LAS TRES CREACIONES INSÓLITAS DE KLANT WOSS
LAS TRES CREACIONES INSÓLITAS DE KLANT WOSS David Wern
Título original: ---
Año de publicación: 2017
Editorial: Autoediciones Tagus
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 2017
Páginas: 275
ISBN:
Precio: 9,99 EUR

El homenajear a los clásicos del género es una actividad sobre todo divertida puesto que ya no solo se debe atender a una temática y escenarios predefinidos, sino que además hay que emular en lo posible el estilo del autor original y si es posible, hacer pasar el pastiche como un original.

En este caso que David Wern se embarca en una recreación de la obra de Julio Verne, emulando tanto sus temáticas como el estilo literario. Ciertamente en ambos aspectos sale airoso. No hay nada que más le fascinara a Verne que los avances científicos y tecnológicos del momento. Recordemos que era buen conocedor de lo más avanzado de su época, y que muchos de sus formidables artefactos son proyecciones de inventos futuros o ya en marcha. A ese respecto Verne nunca especuló con la ciencia por venir, tenía los pies muy en el suelo y jamás inventó algo que alguien no hubiera propuesto previamente de una u otra forma.

Otra cuestión que David Wern logra con bastante maestría es emular el modo verniano. LAS TRES CREACIONES INSÓLITAS DE KLANT WOSS está escrito en un reconocible estilo decimonónico, con un adecuado manejo de la sintaxis consigue ese efecto, sin necesidad de introducir palabras ya en desuso para envejecer el relato, lo que por otra parte suele conseguir efectos perversos, como enranciar la historia.

Además del modo y la temática, Wern también echa mano de la iconografía verniana. Abundan los nombres y orografía extraídos de la obra y entorno de Verne, la montaña Vern, la ciudad de Ox (UN EXPERIMENTO DEL DOCTOR OX), el río Begún (LOS QUINIENTOS MILLONES DE LA BEGUN), el biólogo Hetzel (P. J. Hetzel fue, prácticamente, su único editor) son los más reconocibles, y probablemente haya más referencias que se me han escapado.

Sin embargo, en lo que respecta al ritmo, LAS TRES CREACIONES INSÓLITAS DE KLANT WOSS falla estrepitosamente.

Una cuestión que suelen olvidar los émulos de Verne, es que más allá de analizar su estilo, obsesiones y temática, también deben estudiar la estructura de sus obras. Aunque fue Cecil B. DeMille quien afirmara que Las películas deben comenzar con un terremoto e ir creciendo en accion, Verne ya era un especialista en esto. En cierto modo empezaba la casa por el tejado. Por poner solo unos pocos ejemplos, LA ISLA MISTERIOSA comienza con un viaje en globo en mitad de un huracán; en 20.000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO un pavoroso monstruo siembra el terror por los siete mares; LOS QUINIENTOS MILLONES DE LA BEGUN con la noticia de una herencia de dimensiones inimaginables, LA VUELTA AL MUNDO EN 80 DÍAS con la presentación de las excentricidades de un gentleman extravagante. En resumen, que Verne se preocupa ante todo de captar la atención del lector, y una vez que la tiene, compone el escenario y construye los personajes, aunque en el caso de Phileas Fogg (como también hace con el profesor Lidenbrock) aproveche las particularidades del personaje para conseguir la atención del lector.

Pocos homenajes a Verne he leído en los que se tenga en cuenta algo tan evidente, son más conservadores desde el punto de vista arquitectónico, se presentan a los personajes, se muestra el escenario, y tras unos preámbulos demasiado largos, empieza la aventura. LAS TRES CREACIONES INSÓLITAS DE KLANT WOSS peca de este mismo defecto. No ocurre nada realmente interesante hasta el primer tercio de la novela. Todo se pierde en educados parlamentos entre los personajes, la relación de los antecedentes del señor Woss, las lógicas dudas de los lugareños y algún suceso de corte más bien anecdótico. Luego sí, catástrofes, desgracias y calamidades, pero para llegar hasta ellas hay que pasar unas cuántas páginas, no pocas, más bien irrelevantes.

Es una lástima que suceda así porque David Wern también demuestra ser muy capaz de captar la atención, tal y como ocurre en un combate naval en la segunda parte del libro, sin embargo, para llegar hasta ese momento se ha entretenido en relatar las cuitas del capitán Shelton Cove comandando el vapor Saintran, describir el Hong Kong del siglo XIX, las pérfidas maniobras británicas durante las guerras del opio, y parte de la historia de la piratería. No digo que no sean cuestiones interesantes que pulen y amplían la cultura del lector, pero si que se hacen plomizas, sobre todo cuando consiguen que se pierda la esperanza de que vaya a suceder algo de interés, como afortunadamente ocurre con el encuentro del Saintran con los piratas, que resulta francamente emocionante (aunque siguiendo el hilo de la lección de historia previa, no dejan de ser piratas intentando robar a piratas).

También tenemos un malo. Si, Klant Woss tiene un archienemigo que hará todo lo posible por amargarle la vida. No obstante la construcción de este malvado tiene varios problemas. Por lo pronto no crea tensión. A bueno de Woss le suceden una serie de desgracias, pero la relación de éstas con su contrincante es tan etérea que, aunque se sospeche, en ningún momento se tiene la certeza de que tenga algo que ver con ellas. A eso contribuye, y mucho, que Wern intenta mantenerlo en el anonimato, tanto, que lo convierte en esa presencia intuida pero para nada concreta. Paradójicamente desde las primeras notas biográficas de Woss queda claro quien va a ser, de hecho solo puede se él. En resumen, no es un buen malo, de esos que hacen saltar en la butaca cada vez que aparece porque promete emociones sin fin.

LAS TRES CREACIONES INSÓLITAS DE KLANT WOSS está bien escrita pero mal estructurada. No hay ritmo, ni suspense, David Wern lo ha hecho tan bien imitando a Verne que incluso abundan los plomizos pasajes descriptivos, que si bien en el caso de Verne tenían una marcada intención didáctica, en este caso, donde casi todo es ficción, entorpecen el ritmo de lectura. Sin embargo, no logra captar la atención y mantener el interés en las aventuras de Woss, algo en lo que Verne era un auténtico maestro.

© Francisco José Súñer Iglesias, (998 palabras) Créditos