UNA VIDA A LO GRANDE
UNA VIDA A LO GRANDE EE.UU., 2017
Título original: Downsizing
Dirección: Alexander Payne
Guión: Alexander Payne, Jim Taylor
Producción: Mark Johnson, Alexander Payne
Música: Rolfe Kent
Fotografía: Phedon Papamichael
Duración: 195 min.
IMDb:
Reparto: Matt Damon (Paul Safranek); Christoph Waltz (Dusan Mirkovic); Hong Chau (Ngoc Lan Tran); Kristen Wiig (Audrey Safranek); Rolf Lassgård (Dr. Jorgen Asbjørnsen); Ingjerd Egeberg (Anne-Helene Asbjørnsen); Udo Kier (Konrad); Søren Pilmark (Dr. Andreas Jacobsen);

Ante todo, más que como película de ciencia-ficción habría que tomar UNA VIDA A LO GRANDE como un fábula sobre las huidas hacia delante, los miedos y las malas decisiones.

La premisa de la que parte, esto es, la minuaturización de seres humanos ya es vieja, desde EL INCREÍBLE HOMBRE MENGUANTE hasta CARIÑO, HE ENCOGIDO A LOS NIÑOS, pasando por VIAJE ALUCINANTE, O EL CHIP PRODIGIOSO, hay unos cuantos ejemplos de las infinitas posibilidades que tiene convertir a un ser humano a la mínima expresión y enfrentarlo de esa manera a un entorno en la mayor parte de las ocasiones ciertamente hostil.

En UNA VIDA A LO GRANDE, sin embargo, Alexander Payne usa la reducción simplemente como una excusa para contar otro tipo de historias que no hacen más que confirmar que, sea cual sea el método que usemos para huir de él, nuestro destino nos persigue allá donde vayamos porque, al fin y al cabo, aquello que define la persona, es decir, su propio carácter y visión de la vida, serán las que marquen su paso por el mundo.

En esta película se trata de la vida de Paul Safranek, encarnado por un desconcertado Matt Damon, un fisioterapeuta (que no se porqué se han empeñado en traducir como terapeuta ocupacional en el doblaje en España) que navega plácidamente por la vida sin poder huir a su propia circunstancia. Dedicado en un principio al cuidado de su madre enferma, y una vez fallecida ésta (eso se entiende) embarcado en un matrimonio insulso con Audrey (Kristen Wiig).

Unos años antes el científico noruego Jorgen Asbjornsen (Rolf Lassgard) descubrió la forma de reducir a un ser humano (y animal en general) a poco más de un 5% de su tamaño real. Las implicaciones en lo que respecta a la reducción de gasto y ahorro de una población de ese tamaño suponen la creación en todo el mundo de miles de comunidades de pequeños que se al vender todas sus posesiones en el mundo de los grandes se convierten prácticamente en millonarios por una simple cuestión de relación gasto-precio.

Naturalmente, la perfección está muy lejos de ser la norma. Aunque ínfimo, vivir en esas comunidades, como Ociolandia, la elegida por Paul­ y Audrey, tiene un coste que, si las cosas vienen mal dadas, no todo el mundo puede asumir. Igualmente, la reducción también es usada con fines perversos. Hasta las mafias y buscavidas encuentran su nicho de negocio en esas comunidades tan perfectas.

Paul­ se va encontrando con todas estas cuestiones y su carácter, apacible y adaptativo, le hace involucrarse en asuntos con los que Payne pretende denunciar las imperfecciones de nuestro propio sistema de vida. Con todo, el tono de la película es amable, se quieren señalar esas imperfecciones sin hacer sangre, simplemente diciendo que están ahí pero sin mostrar sus aspectos más sórdidos.

Por ejemplo, el salto de Paul­ desde su existencia anodina en Ociolandia hasta la vorágine en la que se involucra es a través de su vecino Dusan (Christoph Waltz), un mafioso serbio al que tiene por vecino y que organiza unas extravagantes fiestas hasta altas horas de la madrugada. Paul­ se queja a Dusan, que en un principio se comporta como un gato que se va a comer a un ratón... pero que acaba siendo retratado como un cínico simpático.

UNA VIDA A LO GRANDE incide en otra cuestión que cada vez es más patente en todo tipo de producciones: la globalización. Paul­ es yanki, Dusan serbio, la tecnología de la reducción noruega, franceses, vietnamitas y mexicanos tienen notable protagonismo en la película. Falta algún que otro africano para que todo el mundo esté adecuadamente representado. Somos ciudadanos del mundo y nos lo quieren recordar.

Al final lo que tenemos es una película moralista, con un cierto aire a ciertas producciones de los años 1950 y 1960 en las que se pretendía, a través de casos ejemplares dar lecciones sobre como afrontar la vida sin que ello supusiera atacar la sensibilidad de los espectadores, como en ADIVINA QUIEN VIENE ESTA NOCHE, aunque con bastante menor fortuna y mucha menos calidad expositiva.

Con todo, gracias a su tono amable, y una vez superado el desconcierto que produce la tecnología de la reducción, se ve con agrado.

© Francisco José Súñer Iglesias, (714 palabras) Créditos