AVRIL Y EL MUNDO ALTERADO
AVRIL Y EL MUNDO ALTERADO Francia, Canadá, Bélgica, 2015
Título original: Avril et le monde truqué
Dirección: Christian Desmares
Guión: Benjamin Legrand, Jacques Tardi, Franck Ekinci
Producción: Eric Beckman, Michel Dutheil, Franck Ekinci
Música: Valentin Hadjadj
Fotografía: Christian Desmares
Duración: 105 min.
IMDb:
Reparto: Marion Cotillard (Avril); Philippe Katerine (Darwin); Jean Rochefort (Pops); Olivier Gourmet (Paul); Marc-André Grondin (Julius); Bouli Lanners (Pizoni); Anne Coesens (Chimène); Macha Grenon (Annette); Benoît Brière (Rodrigue)

El steampunk no está muerto, y esta notable película francófona (es una coproducción franco-canadiense-belga) es buena muestra de ello.

Además, como todo steampunk, es una ucronía en toda regla. A modo de prólogo, se nos cuenta como Napoleón III presiona a sus científicos para conseguir tecnología que le permita vencer a los prusianos en la guerra que se vislumbra en el horizonte.

El químico Gustave Franklin le ha prometido una sustancia que hará invencibles a los soldados del emperador, pero un accidente durante una demostración causa la muerte de químico, emperador y ministro de la guerra, la ascensión al trono de Napoleón Eugenio Luis Juan José Bonaparte, que no acaba siendo un secundario con diálogo en AMANECER ZULÚ, sino ascendiendo al trono Imperial como Napoleón IV, lo que cambia del panorama geopolítico, rebaja la tensión en Europa y marca el inicio de un periodo que se intuye como de tranquilidad y progreso...

Excepto por una serie de misteriosas desapariciones de científicos, lo que provoca un letargo en el campo de la física que impide el normal desarrollo de la energía eléctrica, por tanto, el vapor se convierte en la única fuente de energía, lo que implica la desaparición de los bosques, y la sobreexplotación del carbón (sorprendentemente, los guionistas se olvidan del petróleo), con el resultado de un mundo cubierto por el hollín.

En un segundo prólogo, Prosper, el hijo de Gustave, trabaja junto a su hijo Paul y Annelle, su nuera, ante la mirada curiosa de Avril, la hija de éstos, para intentar llevar a buen término los trabajos de su padre. Pero la policía imperial tiene orden de recluir a todos los científicos en unas instalaciones secretas para que desarrollen nuevas armas a mayor gloria del Imperio. Los Franklin son descubiertos por la brigada del inspector Pizoni y, durante la persecución, Prosper huye sin poder hacer nada, y los padres de Avril mueren en una tremenda explosión en el teleférico (sic.) de Berlín tras la aparición de una misteriosa nube que también pretendía llevárselos. Esto provoca la degradación del inspector Pizoni que desde ese momento jurará odio eterno a la familia.

Años más tarde Avril vive obsesionada por terminar el experimento familiar. Oculta junto a su gato parlante Darwin en una estatua gigante del Emperador, es vigilada, no obstante, por Julius, raterillo a sueldo del implacable agente Pizoni, que sigue buscando a Prosper aunque no son los únicos que centran su atención en ella.

Tras diversas peripecias Avril destapa la enorme conspiración que ha llevado al mundo a su actual estado tecnológico, y por supuesto, no descubro nada si adelanto que todo acaba bien, como deben ser las cosas.

Lo que puede sorprender de esta producción es que, excepto por algún que otro detalle, está muy alejada estéticamente de las producciones japonesas que han dominado durante estas últimas décadas el mundo de la animación. El responsable gráfico fue Jacques Tardi, un experimentado dibujante francés, poco conocido en España, que tiene como tema recurrente de sus obras la vida en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, Por ello conoce perfectamente la época en la que se ambienta la película, cronológicamente situada en 1941 pero con estética de los años 1920, por lo que en ese aspecto la producción es más que sobresaliente.

Tardi es, además, un buen exponente de la línea clara franco-belga que, recordemos, no solo se refiere a la ilustración de trazo firme y minucioso, sino también a una gran precisión narrativa, por lo que AVRIL Y EL MUNDO EXTRAORDINARIO nos ahorra, por un lado, el hieratismo y los silencios de las producciones japonesas, y por otro el melodrama tan querido por los yankis, aunque el desenlace no puede sustraerse a un cierto empalago tragicómico.

Con todo, no se puede sustraer a inspirarse en múltiples fuentes, es fácil encontrar préstamos obvios, yo diría que más bien homenaje, de Miyazaki, e incluso algún que otro guiño a Doctor Who.

Es una animación dirigida al público adulto, así que pueden echarse en falta muchos tics de las producciones infantiles. Acostumbrados a que en las películas de animación, generalmente dirigidas para críos, estén saturadas de ellos, parece que a la película le falta algo. No es así, sencillamente no los necesita. La única concesión para los más pequeños es Darwin, el gato parlante (un experimento de Prosper), pero en cierto modo es un gato que actúa como un gato sin caer en la ñoñería. Sin embargo, esto no significa que no pueda gustar a los niños, creo que incluso más que alguna que otra película especializada, al cabo, no toma al espectador por idiota.

También se encuentra titulada como AVRIL Y EL MUNDO EXTRAORDINARIO. Muchas veces se carga contra los adaptadores de los títulos de las películas al español (al menos el de España) por la alteración, o directamente invención, de los títulos. No parece ser un mal exclusivo, el título original en francés AVRIL ET LE MONDE TRUQUÉ, sugiere un mundo falso, de atrezzo. La traslación directa al español ha sido este AVRIL Y EL MUNDO ALTERADO, que se ajusta muy bien a la modificación de la realidad que los sucesos de 1870 provocan en la geopolítica, pero el título elegido en inglés: APRIL AND THE EXTRAORDINARY WORLD, traducido literalmente como ABRIL Y EL MUNDO EXTRAORDINARIO, sin ser del todo infiel al espíritu de la película, sugiere algo positivo, en vez del plomizo ambiente que tienen que respirar sus habitantes.

En resumen, una buena película de animación que se puede ver solo o en familia.

© Francisco José Súñer Iglesias, (921 palabras) Créditos