OTROS DÍAS, OTROS OJOS
OTROS DÍAS, OTROS OJOS Bob Shaw
Título original: Other Days, Other Eyes
Año de publicación: 1972
Editorial: Martínez Roca
Colección: Superficción nº 80
Traducción: César Terrón
Edición: 1983
Páginas: 150
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Armando Parva

En realidad más que novela, OTROS DÍAS, OTROS OJOS es lo que se llama un fix-up, es decir, una antología de relatos con puntos en común que se retocan y añaden nuevos pasajes para darles una unidad narrativa. Shaw reunió LIGHT OF OTHER DAYS, de 1966; BURDEN OF PROOF, de 1967; SIDELIGHT ONE, de 1972 y A DOME OF MANY-COLORED GLASS, de 1972. En la ficha de La Tercera Fundación hay un listado detallado de los relatos y los nuevos fragmentos añadidos.

Se trata de un clásico de la vieja escuela, construido a partir de un suceso extraordinario que altera el mundo normal. Alban Garrod, el protagonista, desarrolla un nuevo tipo de cristal especialmente resistente, pero a la vez, y como efecto secundario, posee la asombrosa propiedad de retardar el paso de la luz. Según el Glosario de ciencia-ficción:

El vidrio lento es un material inicialmente diseñado para sustituir al vidrio en ciertas aplicaciones de ingeniería que requieren mayor resistencia de la normal. Pero el vidrio lento tiene, de forma accidental, la propiedad de retardar el paso de la luz. No está relacionado con el índice de refracción del material, sino con el hecho de que la luz traza extraños caminos a través del vidrio lento. Un rayo de luz puede tardar segundos, minutos o años en atravesar una capa de vidrio lento. A lo largo de la novela, Shaw desarrolla esta y otras características del vidrio lento (que se comercializa con el apropiado nombre de retardita) y que lo hacen útil para ser usado como dispositivo de grabación, fuente de luz y un largo etcétera. Al igual que muchos otros supermateriales, el vidrio lento está llamado a cambiar el mundo.

Naturalmente, su función original de cubrir ventanas especialmente expuestas se olvida y se le da otro tipo de aplicaciones, que van desde la mera decoración hasta el puro espionaje, pasando por dispositivos que permiten paliar, en cierto modo, la ceguera.

Efectivamente, Shaw inventa la videovigilancia. En 1972, año de publicación de la novela, hacía al menos quince años que existían magnetoscopios comerciales, es decir, sistemas de grabación magnética de vídeo, pero todavía eran mamotretos usados únicamente a nivel profesional para la grabación de programas de televisión. Supongo que Shaw conocería de sobra la existencia de ese tipo de aparatos, quizá pudo imaginar que unas décadas después aquellos monstruos de cinta magnética en rollos acabarían siendo poco más grandes que una mano, pero me temo que le ya sería más difícil concebir que unas pocas décadas después todo el mundo llevaría una cámara de vídeo en el bolsillo, por no hablar de los millones de ellas instalados en todos los rincones del planeta, interconectadas y grabándolo todo a todas horas.

Pero algo intuyó, y si bien no tenía posibilidad de prever el vídeo digital, si que de algún modo el espionaje sistemático de nuestras vidas era algo previsible, así que inventó su propia tecnología para explorar esa posibilidad, tecnología por lo demás con ciertas limitaciones, puesto que hay que esperar algún tiempo a que la luz atraviese el cristal.

Pero además de esto Shaw también profundiza en la relación de Garrod con el mundo de las finanzas y el matrimonio. En cierto modo, el suyo se trata de un matrimonio de conveniencia porque Garrod necesita el dinero de la millonaria familia de su esposa Esther para desarrollar su invento, lo que al cabo permite a Garrod hacerse millonario a su vez, lo que cambia el equilibrio de fuerzas con la familia de su mujer.

Otra de las cosas que se agradecen a Bob Shaw es su claridad de pensamiento. Es capaz de contar varias cosas en pocas páginas, y para lo que un autor (o editor) moderno precisaría ochocientas páginas y probablemente dos continuaciones y tres precuelas, el lo condensa en apenas 150 páginas. Sin embargo, el hecho de que se trate en realidad de episodios originalmente independientes, lastran su continuidad.

En cualquier caso, OTROS DÍAS, OTROS OJOS es una buena novela y un buen punto de partida para indicarse en un autor que no es demasiado conocido por estos lares.

© Armando Parva, (684 palabras) Créditos