LA UNIÓN
LA UNIÓN EE. UU., 1989
Título original: Star Trek TNG: The Bonding
Dirección: Winrich Kolbe
Guión: Ronald D. Moore
Producción: David Livingston
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Marvin Rush
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (LaForge); Michael Dorn (Worf); Wil Wheaton (Wesley Crusher); Colm Meaney (OŽBrien); Susan Powell (Teniente Marla Aster); Gabriel Damon (Jeremy Aster); Raymond D. Turner (Profesor)
Temporada: 3, Episodio: 05

Sinopsis

Fecha estelar 43198.7. Durante una misión arqueológica rutinaria, la teniente Marla Aster resulta muerta accidentalmente. Su hijo, Jeremy, debe afrontar la situación y asumir la pérdida de su madre. Pero poco después, la fallecida reaparece en la nave y pretende llevarse a Jeremy con ella.

El primer guión de Ronald D. Moore para [G:TNG] dio origen a un episodio notable. El texto original de Moore trataba de un niño que, tras la muerte de su madre, la recreaba en la holodeck e interactuaba con ella hasta el punto de creer que todavía estaba viva. La trama del alienígena era secundaria, y en principio no estaba relacionada con la primera. A los responsables de TNG les gustó la historia, pero como la holodeck había aparecido ya en demasiados capítulos, encargaron a Moore que la reescribiera. El resultado es uno de los episodios de la tercera temporada que entronca más profundamente con el espíritu de la serie: el análisis de la condición humana.

El episodio, más que sobre la muerte, trata sobre nuestra forma de afrontarla y lo difícil que resulta superar la pérdida de un ser querido. Cada uno de los personajes asume el fallecimiento de la teniente Aster de un modo distinto. Picard trata de explicárselo a Jeremy de forma clara, simple y directa, como corresponde a un capitán curtido en situaciones similares, pero adivinamos que la procesión va por dentro, porque ya tuvo que hacer lo mismo años atrás, cuando murió Jack Crusher y tuvo que comunicárselo a Beverly y Wesley. Worf, como buen klingon, huye de las actitudes sensibleras, pero no puede evitar que trascienda la rabia que siente ante una situación así. Marla Aster murió bajo su mando, se siente responsable por ello y eso siempre es duro de asumir para un oficial. Por otra parte, el klingon es huérfano, sabe lo que siente Jeremy e intenta confortarle por su pérdida recurriendo a un ritual que convertirá al niño en parte de su familia. En cuanto a Wesley, al que piden que hable con Jeremy porque pasó por la misma situación, teme revivir el dolor que le supuso perder a su padre.

Lo más sorprendente es que, al principio, Jeremy Aster observa una actitud casi fría, lo que induce a pensar que, quizás, su madre le había hablado de la posibilidad de su muerte. Pero la aparente frialdad con la que recibe la noticia, sin verter una lágrima, es eso: apariencia. Porque el niño reprime su dolor viendo una y otra vez viejas grabaciones familiares.

Y entonces entra en escena el alienígena. Miembro de una comunidad de seres incorpóreos, que eones atrás asistieron a la autodestrucción de la otra especie, esta orgánica, que habitaba su planeta, intenta aliviarle el dolor a Jeremy por medio de una fantasía, presentándose ante él como su madre. El modo de actuar de este ser resulta hasta cierto punto lógico, sobre todo cuando le explica a Picard lo ocurrido en su mundo natal. No quiere hacerle ningún daño al niño, sólo pretende que se sienta mejor. El problema es que, por su especial naturaleza, no entiende el proceder de los humanos, no comprende cómo éstos insisten en que Jeremy acepte la muerte de su madre con todo lo que ello implica, cuando él puede recrearla por siempre jamás. Como a muchas de las entidades incorpóreas aparecidas en Star Trek desde los tiempos de TOS, la complejidad de la condición humana se le escapa, y será Wesley Crusher quien al final logrará hacerle comprender que Jeremy debe aprender a vivir sin su madre, como él aprendió a vivir sin su padre.

Jeremy Aster aprende, del modo más duro, que toda vida humana es finita. Pero también que es posible reponerse ante una tragedia como la que le ha tocado vivir, y que esto es un poco (sólo un poco) más fácil si se cuenta con el apoyo y la amistad de las personas que nos rodean. La ceremonia klingon de la unión, por la que Jeremy y Worf se convierten en hermanos, que siempre honraran el nombre de Marla Aster, cierra uno de los mejores capítulos de la tercera temporada.

LA UNIÓN es un episodio que no puede dejar indiferente a nadie con un mínimo de sensibilidad. Ver morir a docenas, cientos o incluso miles de personas es demasiado habitual en el cine y la televisión actuales. Nos hemos acostumbrado a la violencia en todas sus formas, y hasta las noticias de masacres terroristas con decenas de muertos las asumimos como algo normal. Ante un panorama semejante, Star Trek apostó por hablarnos del valor de una sola vida humana, construyendo un argumento en torno al drama que representa una sola muerte. Una de las reflexiones más lúcidas que ofrece el episodio es, en realidad, una idea ya expresada por el personaje de Spock en la serie clásica. En una conversación con Data, interesado por la percepción de la muerte que tienen los humanos, Riker le dice que si sintiéramos la muerte de cualquier persona como la de alguien muy próximo a nosotros, la historia humana hubiera sido menos sangrienta.

Y quizás se trate de eso. De que nos hemos acostumbrado demasiado a la muerte, de que tanto verla en películas, series e incluso telediarios ha acabado por insensibilizarnos ante su presencia... salvo cuando nos afecta directamente. Por suerte, Star Trek nos recuerda, con episodios como este, que nunca debemos tomárnosla a la ligera, que debemos empezar a hablar de ella con respeto y que, como dijo la embajadora Delem (Mira Furlan) en el capítulo LLEGA EL INQUISIDOR de Babylon 5: Una vida, un millón de vidas, es lo mismo.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.134 palabras) Créditos