PROYECTO LÁZARO
PROYECTO LÁZARO Bélgica, España, Francia, 2016
Título original: Realive
Dirección: Mateo Gil
Guión: Mateo Gil
Producción: Ibon Cormenzana, Ignasi Estapé, Jérôme Vidal
Música: Lucas Vidal
Fotografía: Pau Esteve Birba
Duración: 112 min.
IMDb:
Reparto: Tom Hughes (Marc Jarvis); Charlotte Le Bon (Elizabeth); Oona Chaplin (Naomi); Barry Ward (West); Julio Perillán (Doctor Serra); Rafael Cebrián (Jeffrey); Bruno Sevilla (Charles); Daniel Horvath (Surgeon)

Un argumento que se ha usado intensivamente para viajar al futuro (que no en el tiempo) es el del éxtasis, y desde que se convirtió en una realidad, el de la criogenización. En fechas tan tempranas como 1887, Edward Bellamy en EL AÑO 2000, UNA VISIÓN RETROSPECTIVA, recurría al mesmerismo para enviar a Julian West al año 2000. Con el género ya asentado como tal, George Allan England pone a los protagonistas de TINIEBLAS Y AMANECER a dormir ¡¡¡durante mil años!!! No se complica mucho con los porqués, que despacha apresuradamente echándole la culpa a unos gases tóxicos. Viajando al futuro no encontramos a EL DORMILÓN, de Woody Allen, donde Miles Monroe (él mismo) es hibernado en 1973 y descongelado doscientos años más tarde. Otro que tal bailó fue Sylvester Stallone en DEMOLITION MAN, ante la necesidad de un policía con tan poca ética y moral como un Wesley Snipes haciendo de malo igualmente descongelado. Por no hablar de la infinidad de animaciones suspendidas tan útiles en los viajes estelares o para convertirse en pizzero en el siglo XXX.

En todas estas novelas y películas (y todas esas que te sabes pero no he citado) el denominador común viene a ser que los despertares, aunque no del todo agradables, tampoco son para tanto, en unos pocos días (y hasta horas) los sufridos protagonistas ya están filosofando o dando mamporros, según corresponda.

Pocos ejemplos recuerdo, si es que hay alguno, en el que el despertar de los congelados sea traumático y con un desenlace al borde de la tragedia. Es lo que trata PROYECTO LÁZARO, no ya solo la dificultad de congelar un moribundo sin que se le mate en el intento, sino descongelarlo años después y conseguir una viabilidad consistente para someterle al tratamiento que se supone le curará.

A Marc Jarvis (Tom Hughes), se le diagnostica una enfermedad terminal justo cuando está a punto de iniciar una nueva vida con su novia Naomi (Oona Chaplin). Lógicamente, eso le sienta fatal, y decide criogenizarse con la intención de que si en el futuro, bla, bla, bla... Es despertado en el 2084 pero las condiciones en las que se encuentra no son nada buenas. En cierto modo es lógico, ha estado casi sesenta años bajo cero y por muchas vueltas que se le de no hay cuerpo que aguante eso. Sin embargo, es presentado por el doctor West (Barry Ward) como un gran éxito de su equipo. Queda a cargo de Elizabeth (Charlotte Le Bon) que le atenderá en todas (si, todas) sus necesidades. Pero la cosa no es tan genial como parece.

PROYECTO LÁZARO centra parte de su discurso en la exploración de la ética de la criogenización. La clave es que a día de hoy el procedimiento no está ni siquiera desarrollado, se deja a los investigadores del futuro la tarea de averiguar como despertar a los pacientes. Así pues, no hay ninguna garantía de que el proceso de congelación sea el correcto, que alguien, el algún momento, sea capaz de deshacerlo y menos aún con expectativas de éxito.

En el futuro imaginado para Marc ha sucedido, pero lo que descubrirá al respecto no le resultará especialmente estimulante.

En cuanto al ritmo de la película tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, en general es pausado, pero hay momentos en los que se hace cansino, sobre todo cuando a Marc le entra la mala conciencia de haber dejado atrás a Naomi, los flashbacks son continuos y quizá habiendo dejado clara la situación desde el principio la película hubiera podido centrar el foco en las cuitas de Marc en el futuro.

Un futuro ciertamente desconcertante. Todo el mundo es amable y aseado, pero al igual que en UN MUNDO FELIZ o LA FUGA DE LOGAN flota en el ambiente un cierto tufillo a sociedad homogeneizada, en el que el respeto por la individualidad ha sido dado de lado. Una muestra es lo ya comentado sobre Elizabeth, la competente enfermera que cuida de Marc. Le cae simpático, le ayuda en lo que puede, y cuando los médicos le recetan un poco de ejercicio sexual para levantar el ánimo, no hay problema, lo considera fríamente como parte de su trabajo. ¿Qué no hay ganas? Tampoco importa, la química es nuestra amiga; pastillazo y a copular como monos... Eso si, cópula terapeútica.

El caso es que pese a todas las idas y venidas entre épocas, y lo mal que lo pasa Marc tras su despertar, la película no termina de emocionar, ni realmente impactar. Teniendo en cuenta la temática que trata, en toda la película solo hay una escena que ponga realmente los pelos de punta. Por otro lado, esas continuas idas y venidas no terminan de dejar claro que interesa más al realizador, si la indiferencia de Marc ante su relación con Naomi, que al menos a mi me dejó bastante frío, o el encarnizamiento terapéutico, que no termina de alcanzar el dramatismo que se podría esperar. Resulta un poco extraño porque Mateo Gil tiene una destacada carrera como guionista, principalmente en colaboración con Alejandro Amenábar: TESIS, ABRE LOS OJOS, ÁGORA, y proyectos propios como NADIE CONOCE A NADIE.

Como en otras historias similares finalmente Marc se rebela ante su destino. Pero no tiene en cuenta que está en una época en la que los cadáveres lo son un poco menos.

© Francisco José Súñer Iglesias, (891 palabras) Créditos