Esta es una de esas novelas en las que el protagonista se hace antipático de principio a fin. Al menos a mi Clare Beckett, esta
Clare Beckett, me ha resultado una llorona victimista, cuando queda más que claro que todos los males que le aquejan el en momento temporal de la novela son sola y exclusivamente responsabilidad suya, o más bien irresponsabilidad tanto suya como de su hermano.
Por lo pronto el suceso que marca la vida de Clare se me hace un poco difícil de digerir. Wat, su hermano, es diabético. No se en los años 1980, que es cuando se supone que sucede este incidente, pero a todos los niños que conozco con problemas parecidos, (alérgicos, con enfermedades crónicas) son la imagen misma de la desconfianza y la disciplina. Saben perfectamente que cualquier alteración de sus hábitos o rutinas les va a producir mucho más mal que bien, y no se dedican a autocompadecerse, sino a autoprotegerse. Podemos decir que la adolescencia es una edad muy mala y deprimente, y muchas otras cosas, pero desde ya les digo que, en mi experiencia, ningún adolescente alérgico se suicidaría provocándose un shock anafiláctico. Por eso que Wat se niegue a tomar la medicación me dejó bastante perplejo.
El caso es que Wat muere a causa de su propia estupidez y la despreocupación de Clare, lo que la convierte en una mujer resentida y amargada. Su vida transcurre gris y sin muchas expectativas, ella misma no demuestra muchas ganas de sacudirse de encima esa angustia existencial... hasta que un día descubre desconcertada que está viviendo una vida que no es la suya. Algunos recuerdos, ciertas pistas, le encaminan a pensar que está teniendo experiencias como ella sin ser ella misma. Finalmente se descubre que en realidad está flotando entre universos paralelos, tomando vivencias de unos y otros ¿Cómo? Lisa Tuttle no se molesta en dar una explicación prolija al respecto, sucede y ya está.
Como es de suponer a la autora el tema de los universos paralelos no le importa demasiado. Su interés está centrado en Clare, lo que es, lo que pudo ser, lo que está siendo en otro universo, sin embargo, centrándose en la que podríamos llamar Clare-0, desaprovecha en cierto modo el potencial de otras Clare. Por ejemplo, hay una Clare-1 que es una brillante matemática, carrera que la Clare-0 dejó de lado para revolcarse en la autocompasión, una Clare-2 que parece tener una visión amplia de todo lo que pasa simultáneamente en todos los posibles universos, y una infinidad de Clares cada una producto de alguna lejana decisión.
De todas formas, pese a mis reticencias iniciales me he leído la novela de un tirón, Lisa Tuttle escribe con fluidez y agilidad. Una vez que admitimos las rarezas de Clare, como lo extraño que resulta que proclame a los cuatro vientos sus experiencias en los universos paralelos cuando normalmente no deja de ser una contable reprimida que apenas levanta la voz, la narración fluye con ligereza, sin grandes aspavientos narrativos. Incluso sale airosa de ciertos pasajes oníricos que pueden llega a hacerse confusos. Pero tengo mis trucos, yo al menos, sabiendo de la propia confusión de Clare, cuando la narrativa se ponía espesa pasaba a la lectura diagonal.
Lo que durante toda la lectura me rondó por la cabeza es que hubiera sido de mi vida si en tal o cual momento hubiera tomado otras decisiones. En realidad eso lo pienso de cuando en cuando, creo que todo el mundo lo piensa de cuando en cuando, pero con esta novela en concreto esas reflexiones se hacen muy presentes.
Es lo que le ocurre con las múltiples Clares. Cada una de ellas afrontó el problema de Wat y las subsiguientes consecuencias de una forma diferente, lo que devino en un destino completamente distinto. Es más, cada Clare ya tenía un bagaje vital, que no por breve estaba vacío de experiencias, que hace que cada una diverja en algún momento de las demás.
Sin embargo, siempre llego a la misma conclusión: no importa que en su momento hubiera tomado aquellas malas decisiones, lo relevante es que las buenas decisiones me han llevado donde estoy ahora, y no lo cambio, porque soy consciente que los pequeños inconvenientes que soporto en este momento tendrían su equivalente en esa otra vida paralela ideal
. Efectivamente, nada es perfecto.
Otra cosa es que su vida sea un absoluto desastre, pero oiga, si a una mala decisión encadena otra... hágaselo mirar.