UNA GUIRNALDA DE ESTRELLAS
UNA GUIRNALDA DE ESTRELLAS Bob Shaw
Título original: A Wreath of Stars
Año de publicación: 1976
Editorial: Edhasa
Colección: Nebulae nº 36
Traducción: Carlos Gardini
Edición: 1979
Páginas: 200
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Armando Parva

La premisa principal de esta novela, esto es la de los mundos superpuestos, ya la había leído hace unos años en LA CIUDAD Y LA CIUDAD, de China Mieville, así que me ha sorprendido un poco encontrármelo en esta novela que proponía algo similar treinta años antes. Lo que viene a demostrar que casi todo está inventado, o mejor dicho, que a poco que se buceé es posible encontrar influencias y el origen de la inspiración de muchos relatos. No digo que la imaginación de los autores tenga la potencia suficiente para inventar la misma cosa una y otra vez, sin que exista contaminación cruzada entre ellos, pero no dejan de ser curiosas casualidades.

El argumento parte de la invención de un material excepcional, el magniluct, un cristal especial que permite ver en la oscuridad. Tampoco nada nuevo bajo el sol, los dispositivos de visión nocturna, existen al menos desde los años 1930, pero se trata de amplificadores de luz combinados en ocasiones con detectores de infrarrojos. El material que inventa Shaw va un poco más allá, puesto que se basa en la física de partículas (hadrones, neutrinos, etc).

Esto implica que el magniluct vea más allá. Por lo pronto, gracias a él Boyce Ambrose, un astrónomo mediocre pero de familia rica, lo que le permite campar a sus anchas en el ámbito científico, descubre un planeta hecho de antineutrinos. Casi al mismo tiempo, se empiezan a difundir alarmantes noticias de la existencia de fantasmas, fantasmas que solo se pueden ver con lentes magniluct.

Gilbert Snook, un ingeniero freelance, investiga los avistamientos de los supuestos fantasmas en una mina africana, hasta llegar a una desconcertante conclusión: en realidad se trata de los habitantes de un planeta neutrínico que comparte espacio con la Tierra.

No entiendo mucho de física, pero la premisa de la que parte Shaw no parece muy consistente. Es la típica idea que se le ocurre a uno cuando lee un artículo en una revista de divulgación (o sencillamente medioescucha una noticia en la televisión) y la desarrolla sin consultar antes la posibilidad de la misma. Digamos que una especie de space-opera hard, con mucha tecnojerga pero con muy poca consistencia.

Si a eso se le añade que Snook es telépata (imprescindible para comunicarse con los habitantes de la neutri-Tierra), ya tenemos la combinación perfecta de novela setentera que si bien no tiene ínfulas new-age, si hace aguas por todas partes en cuanto al tema de la credibilidad toca, a veces parece más una novela de los años 1930 ó 40.

La narrativa es ágil, y los personajes están bien construidos. Snook es el típico asocial (que no antisocial), que prefiere trabajar por su cuenta y en solitario, en ese sentido Shaw se inclina por el tópico fácil, puesto que Snook acaba aceptando que el resto de la humanidad (y la neutri-humanidad) también existe. Ambrose empieza comportándose como un perfecto imbécil aunque finalmente demuestre ser algo más que un listillo con dinero.

Por lo menos es corta, se lee con rapidez, y pese a todos los reparos está bien narrada y no carece de interés, aunque a causa de esa brevedad y la cantidad de ideas que incorpora se haga un tanto precipitada. Estoy seguro que esto lo coge Peter F. Hamilton y despacha una pentalogía a seiscientas páginas el volumen.

© Armando Parva, (557 palabras) Créditos