EL JUICIO DEL TAMBOR
EL JUICIO DEL TAMBOR EE. UU., 1991
Título original: Star Trek TNG: The Drumhead
Dirección: Jonathan Frakes
Guión: Jeri Taylor
Producción: David Livingston
Música: Jerry Goldsmith y Ron Jones
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 46 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (LaForge); Michael Dorn (Worf); Jean Simmons (Almirante retirada Norah Satie); Bruce French (Sabin); Spencer Garret (Simon Tarses); Henry Woronicz (J´Ddan); Earl Billings (Almirante Thomas Henry); Ann Shea (Nellen)
Temporada: 4, Episodio: 21

Sinopsis

Fecha estelar 44769.2. Una explosión en la cubierta de la cámara de dilitio de la Enterprise induce a temer que se deba a un sabotaje. El principal sospechoso es un oficial klingon de intercambio, que acaba admitiendo que realizó labores de espionaje, pero que niega ser responsable de la explosión. El Mando de la Flota encarga la investigación al almirante Satie, cuyo prestigio profesional y habilidad para llevar a buen término investigaciones semejantes están fuera de toda duda. Sin embargo, Satie se revela como una fanática, que a pesar de descubrirse que la explosión se debió a un accidente y no a un sabotaje, la emprende con un tripulante descendiente en parte de romulanos. Cuando Picard sale en defensa del tripulante, y del principio ético de la presunción de inocencia, Satie lo convierte en blanco de una verdadera caza de brujas.

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Los excesos de la Caza de Brujas, emprendida a partir de 1947 por el Comité de Actividades Antiamericanas del Senado estadounidense, dirigido por el nefasto, corrupto y alcohólico Joseph McCarty, pesan como una losa sobre la historia más o menos reciente de Estados Unidos. En la época de TOS todavía estaban frescos sus efectos y la opinión pública se hallaba muy dividida al respecto. Quizás por eso en la serie clásica no hubo ningún episodio que planteara cuestión tan delicada. Pero un cuarto de siglo después las cosas eran diferentes y Star Trek se atrevió, por fin, a hablar sobre un tema que sigue suscitando controversia en la sociedad americana.

Los productores llevaban tiempo deseando presentar una historia sobre la Caza de Brujas, pero no se atrevían con un argumento tan comprometido, pues temían que una gran parte de la audiencia de la serie rechazaría un episodio semejante, tanto por su trasfondo político como por su tratamiento. Sin embargo, a finales de la cuarta temporada los costes medios de cada capítulo de TNG aumentaban sin cesar, por lo que se decidió rodar un capítulo cuya acción se desarrollase en la nave, y para el que no fuera necesario elaborar costosos efectos especiales. Así nació EL JUICIO DEL TAMBOR.

El proyecto original no tenía nada que ver con lo que luego se hizo. La idea era montar un episodio con retazos de otros muchos y una mínima trama que los uniera, en la línea del muy decepcionante SOMBRAS DE TRISTEZA. Pero Piller y Berman recapacitaron, concluyendo que un refrito semejante sería como insultar a la cara a todos los trekkies, a la legión de seguidores de Star Trek que habían mostrado su disconformidad con el mencionado capítulo que cerró la segunda temporada. TOS había demostrado que era posible ofrecer buenas historias de ciencia-ficción con una inversión magra, y estimularon al equipo de TNG en ese sentido. Piller y Berman tuvieron que enfrentarse a los jefazos de la Paramount, que habían dado vía libre a un engendro como SOMBRAS DE TRISTEZA. Ambos productores lucharon denodadamente y, con mucho esfuerzo, lograron que su criterio fuese aceptado, aunque con bastantes reticencias. Su apuesta por un episodio modesto desde el punto de vista financiero, pero con una historia sólida, se saldó con uno de los triunfos más apoteósicos de Star Trek, porque EL JUICIO DEL TAMBOR fue uno de los capítulos más apreciados por la audiencia, y uno de los mejores relatos de personajes jamás presentados por TNG. Los espectadores quedaron más que satisfechos, la Paramount se ahorró más de un cuarto de millón de dólares y Star Trek alcanzó una de sus cimas argumentales. No se podía pedir más.

La sociedad estadounidense es tan compleja como variada. Es capaz, llevada por las circunstancias y hábilmente manipulada por personajes como McCarthy, de crear situaciones como la que denuncia el episodio. Pero, al mismo tiempo, posee la capacidad de analizar imparcialmente los resultados de su proceder, así como unas dosis de autocrítica que no nos vendrían nada mal en esta decadente y fatua Europa.

Picard y Satie representan las dos grandes corrientes del pensamiento americano, aunque, para ser justos, hay que matizar que la almirante pervierte los principios conservadores de una gran parte de la sociedad estadounidense en aras de un supuesto patriotismo; en este caso, de la lealtad a la Federación. Satie se queda sólo con la parte más negativa del ideario conservador, revelándose como una auténtica fanática, que no atiende a más razones que las suyas propias.

El capitán, por el contrario, se nos antoja un jeffersoniano puro, abierto de mente y racional, defensor de la tolerancia y de la ética a todos los niveles. Ambas personalidades chocan a partir del momento en que Satie, ignorando las evidencias presentadas por LaForge y Data, insiste en seguir acosando a Simon Tarses, el tripulante cuyo único delito es haber mentido a la hora de entrar en la Flota Estelar, al declarar que uno de sus abuelos era vulcaniano, cuando en realidad era romulano. Satie, ofuscada, se vuelve contra el capitán y le obliga a comparecer en una farsa de juicio, en la que se cuestiona su proceder al mando de la Enterprise. Pero Picard no se amilana, y, para defender su postura, cita las palabras de un magistrado que advirtió de los peligros que entraña dejarse llevar por el fanatismo, aunque en principio sea por una causa aparentemente noble. El magistrado citado por el capitán era el padre de Satie, la cual, dominada por la ira, barbota un montón de diatribas contra Picard, amenazándole con destruir su carrera y revelando a todos los presentes su verdadero talante. Por la boca muere el pez, suele decirse, y ese arrebato dialéctico es la mejor prueba del carácter y las intenciones de la pérfida almirante. El plano final de la secuencia, que muestra a una abatida Satie sentada en su silla mientras los demás abandonan la sala en silencio, es impresionante e implica una advertencia para todos aquellos que actúan como ella: dejarse llevar por el fanatismo y la irracionalidad puede conducir a una persona a la autodestrucción. En la vida real, a Joseph McCarthy le ocurrió algo muy parecido.

El tercero en discordia en este fascinante relato es Worf. Como jefe de seguridad de la nave, secunda a Satie y está dispuesto a investigar al pobre Simon Tarses hasta sus últimas consecuencias. En vano intenta Picard hacerle entrar en razón. Pero en el juicio, cuando el ayudante de Satie, el betazoide Sabin, arremete contra Picard, el leal klingon sale en defensa de su capitán. Entonces Sabin y Satie se revuelven contra Worf, acusándole de ser hijo de un traidor vendido a los romulanos. Más tarde, en el epílogo, el klingon se lamentará por haber creído en Satie y estar dispuesto a ayudarla. Pero Picard le señala que, aunque hay villanos que no ocultan su condición e incluso se enorgullecen de ella, también existen otros, mucho más peligrosos, que, como Satie, ocultan sus taimadas intenciones tras una fachada de aparente honorabilidad.

En EL JUICIO DEL TAMBOR no hay espectaculares batallas espaciales, tiroteos sin cuento ni monstruos de pesadilla. Pero es uno de los episodios más escalofriantes no sólo de Star Trek, sino de cualquier serie televisiva estadounidense, pues muestra hasta dónde puede llegar una persona con poder, si decide usar este para sus propios fines. No es extraño que la guionista, Jeri Taylor, sostenga que el de este capítulo fue el mejor guión que ha escrito jamás.

Jonathan Frakes es un buen actor, pero como director sencillamente se sale. En este y otros episodios demostraría su valía tras la cámara. Además de dirigir varios capítulos de otras series Trek, Frakes demostraría sus actitudes como realizador en varias producciones para la pantalla grande.

EL JUICIO DEL TAMBOR es un auténtico hito Trek, un capítulo magistral, que nos demuestra que una sola libertad sojuzgada puede significar el fin de la libertad de todos. Disfrutadlo y reflexionar sobre su argumento, pues esa fue, sin duda, la intención última de Jeri Taylor.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.312 palabras) Créditos