VIAJE DE UN SIGLO
VIAJE DE UN SIGLO Vladimir Fiodorovich Tendriakov
Título original: Puteshestvie Dlinoi v Vek
Año de publicación: 1963
Editorial: Albia
Colección: Albia ficción nº 8
Traducción: Venancio Uribes del Barco
Edición: 1978
Páginas: 154
ISBN:
Precio: Descatalogado

Las ideas presentes en viejos relatos y novelas de ciencia-ficción sorprenden por cuanto se tiende a pensar pensado que ciertas invenciones eran originalmente obra de otros autores más cercanos. Así, la premisa principal de VIAJE DE UN SIGLO es la de la codificación de una mente humana y su envío mediante señales electromagnéticas (de radio, para entendernos) hacia un lejano planeta donde se ha descubierto vida inteligente tecnológicamente desarrollada, con la intención de que allí se reconstruya y sirva como embajador presencial de la humanidad.

Eso publicado en 1963, en el seno de la Rusia más rusa de la guerra fría, y muy anterior a otros inventos similares bastante más conocidos.

No digo que la idea de Tendriakov sea rabiosamente original, ni que fuera el primero en sugerir algo similar, ni siquiera que él copiara ideas previas o alguien le copiara posteriormente, solo que aquello que en un principio parecen conceptos revolucionarios, se descubren finalmente como productos del estado del arte, es decir, que son consecuencia natural de la tecnología y conocimientos existentes, y ampliamente divulgados, por lo que las aplicaciones prácticas de los mismos pueden surgir en cualquier momento en cualquier lugar simplemente porque son tan lógicos que resulta difícil que eso no suceda, y en más de las ocasiones de forma simultánea y casi sincronizada.

Pero VIAJE DE UN SIGLO no trata exclusivamente de los adelantos de la tecnología. Parte del descubrimiento de una lejana civilización tecnológica, en la estrella Lambda de la Flecha, a la que se da por llamar Colega. A partir de ahí se produce una extraordinaria actividad centrada en el intercambio de información con los coleganos... extraordinaria y pausada. Tendriakov sitúa a Colega a treinta y cinco años luz de la Tierra, por lo tanto las conversaciones tienen lugar en ciclos de setenta años, así que la paciencia es la mejor arma.

El académico Igor Vladímirovich Shablin es el director del Instituto del Cerebro. El organismo ha sido encargado de una misión más extraordinaria todavía, codificar una mente humana y enviarla en forma de cohete fotónico a Colega, para que un ser humano se encuentre frente a frente con los nuevos amigos extraterrestres, el elegido por su extraordinario intelecto es Alexandr Nikoláievich Barténiev, joven doctor en física.

A partir de entonce surge una fuerte amistad entre Shablin y Barténiev, que trabajan mano a mano por el éxito de la misión.

La primera mitad de la novela, trata más o menos de eso, del entrenamiento, las decisiones personales que debe tomar, y la codificación de la mente de Barténiev, pero una vez que es lanzado, el tono cambia y Tendriakov relata la vida como héroe de un ya desdoblado Barténiev, y las dudas que le surgen a éste sobre su futuro, no tanto el propio, puesto que sabe que probablemente ya estará muerto cuando se conozca, setenta años más tarde, el resultado de la misión.

En ese punto la narración se dispersa y se hace más espesa, si el estilo de la novela es, por decirlo de algún modo, ampuloso, se refuerza con episodios desconcertantes como una gigantesca recreación histórica de la Guerra Civil Rusa tras el advenimiento bolchevique.

Echando un vistazo a la biografía de Tendriakov escribió VIAJE DE UN SIGLO en pleno cambio de ciclo temático, por supuesto no podía salirse del realismo socialista, pero si orientar sus historias más allá del dogma comunista y hacer que sus personajes giraran en torno a otras prioridades, como ocurre con Barténiev, para el que además de su misión, que en realidad ya no era relevante para él, está su trabajo como científico y su familia, donde destaca su hijo Igor, que desencantado con sus estudios y su forma de vida, huye y se dedica a vagar en compañía de los desocupados, una especie de parias vagabundos desilusionados con la aparente utopía socialista en la que se ambienta la obra, cuestión esta que vuelve a ser curiosa. Tendriakov ya adelanta los movimientos contraculturales de finales de los años 1960, al menos el hippismo (pintorescos y abigarrados andrajos de los desocupados).

En realidad, como suele ser habitual cuando un escritor no especializado hace incursiones en el género con la nada oculta intención de usarlo a modo de decorado en el que desarrollar otras cuestiones, Tendriakov tiene muy poco interés por la tecnología que usa, e incluso hasta por la propia ciencia que desarrolla. No obstante, el interés de Tendriakov por la informática parece evidente por cuanto otra de sus obras, INTENTO DE ESPEJISMO, (no lo voy a poner en ruso) un grupo de programadores crea una simulación de Jesucristo que acaba por transcender a su propia naturaleza cibernética. Naturalmente, las intenciones de Tendriakov van más allá, por cuanto lo que pretende es profundizar en los sentimientos religiosos que hacen de este Jesucristo digital un contrapunto al laicismo oficial.

En resumen, un exótico ejemplo de ciencia-ficción soviética de un todavía más desconocido (por estos lares) escritor e intelectual soviético. Precisamente la orientación hacia el pensamiento y la filosofía de Tendriakov hacen de esta obra algo muy alejado al más ligero e irónico estilo de los hermanos Strugatski, algo a tener muy en cuenta.


Notas

https://www.e-reading.club/book.php?book=56191 texto en ruso de la novela. Ídem del anterior, con la ventaja de que pese a todo, la prosa de Tendriakov parece ser bastante clara, y el traductor automático tiene pocas dificultades para hacer un trabajo decente.