes: una comunidad rural, que quiere huir de un planeta afectado por perniciosas radiaciones solares, y otra muy avanzada tecnológicamente, que se ha visto obligada a recurrir a la clonación para evitar su extinción.

Bringloidi con víveres y enseres abordando la Enterprise
$Titulo$

Sin ser un episodio memorable, de esos que dejan un recuerdo imborrable en los aficionados, QUE ENTREN LOS CLONES es bastante entretenido, y contrapone inteligentemente las notables diferencias entre ambos grupos de colonizadores. Unos han renunciado a la técnica, decantándose por una existencia sencilla, basada en el apego a la tierra y unas normas de conducta tradicionales; otros han desarrollado una civilización avanzada, pero, debido a la escasez de variedad genética que padecen, al tratarse de un grupo relativamente pequeño de personas, han tenido que perpetuarse utilizando la clonación. Sin embargo, como muy pronto descubre la doctora Pulaski, están condenados a desaparecer, ya que cada nuevo clon tiene una especie de defecto, que se magnifica en las siguientes réplicas. Los clónicos, que se han acomodado a la situación y no quieren variar su modelo de sociedad, necesitan células nuevas para aumentar su diversidad genética, así que intentan convencer a los federales para que se las proporcionen. Al negarse éstos, y pese a los intentos de Katharine Pulaski por explicarles que ésa sólo sería una solución temporal, que ralentizaría el problema pero no lo resolvería, optan por inmovilizar a Riker y la doctora para extraerles células con las que copiar su ADN. Aunque la experiencia es borrada de sus cerebros por los clónicos, Pulaski descubre enseguida la fechoría, y, en unión del primer oficial, procede a destruir las réplicas que están desarrollando los clónicos a partir de sus células. Posteriormente, consiguen convencer a éstos de que su única posibilidad de sobrevivir es mezclándose con los rústicos bringloidi, sanos y robustos como robles.

El tono de comedia planea sobre buena parte del capítulo, sobre todo cuando entran en escena los bringloidi, que se transportan a la Enterprise con todos sus enseres domésticos y una legión de animales variados, para pasmo del pobre Miles OŽBrien. La historia adquiere algo de seriedad con los clónicos, abocados a la desaparición precisamente por las mismas prácticas que, tiempo atrás, los salvaron de perecer. Y es precisamente aquí donde falla un tanto el argumento. Según el mismo, al reproducirse por clonación, estas personas han renunciado al sexo, y sólo asumen su naturaleza carnal, y con cierta repugnancia, cuando admiten, por fin, que carecen del material genético suficiente para repoblar su mundo. Es decir, que aceptan el sexo como un mal menor, y sólo a efectos reproductivos. La actitud de estos seres, debida sin duda a la nefasta influencia de la muy pacata e hipócrita moral de una gran parte de la sociedad estadounidense, lastra muchísimo el episodio, al dar a entender que la única razón para el mantenimiento de relaciones sexuales es la perpetuación de la especie. Semejante idea choca frontalmente con la realidad, y, por otra parte, es absolutamente increíble que tal cosa pudiera ocurrir en el siglo XXIV. Pero ya se sabe que en este aspecto los norteamericanos son bastante mojigatos, no hay más que fijarse en la patética sociedad del capítulo JUSTICIA, de la primera temporada, supuestamente muy abierta y desinhibida.

Con un tratamiento más adulto y razonable de los problemas de los clónicos, QUE ENTREN LOS CLONES podría haber sido un episodio interesante. No obstante, sigue siendo una divertida historia de Star Trek. Disfrutadla.

© Antonio Quintana Carrandi, (621 palabras) Créditos