EL ÚLTIMO HORIZONTE DE LA NOCHE
EL ÚLTIMO HORIZONTE DE LA NOCHE Rodrigo Juri
Título original: ---
Año de publicación: 2019
Editorial: Amazon
Colección: Autoeditado
Traducción: ---
Edición: 2019
Páginas: 237
ASIN:
Precio: 4,45 EUR

Cuando se embarca a la humanidad en una guerra contra una raza alienígena suele ser porque ambas potencias se han encontrado en el punto justo en el que sus ambiciones expansionistas chocan, ya sea en igualdad de condiciones, ya sea porque unos u otros demuestran más músculo y ejercen de invasores

Pero lo que no es tan frecuente, es que la guerra sea por causas humanitarias. En efecto, en EL ÚLTIMO HORIZONTE DE LA NOCHE la Tierra ha dado cobijo a un nutrido grupo de mawam, una raza alienígena, que si bien dispone de la tecnología suficiente como para realizar viajes espaciales, resulta tener una organización social un tanto caótica. Pero son los anfitriones de los xenebos, que en un retorcido ejercicio de simbiosis los utilizan como recipientes. Huelga decir lo valiosos que son los mawam para los xenebos, de modo que estos se los reclaman a los terrestres que se niegan a entregarlos... y el desastre está servido.

Tras una catastrófica guerra, el Espacio de la Humanidad queda roto y disgregado, todavía sujeto al dominio xenebo que insiste en su empeño de encontrar a los mawan desaparecidos, hasta que, sorpresivamente, se repliegan sin dar mayor explicación. Es entonces cuando hábiles comerciantes como Viktor Vasilyevyck y su amante Sumalee Luang, veteranos de guerra como Joel Quizaro o líderes revolucionarios como Leonard Hiranandani, intentan reconstruir sus vidas y dar de nuevo a la humanidad un papel significativo entre las razas que, además de mawam y xenebos, han encontrado a lo largo de su expansión.

Se podría discutir si el argumento es original. Historias de soldados de vuelta de guerras imposibles, alienígenas inescrutables, inteligencias artificiales rumbosas, mercaderes con los escrúpulos justos y conspiraciones galácticas las hay a cientos, la cuestión es que la mezcla sea satisfactoria, y creo que en el caso de esta novela lo es. De hecho hace tiempo que el factor originalidad dejó de importarme, es más valioso el como que el que, y en ese sentido EL ÚLTIMO HORIZONTE DE LA NOCHE resulta bastante satisfactoria, aunque tenga algunos problemas señalables.

El estilo es limpio y depurado, si exceptuamos los chilenismos (Rodrigo Juri loes). Eso es difícil de evaluar en su justa medida porque Borges solo hubo uno, y todos los hispanohablantes arrastramos los tics propios de nuestro entorno a los que resulta muy difícil sustraerse. Pero no es algo especialmente preocupante, ciertos giros y expresiones no me suenan como debieran. Por ejemplo, en España a los celulares se les llama móviles, de hecho móvil sin contexto se entiende por extensión como teléfono móvil. Actualmente, en España, un uso distinto de la palabra móvil tiene que ser contextualizado procesado y asimilado. Sin embargo, Rodrigo utiliza móvil para designar los vectores humanos que usa Vasilyevyck para desplazarse por que él, misteriosamente, no puede desplazarse personalmente. Bien, en este caso más que un chilenismo se trata de un españolismo metido en la cabeza del lector que interfiere la lectura. Pero dura poco: contextualización, procesado y asimilado.

En lo que respecta a la estructura nunca me han gustado los saltos de la narración entre hilos y en el tiempo, y cuantos más años cumplo, menos me gustan. Es un recurso muy utilizado y que al parecer tiene su público, pero que a mi me desespera. He llegado a leerme novelas a saltos, siguiendo cronológicamente cada uno de los hilos hasta que han terminado por converger. Se me hace muy molesto seguir el curso de la narración y encontrarme con que se ha trasladado el foco a otro personaje en otras circunstancias veinte años atrás. Soy más de la línea clara franco-belga, no solo se refiere a un estilo (dibujo en ese caso) limpio y depurado, sino a una narrativa lineal y ordenada.

Los personajes están bien perfilados y tiene personalidad propia. Se puede echar en falta un poco más de cinismo en Joel, y explorar un poco más la psique de Sumalee, al cabo, el carrusel de amantes a la que la somete Viktor debe ser bastante estresante. En ese sentido, el apego por Joel es un tanto desconcertante, no deja de ser otro móvil de Viktor, a los que se supone de usar y tirar.

Alienígenas. Fascinantes. El universo es muy grande y lo que tiene que haber ahí fuera inimaginable (incluso el hecho de que NO haya nada) Por poner alguna objeción, la simbiosis mawam-xenebos resulta forzada.

Un punto importante es el tecnológico. Rodrigo Juri se ha tomado un buen trabajo para que el marco en el se desarrolla la novela sea coherente y no tenga inconsistencias importantes. De hecho, es posible seguir las pistas del marco galáctico y tecnológico en su propia web

No obstante, al tratarse solo la primera parte de las aventuras de Joel, Viktor y Sumalee, y no haber culminado el desarrollo de la historia, ésta queda evidentemente coja, no toma altura. También influye que el punto de vista de la narración sea de perfil bajo, los protagonistas, pese al interés que puedan tener para Hiranandani son, en un principio, actores secundarios en el marco convulso del Espacio de la Humanidad.

Dicho todo esto, esta primera parte de la novela es buena... y ¡mejor será cuando esté completa! y sepamos de la venganza de Viktor (porque la habrá, supongo), y de los planes de los xenebos.


Notas

Antes de continuar, quiero que el lector tenga presente que esta reseña es una reelaboración de dos textos que me pidió el propio Rodrigo, por un lado el informe de la lectura previa, en el que le señalé lo que a mi juicio eran defectos de la novela, y por otro un texto de contraportada de un tono más comercial. De ahí la irregularidad y frialdad del texto.

© Francisco José Súñer Iglesias, (954 palabras) Créditos