BUCK ROGERS EN EL SIGLO XXV
por Antonio Quintana Carrandi
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Número 2 de Buck Rogers

El comic original

La singularidad de Buck Rogers reside en que fue el primer héroe espacial del comic. Protagonista de un relato titulado Armageddon 2419 A. D., escrito por Philip Francis Nowlan y publicado en 1928 en el número de agosto de la revista Amazins Stories, podría haber caído en el olvido, de no ser porque John F. Dille, presidente del Syndicate que ostentaba su nombre, decidió introducir en el mundo del comic aquel género emergente en la cultura de masas denominado Science Fiction. Dille se puso en contacto con el autor y le encargó que escribiese unos guiones para trasladar su personaje a la literatura dibujada. Al mismo tiempo, contrató al dibujante Richard W. Calkins, que por haber sido oficial de aviación podría, presumiblemente, plasmar en buenas ilustraciones los revolucionarios artilugios voladores aerodinámicos que la futura serie requería. Por otra parte, Dille varió el nombre del héroe, que en la novela se llamaba Anthony Rogers, por el más sonoro Buck Rogers, que entroncaba con el de Buck Jones, un popularísimo actor de Western de serie B.

Buck Rogers empezó a publicarse en los periódicos el lunes 7 de enero de 1929, curiosamente el mismo día que dio comienzo la publicación del Tarzan de Harold Foster. Aparecido bajo el título Buck Rogers 2429 A. D., cada año se variaba el nominal en consonancia. El domingo 26 de enero de 1936 se decidió poner punto final a dicha práctica. A partir de entonces pasó a denominarse simplemente Buck Rogers in the 25th Century.

Buck Rogers se publicó en tiras diarias en B/N y planchas dominicales a todo color. Las tiras diarias narraban la historia principal. Las dominicales desarrollaban un argumento paralelo, cuyo protagonismo no recaía en Buck, sino en Buddy Deering, hermano de Wilma Deering. Si bien el nivel de los argumentos era notable para los estándares del comic de la época, el aspecto artístico dejaba mucho que desear. Calkins se defendía, pero no era un buen dibujante, así que en las planchas dominicales fue auxiliado por Rick Yager. Pero ya a partir del domingo 30 de marzo de 1930, la confección de las planchas dominicales fue confiada a Russell Keaton, que era muy superior en todo a Calkins y Yager. Keaton, que se ocupó de ese trabajo durante casi tres años, actuó como un auténtico negro, porque las tiras siguieron apareciendo con la firma de Calkins. Éste abandonó la serie en 1947, pasando Yager a ocuparse de las planchas dominicales y Murphy Anderson de las diarias. Según mis datos, el último ilustrador de Buck Rogers fue George Tuska, que se hizo cargo de la serie de 1958 hasta su cancelación definitiva en 1967.

Aunque nunca gozó de la brillantez visual de Flash Gordon, dibujada desde 1934 por el genial Alex Raymond, Buck Rogers destacó por sus estupendos guiones, que se adecuaban a la ortodoxia de la ciencia-ficción mucho mejor que los de Flash Gordon. En 1929, por ejemplo, apareció en una aventura de Buck Rogers la expresión explosión atómica. Una década después, una bomba atómica estalló en el comic, adelantándose así en seis años a la que devastó Hiroshima. Las aventuras dibujadas del personaje ideado por Nolan eran espectaculares, apareciendo en ellas multitud de artefactos tecnológicos a cada cual más sorprendente. Sin embargo, la calidad de las ilustraciones nunca fue muy buena. Además, se daba la circunstancia de que artilugios tan fantásticos como, por ejemplo, los cinturones antigravitatorios, casaban mal con el prosaico avión biplano que utilizaba frecuentemente el protagonista, en todo idéntico a los aeroplanos reales de los años 30.

El único serial de Buck Rogers

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Omnibus de Buck Rogers

A pesar de todo, Buck Rogers alcanzó una popularidad tremenda en USA, muy superior a la de su coetáneo Flash Gordon, mejor apreciado en Europa. Tras un serial radiofónico que se saldó con un éxito sin precedentes, la industria del cine puso sus ojos en Buck Rogers. Durante los años 30 y 40 arrasaron los seriales cinematográficos, películas de episodios, de unos cuarenta minutos de metraje más o menos, que se proyectaban antes que el film principal de cada sesión de cine. De hecho, eran tan populares que muchos espectadores admitían ir al cine exclusivamente para ver el episodio semanal de su serial preferido. En cierto modo, venían a ser como las series televisivas que se impusieron a partir de la década de los 50. Los había de todos los géneros, aunque los más populares eran los del Oeste.

La Universal produjo en 1939 un serial titulado BUCK ROGERS en doce episodios, dirigido por Ford Beebe y Saul Goodkind, con Larry Buster Crabbe en el rol protagonista y Constance Moore como Wilma Deering. El argumento era muy simple, presentando cómo Rogers, que tripulaba un dirigible, se estrellaba en el ártico. El protagonista y su compañero, Buddy Wade, interpretado por Jackie Moran, entraban en una especie de estado cataléptico producido por un gas nirvano. Reanimados cinco siglos después por un grupo de científicos, descubrían que la Tierra estaba dominada por Killer Kane y su grupo de supermalhechores. En la base secreta de los científicos conocían a Wilma Deering y al doctor Huer, una especie de Q (el inolvidable personaje de la Saga de James Bond magistralmente interpretado por Desmond Llewelyn), inventor de rayos de la muerte, lanzacohetes, cinturones antigravedad y otras maravillas sin cuento. Buck y Buddy unían sus fuerzas a los rebeldes, y, tras diversas peripecias, conseguían derrotar a Killer Kane y sus secuaces.

La producción funcionó muy bien, aumentando aún más la popularidad del personaje y la de Crabbe, el actor que le dio vida en pantalla. Conviene que nos detengamos un momento en la figura de este intérprete, porque marcó toda una época del cine de evasión de bajo presupuesto.

El Gary Cooper de los seriales

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Buster Crabbe

Larry Buster Crabbe, de nombre real Clarence Linden Crabbe, había nacido en Oklahoma pero pasó su infancia en el paradisiaco Hawaii, donde, obviamente, la natación se convirtió en su principal entretenimiento. Nadador experto, participó en las Olimpiadas de 1928 y 1932, obteniendo una medalla de oro en ésta última. Matriculado en la University of Southern de Los Ángeles, California, aspiraba a convertirse en abogado. En plena Depresión el dinero no abundaba precisamente, así que, para pagarse la carrera de Derecho, Crabbe empezó a trabajar en Hollywood como stunt-man, es decir, como especialista. No tenía ninguna ambición de convertirse en actor, pero aquello se le daba de miedo y se fue sumergiendo más y más en aquel ambiente. Por aquel entonces acababa de triunfar en la pantalla un nadador olímpico sin experiencia actoral previa, llamado Johnny Weissmuller, protagonista de TARZÁN DE LOS MONOS (TARZAN, THE APE MAN, W. S. Van Dyke, 1932). La película de Van Dyke, un verdadero bombazo, hizo ganar una fortuna a la Metro. El resto de los Estudios hollywoodenses trataron de sacar partido del filón, produciendo una serie de películas similares, muchas de ellas bastante lamentables. La Paramount, que había utilizado a Crabbe como especialista de acción en varios largometrajes, le ofreció un contrato para protagonizar EL REY DE LA SELVA (KING OF THE JUNGLE, Max Marcin, 1933), cinta de bajo presupuesto que copiaba descaradamente algunos de los planteamientos argumentales de TARZÁN DE LOS MONOS. Los buenos resultados en taquilla le facilitaron otro contrato para rodar TARZÁN DE LAS FIERAS (TARZAN THE FEARLESS, Robert E. Hill, 1933), serial de quince episodios en el que no pronunciaba ni una palabra, limitándose a emitir un gruñido de vez en cuando.

Crabbe no tenía muchos registros como actor, eso es cierto. Pero era el intérprete ideal para encarnar a aventureros sin fisuras. Además de a Gordon y a Rogers, interpretó también al detective creado por el dibujante Will Gould en el serial RED BARRY (Ídem, Ford Beebe y Alan James, 1938), así como al tarzanesco Thunīda en EL REY DEL CONGO (KING OF THE CONGO, Spencer Gordon Bennett y Wallace Grisell, 1952), en la época de declive del serial fílmico frente a la pujanza de las nuevas series televisivas.

Buck Rogers, a pesar de su tremenda popularidad en USA, no tuvo la misma suerte que Flash Gordon en los seriales, ya que, como he dicho, sólo se produjo uno. Tras Larry Buster Crabbe el personaje no volvió a aparecer en pantalla hasta 1950, en una serie de televisión protagonizada por Kem Dibbs, que tuvo una discreta acogida. Crabbe aparecería, muchos años después, como actor invitado en la serie Buck Rogers en el siglo XXV.

En cuanto a los seriales de Gordon protagonizados por Crabbe, fueron tres: FLASH GORDON (Ídem, Frederick Stephani, 1936), de trece episodios; FLASH GORDON RUMBO A MARTE (FLASH GORDON TRIPīS TO MARS, Ford Beebe y Robert E. Hill, 1938), de quince y FLASH GORDON CONQUISTADOR DEL UNIVERSO (FLASH GORDON CONQUERS THE UNIVERSE, Ford Beebe y Ray Taylor, 1940), de doce.

La serie de los 80

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Cartel de los años 1980

En 1979, a rebufo del apoteósico éxito de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS (STAR WARS, George Lucas, 1977), y en plena fiebre de las películas y series de tema espacial, la Universal decidió resucitar a Buck Rogers, cuyos derechos todavía poseía.

El productor Glenn A. Larson estaba produciendo, en el seno de Universal, Galáctica, estrella de combate (Battlestar Galactica), cuyo episodio piloto, de una hora y media de duración, había sido estrenado en salas comerciales de Estados Unidos y Europa, obteniendo una buena acogida. Larson y Universal, que habían llegado a un acuerdo para la producción de una serie de telefilms sobre Buck Rogers, acordaron que su episodio piloto también sería estrenado en cines, como si de un largometraje se tratara. BUCK ROGERS, EL AVENTURERO DEL ESPACIO (BUCK ROGERS IN THE 25TH CENTURY, Daniel Haller, 1979) tuvo una acogida más discreta que GALÁCTICA: ESTRELLA DE COMBATE, pero como recaudó más de veinte millones de dólares sólo en USA, la Universal decidió seguir adelante con la serie de periodicidad semanal.

Puesto que Larson era el productor de Galáctica: estrella de combate, decidió aprovechar en la nueva serie algunas maquetas, efectos especiales y piezas de vestuario originalmente concebidos para esa serie y que, por una razón u otra, habían sido desechados, lo que le permitió ahorrarse un buen puñado de dólares.

Tras el estreno de la película original en salas comerciales, ésta fue dividida en dos partes y utilizada como episodio piloto de la serie. En la versión televisiva se variaron algunos diálogos considerados inadecuados para un programa familiar, se amplió la extensión de algunas escenas y se crearon varias nuevas. La emisión de la serie se inició el jueves 20 de septiembre de 1979. La primera temporada constó de 24 episodios, incluyendo el piloto dividido en dos.

Los personajes principales eran Buck, interpretado por Gil Gerard, la coronel Wilma Deering, encarnada por Erin Gray, el robot Twiki al que daba vida Félix Silla y el doctor Elías Huer, encarnado por Tim OīConnor. Otro personaje recurrente era el doctor Theópolis, un ordenador con forma de disco, cuya voz en el original en inglés era la de Eric Server. En cuanto a los villanos, los principales fueron la princesa Ardala, interpretada por Pamela Hensley, y Kane, encarnado en el largometraje por Henry Silva y en la serie por Michael Ansara. Ocasionalmente aparecería Draco, padre de Ardala, que sería siempre interpretado por Joseph Wiseman. Erin Gray no quería trabajar en la serie, así que se buscó una sustituta, ofreciéndole el papel de Wilma a Juanin Clay. Pero Gray cambió rápidamente de opinión, y para compensar a Clay se creó para ella el personaje de la mayor Marla Landers, que sólo aparecería en un episodio, en concreto en el primero de la primera temporada, titulado LAS VEGAS EN EL ESPACIO.

El tono de la serie se suavizo un tanto, siendo menos sombrío y más ligero que el del largometraje. La producción fue bien recibida en general por el público, pero muchos críticos de televisión la consideraron incluso más estereotipada e infantiloide que Galáctica. A estas críticas se sumó Gil Gerard, que no estaba nada conforme con los argumentos de los episodios, a su juicio demasiado simples. El actor no pretendía que la serie se equiparará en complejidad a Star Trek, pero abogaba por unos guiones más trabajados, que presentaran historias más graves y adultas. Gerard tuvo varios encontronazos con los productores, y en noviembre de 1980, ante la perspectiva de una segunda temporada, declaró que era mejor que ésta no se rodara, si iba a ser tan patética como la primera.

A pesar de todo, decidió firmar para una temporada más, a lo que seguramente no fue ajeno el hecho de que se cambiaran algunos aspectos de la producción y el sustancioso aumento de sueldo que recibió. El cambio del formato se concretó en que Buck, Wilma y Twiki eran ahora parte de la tripulación de la nave espacial Searcher (Buscador), cuya misión no era otra que encontrar a los humanos que se habían desperdigado por la galaxia tras la guerra nuclear que había devastado la Tierra. La similitud entre este planteamiento y el leit motiv de Galáctica es evidente, por lo que debemos colegir que los responsables de Buck Rogers en el siglo XXV no se rompieron la cabeza pensando precisamente. Los personajes de Ardala, Huer, Draco, Kane y Theópolis desaparecieron, añadiéndose algunos nuevos. El más destacado de ellos fue el almirante Efraim Asimov (Jay Garner), que supuestamente era descendiente directo del celebérrimo Isaac Asimov. El veterano Wilfrid Hyde-White dio vida al doctor Goodfellow y Paul Carr al teniente Devlin.

Erin Gray, que había tenido que teñirse de rubio ante las exigencias de los productores, tuvo que ver cómo su personaje era suavizado para que resultara más femenino, en un absurdo intento por rebajar su tono militarista. Es obvio que también se trataba de complacer a la conservadora audiencia estadounidense, que todavía por esas fechas no veía con agrado a una mujer en un puesto de mando, dándole órdenes, en ocasiones con cierta rudeza, al bueno de Buck. Esa dulcificación forzada provocó que el rol de Wilma perdiera fuerza, perjudicando la credibilidad de toda la serie.

Los guiones de la segunda temporada se trabajaron a fondo, tratando de darles más gravedad a las historias y reduciendo al mínimo el componente militarista. También se atenuó sensiblemente el humor, y, en cuanto a la relación entre Buck y Wilma, se potenció la parte romántica de la misma. Los episodios trataron con bastante seriedad temas delicados, como la ecología, la religión, la guerra nuclear o el racismo, aunque hubo algunos que se basaron en cuestiones mitológicas. Esta nueva temporada fue más rica argumentalmente, pero quizás por ello los índices de audiencia bajaron alarmantemente. Los anunciantes, que son los que mantienen la inmensa mayoría de las emisoras de televisión estadounidenses, se negaron a que sus productos aparecieran en los cortes publicitarios de una serie con tan escasa aceptación, por lo que NBC decidió cancelar Buck Rogers en el siglo XXV definitivamente. La productora ni siquiera se avino a rodar un episodio de cierre, como se haría muchos años después con Star Trek: Enterprise. Por lo tanto, la segunda temporada totalizó solamente once episodios. El último de ellos se emitió el jueves 16 de abril de 1981. En total, la serie constó de 35 capítulos. Curiosamente, conocería una adaptación al comic, pero sólo se publicaron 16 números. Evidentemente, los buenos tiempos de Buck Rogers en la literatura dibujada se habían terminado.

Vista hoy día, Buck Rogers en el siglo XXV tiene todos los defectos de las series televisivas de ciencia-ficción de finales de los 70 y principios de los 80, demasiado influenciadas por el fenómeno STAR WARS. Sin embargo, es moderadamente entretenida y su ingenuidad e infantilismo, sobre todo en la primera temporada, resultan casi entrañables. No fue una gran serie, ni siquiera una buena serie de ciencia-ficción, pero merece una revisión, siquiera sea para comprender mejor el concepto que de nuestro género se tenía en la televisión americana de aquellas calendas.

© Antonio Quintana Carrandi, (3.463 palabras) Créditos