LA CIUDAD Y LA CIUDAD
LA CIUDAD Y LA CIUDAD China Miéville
Título original: The City & The City
Año de publicación: 2008
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova
Traducción: Silvia Schettin Pérez
Edición: 2018
Páginas: 400
ISBN:
Precio: 21,90 EUR
Comentarios de: Antonio Santos

Estoy empeñado en acabar este libro por el cual voy avanzando, sin dificultad, pero sin el entusiasmo como distintas fuentes lo habían ¡recomendado! Tanto por la narración en sí como el innovador estilo del autor. La obra además cosechó excelsos galardones que, de entrada, motivan emprender esta prematura indicación.

LA CIUDAD Y LA CIUDAD, para empezar, expande/canibaliza una idea de Michael Moorcock presente en el primer ciclo de CÓRUM. Describe una urbe de la Europa del Este postcomunista que intenta amoldarse al rock capitalista occidental. En todo momento, la novela desprende una sensación de edificios grises, barrios grises, altos cielos grises barridos por todos los vientos grises posibles. Crepúsculo nublado.

Esa ciudad se caracteriza por estar entrelazada con otra, de apariencia fantabulosa, islámica, que concita grandes recelos en la comunidad local, pese a su larga comunicación histórica. Eso veía Córum cuando su raza gozaba del poder de traslación a otros planos: ciudades incrustadas en urbes de su plano y a las cuales accedía sin dificultad, hasta que el Caos fue distorsionándolo todo, robándoles tal facultad.

Como estamos en la era de las ignorancias y las lecturas mínimas-nimias twitter, esas referencias van desvaneciéndose, como la torre moorcockiana, permitiendo levantar altares a personajes ladinos/astutos que, como revelo, aprovechan la circunstancia de este deseo voluntario de des-leer para parecer inmensos.

Hay méritos en la narración, empero. Los premios que acumula no salen de la nada. O quizás sí. Ahora explico eso. Una de sus virtudes es el fraseo nervioso, mundano, como los partiquinos hablan. Intento de dar naturalidad al romance. Luego, el fuerte dibujo de grupos marginales/antisistema/fascistas germen del tribalpunk de SOGUETTO. Esas fuerzas, según acumulan arsenal, plantean obstáculos al crimen investigado.

Porque, para darle excusa válida al desarrollo de la idea de Moorcock, el autor nos sumerge en una laberíntica indagación que permite, además, exponer la laberíntica burocracia que tiene una ciudad empeñada en desver a la otra. Verlas supone cometer sanción que, en el caso más extremo, una entidad sobrenatural (o tanto hasta ahora la narración desprende) castiga. Severamente.

Sucede que la historia, sin embargo, la protagonizan personajes grises que no inspiran afecto alguno por ellos. Indiferencia, lo más. Son seres anodinos metidos en un fregado descomunal y anadean por corrientes de extremistas que no encajan bien el que terminó su mundo comunista, viene el oropel del dólar, ¡hay que chincharse! o procuran reciclar conductas totalitarias del ayer al modo americano.

En PRIMERA SANGRE, David Morrell logra empatices con Rambo, aun Will Teasle. Montones de novelas lo hacen: crear personajes icónicos. Recordados. Pero, aquí, no sucede esto. Eso, según lo veo, resta energía a una narración que, para colmo, elude el canon Lester Dent. Y sobre el estilo tan ¡alabado! Nanany.

Todo (acción, explicaciones) se deja a capítulos después, lo cual hace anodino el texto. Pero parece ser lo normal del nuevo género de moda: el weird. El fantástico (como preconicé hace años en aquella polémica reseña para Literatura Prospectiva) ha muerto. Toca el weird. Y vaya si es weird, la cosa.

Que acumule estos galardones me hace sospechar una preferencia elitista por obras de entrada desabridas. Hace tiempo contienden la ciencia-ficción de ocio y las de tramas elegantes, encumbradas, pero aburridas, aunque gozan del apoyo de las eminencias, en este caso, las situadas en jurados de los premios destacados. Buscan ahogar lo otro por impuro, comercial, ligero... ¡cuando cuanto busca la Humanidad es evasión!

Terminaré el libro porque, como escritor, me conviene. Ayudará a crecer. Sin embargo, las expectativas que me genera leer LOS SEÑORES DEL CIELO, o unos Doc Savage adquiridos, es mucho mayor. Simples, directos, populares, poco intrincados. ¡Guaaay!

(Así que, finalizada la lectura...).

Como en su momento disparaté bastante sobre esta novela, no creo vaya a extenderme ahora demasiado. Vuelvo empero a significar que la desluce la ausencia de carácter de los protagonistas. Luego, durante doscientas páginas, nos preparan para una revelación maravillosa, en plan 2010, ODISEA DOS, pero resulta un bluuuff. Esta narración, sobre una investigación criminal, es embustera, engañosa y, en cierto punto, enervante.

Pero ha caído en gracia, y sobre eso sí pienso explayarme.

LA CIUDAD Y LA CIUDAD exhibe importantes premios que, valorados una vez lees el libro, nada los justifica. Los pocos aciertos que quisiera tu buena voluntad encontrarle, como ese hablar callejero de los partiquinos, acaba transformándose en una irritante demora más en un ambiente sobrecargado de suspense, suspense que desemboca en un inane clímax insignificante... y previsible.

Relato de un asesinato cometido por oportunidad y premura que no merecía tal mogollón de páginas, supeditadas al suspense, al fraseo terminado en ambigüedades y puntos suspensivos todas, a personajes anodinos, grises, banales.

Positiva crítica, quizás sí merecía. Pero ¿tales premios? ¡Nanay! Aquí veo la extensión de la larga mano de la refinada aristocracia que se ha instalado en los jurados, a defender dispuesta, hasta extremos de intolerable censura sobre otras historias, relatos que puedan paladear minorías selectas, elevando barreras para el resto, apartando, por tanto, también la ciencia-ficción de las masas, su bálsamo en tiempos difíciles.

Premiamos truños densos y difíciles de seguir, pero despreciamos y vituperamos, no sé, TROPAS DEL ESPACIO porque su contenido, ligero, ameno, de consumo y aventuras, nos ofende. ¿No soportamos ya bastante todo ese STAR WARS, MAD MAX y TERMINATOR que empuercan nuestro género?

Ese mal, el clasismo autista presente en otros segmentos de la Literatura, acaba de dominar la ciencia-ficción, capaz de generar destacadas predicciones de futuro, y que ahora, bajo esta férula, se revuelve contra sus orígenes, o principales fuentes de divulgación (los ejemplos fílmicos citados), por satisfacer a la masa. El populux. El vulgo. No, no. Imposible. Las Letras pertenecen a los Apocalípticos E Integrados de regia cuna y, no, no, la masa... ¡fuera manos!

Su respuesta, a los taquillazos, es premiar novelas minúsculas, ampulosas, aburridas, pretenciosas, según blasfeman contra otras como A SUS CUERPOS DISPERSOS, por ejemplo, pese a ser muy superior y capaz de llegar a un mayor delta de lectores. No quieren hacer cantera, renovar las generaciones, sino apadrinar cosas en su elitista onda para así sentirse amos del cotarro. Intercambiando necedades entre ellos y sólo ellos, endogámicos.

Se defienden criticando best-sellers confeccionados a medida de un público/mercado poco exigente. Razones no les faltan, sin embargo. Mas esto tiene el inconveniente de que un lector medio es golpeado por arrogancias del estilo de LA CIUDAD Y LA CIUDAD y el deleznable best-seller de cocción comercial. ¿Qué vamos a leer? De vez en cuando descuella alguna obra digna de buena mención. Mas, al estar emparedada entre los muros que menciono, pasa inadvertida, o casi.

La cultura de masas puede ganar en taquilla. Pero las altas elites sectarias poseen la Literatura. Y sus voces son las que los poco entendidos lectores escuchan creyéndoles doctos, en virtud a ciertos méritos académicos, cuando sólo son amargados estirados insufribles.

De corazón: no te recomiendo esta novela. Compra otra, ¿OK?

© Antonio Santos, (1.155 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 22 de noviembre de 2016