EQUALS
EQUALS EE. UU., 2015
Título original: Equals
Dirección: Drake Doremus
Guión: Nathan Parker
Producción: Chip Diggins, Michael A. Pruss, Michael A. Pruss
Música: Dustin O´Halloran, Sascha Ring
Fotografía: John Guleserian
Duración: 101 min.
IMDb:
Reparto: Nicholas Hoult (Silas); Kristen Stewart (Nia); Scott Lawrence (Mark); Kate Lyn Sheil (Kate); Rebecca Hazlewood (Zoe); Yu Hwan Park (Seth); Bel Powley (Rachel); David Selby (Leonard); Aurora Perrineau (Iris); Nathan Parker (David)

Suele ser queja habitual que la ciencia-ficción cinematográfica se apoya en el soporte de los amados, a la vez que odiados, efectos especiales, y en los aspectos más físicos y violentos de los relatos de aventuras. Para fortuna de estos quejosos, de cuando en cuando tenemos películas en las que no hay nada de eso. Es más en EQUALS por no haber, no hay ni violencia verbal (nada de insultos ni malas palabras), a lo sumo algunas conversaciones tensas, y las escenas más desagradables se limitan a ver como unos fornidos guardias se llevan en volandas a un par de transgresores que se han pasado normas y reglamentos por el arco del triunfo (tal cual).

La cosa va de una sociedad futura en la que, tras una tremenda catástrofe, se ha reconstruido la civilización eliminando todas las emociones humanas. Todo el mundo se comporta prácticamente como un robot, y no hay la menor tolerancia hacia demostraciones improcedentes de ánimo o desánimo. Hasta la reproducción está limitada y planificada, nada de tocamientos ni farragosos ritos de apareamiento. Todo es uniforme, todos son iguales.

Peeero, hay un problema. Esa uniformidad se consigue modificando genéticamente los embriones en una fase temprana del embarazo, modificación que queda rota por la acción de un virus que devuelve esa humanidad perdida a los infectados por la enfermedad. No siendo mortal, es perturbadora porque introduce un factor de imprevisibilidad y cursilería en los enfermos. Además no tiene cura, aún, y la única forma de evitar su propagación, aunque se repita una y otra vez que no es contagiosa, es la eutanasia.

Con esas premisas es complicado hacer una película emocionante, las peculiares características de esta sociedad impiden que nadie suelte una palabra más alta que otra, así que, EQUALS es fría y sin personalidad, apenas unas pocas escenas de suspense reflexivo, con desenlace casi cantado, y poco más.

No podía ser de otra manera si Nathan Parker y Drake Doremus querían ser fieles a la idea original, pero con todo, diez minutos finales más físicos y con algo de mugre hubieran dado brillo a la película, a costa, probablemente, de hacerla más convencional, o si me apuran, hasta una copia actualizada de LA FUGA DE LOGAN, pero el tono monocorde de la película no ayuda precisamente a sentirse entusiasmado.

En sus papeles, todos los actores cumplen de sobra, tampoco debe ser un gran esfuerzo mantenerse impasible casi todo el tiempo, a excepción de unos pocos temblores de labios y alguna que otra mirada intensa, pero no mucho. Nicholas Hoult como Silas y Kristen Stewart como Nia, son la pareja de enamorados que se soportan el peso del protagonismo y, paradójicamente, lo hacen tan bien que realmente son los secundarios los que le dan relieve a la película, como es el caso de Guy Pearce o Jacki Weaver en sus cortas apariciones, o las más secundarias pero la vez inquietantes Bel Powley y Kate Lyn Sheil.

No se el presupuesto del que dispondrían, pero les ha salido bien barata, todo el mundo vestido con un sobrio traje blanco, con las notas de color de monos de trabajo grises y algún que otro atrevido ocre. Por lo menos hay la suficiente cantidad de extras como para no dar la sensación de que está rodada con la colaboración de los cuatro amiguetes del barrio, algo que siempre es de agradecer. En la misma línea, los escenarios son un muestrario de arquitectura minimalista: mucho espacio, líneas limpias y sobriedad no exenta de un cuidado diseño.

En resumen, una de esas películas que poner en la lista de ciencia-ficción reflexiva, que bebe en de las mismas fuentes distópicas de UN MUNDO FELIZ, LA FUGA DE LOGAN, THX-1138, o GATTACA, pero que por excesiva fidelidad al concepto que desarrolla, termina siendo tan glacial e impersonal como la sociedad que retrata.

© Francisco José Súñer Iglesias, (641 palabras) Créditos