La gran historia de las novelas de a duro
LOS BOLSILIBROS DE CIENCIA FICCIÓN DE JOSÉ LÓPEZ GARCÍA (ADAM SURRAY)
por José Carlos Canalda
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De los treinta y seis escritores que publicaron sus obras en las distintas colecciones de bolsilibros de ciencia-ficción de la editorial Bruguera (La conquista del espacio, La conquista del espacio extra, Héroes del Espacio y Los basureros del espacio), tan sólo ocho —alguno, eso sí, firmando con más de un seudónimo—, pueden considerarse como autores habituales, ya que entre ellos acapararon las tres cuartas partes de los algo más de mil títulos publicados en estas cuatro colecciones. Y si a éstas sumamos las 134 entregas de DANS, cuyo vínculo con la ciencia-ficción era tan sólo tangencial, su número aumentaría, como mucho, en dos o tres más.

Los veinticinco restantes pueden ser clasificados, a su vez, en otros dos grupos, uno con aquéllos que aparecen en los listados tan sólo de forma esporádica, y otro con los que podríamos denominar colaboradores menores, dejando claro que este adjetivo se refiere no a su calidad literaria sino tan sólo al número relativamente reducido, pero significativo, de novelas publicadas en estas colecciones, aunque bastantes de ellos sí fueron más prolíficos en las colecciones dedicadas a otros géneros.

Uno de autores pertenecientes a este último grupo es Adam Surray o, si se prefiere, José López García, de quien hasta hace unos meses tan sólo conocía su nombre y seudónimo junto con los títulos de sus novelas, diecinueve en total, repartidas entre las dieciséis de La conquista del espacio y otras tres en Héroes del espacio, únicas colecciones en las que colaboró, junto con dos reediciones tardías en Galaxia 2001.

Fue gracias a los amigos comunes de ACHAB, la asociación sevillana que tanto está haciendo por rescatar la memoria de los entrañables bolsilibros, cuando hace unos pocos meses pude entrar en contacto con José, proponiéndole escribir un artículo sobre su obra de ciencia-ficción con la intención de ponerle cara, que es como yo denomino al laborioso proceso de rescatar del anonimato y dignificar la labor de estos sacrificados, y también muchas veces desconocidos, obreros de la literatura.

José me respondió rápidamente y con gran amabilidad mostrando su conformidad, por lo que tras un intercambio de correos electrónicos y salvado también el paréntesis navideño, decidí ponerme manos a la obra.

Nuestro autor, gallego hasta la médula por ambas ramas familiares, nació en La Coruña el 7 de mayo de 1943. Sin embargo donde ha pasado la mayor parte de su vida ha sido en Valencia, a donde se trasladó su familia en 1948 cuando él era todavía un niño, lo que no impidió que siempre haya seguido ejerciendo de gallego —seguidor del Depor incluido— y que vuelva todos los años, de vacaciones y a comer pulpo, a su tierra natal.

Tras estudiar en Valencia el bachiller elemental y el superior, dejó los estudios para incorporarse al negocio familiar, un establecimiento hotelero. Casado desde 1970, es padre de dos hijos.

Pasemos ahora a su actividad como escritor, que no se limitó ni mucho menos a la ciencia-ficción. Dada su fecha de nacimiento, le integro en la que yo he bautizado como la segunda generación de autores de bolsilibros, todos ellos nacidos en torno a los años cuarenta, como Ángel Torres Quesada, Domingo Santos, Rafael Barberán, José Luis Bernabeu o José León Domínguez entre otros, los cuales tomaron el testigo —aunque en muchos casos llegaron a coincidir con ellos— de sus colegas de mayor edad tales como Pascual Enguídanos, Alfonso Arizmendi, Luis García Lecha, Enrique Sánchez Pascual, Juan Gallardo o Pedro Guirao, a los cuales se les puede considerar los precursores de la ciencia-ficción moderna española tras los duros años de la posguerra.

José, que ya de crío era un devorador de tebeos y de todo tipo de literatura popular, hizo sus primeros pinitos literarios en 1968 —para entonces Valenciana había cerrado ya sus colecciones de bolsilibros — enviando sus originales a las editoriales Toray y Rollán, barcelonesa la primera y madrileña la segunda. Ambas aceptaron su colaboración, la cual mantuvo hasta que Toray cerró sus colecciones de bolsilibros en 1972 y Rollán hizo lo propio en 1974.

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Una de las cosas que siempre suelo preguntar a los autores es el origen de su seudónimo, o seudónimos si utilizaron varios. José sólo tuvo uno, Adam Surray, y él mismo me lo explicó con las siguientes palabras: Lo del seudónimo no es muy original. Fue en mi cuarto intento de aprender inglés (no lo conseguí). El profesor hablaba del condado de Surrey en Inglaterra. Me quedé con el nombre. Me gustó. Cambié la e por la a. Impactaba mejor. El nombre... pues el primero. Adán, ¿no? pero con m final. Adam Surray, así de simple.

Tras el cierre de Toray en 1972 José probó suerte en Bruguera, también con éxito puesto que estuvo publicando en sus colecciones hasta el colapso del gigante editorial en 1986. Además de estas tres editoriales, en los años setenta tuvo también una colaboración casi testimonial con Producciones Editoriales —sucesora de Ferma — y su filial Ediciones Iberoamericanas, y otra más larga con Andina —en este caso se trató de reediciones— hasta la desaparición de los bolsilibros de esta última en 1989.

Ya en Bruguera fue la propia editorial la que le invitó a probar suerte en la ciencia-ficción dado que, al parecer, no disponía de suficientes originales para su colección La conquista del espacio; aunque a esas alturas José era ya un veterano escritor con un buen puñado de bolsilibros publicados en su haber, hasta entonces tan sólo había abordado el género policíaco y el del oeste, aunque conocía —y le entusiasmaba— la revista Nueva Dimensión. Asimismo probó suerte también con los bolsilibros de terror, un género prácticamente desconocido en España hasta entonces.

Su primera novela de ciencia-ficción fue LOS HIBERNADOS, que apareció publicada con el número 116 en octubre de 1972 y de la cual me comentaba que a él inicialmente no le gustó, aunque acabaría acomodándose al género. En realidad sus géneros favoritos eran el policíaco y el del oeste, los dos con los que se había iniciado como escritor, pero poco a poco se fue afianzando en la ciencia-ficción ayudado por la buena acogida que tuvieron sus novelas, algunas de las cuales (ALÍ-BABA Y LOS 40 MARCIANOS, MADE IN MARTE, OPERACIÓN MORITURI y VAGABUNDOS DEL ESPACIO) fueron calificadas como muy buenas por la editorial, lo que comportaba el cobro de una prima que se sumaba a la cantidad que percibían por la publicación de la novela.

Anécdotas, como todos sus colegas, tiene muchas. Por ejemplo, sus fuentes de información; teniendo en cuenta que entonces —estamos hablando de las décadas de 1970 y 1980— internet era auténtica ciencia-ficción, los escritores tenían que apoyarse en los diccionarios y las enciclopedias y, en general, en cualquier otra publicación que pudiera servirles de ayuda, algunas de las cuales no eran fáciles de encontrar. En el caso de José, se basó en diversos diccionarios especializados en temas tales como la astronáutica y el espionaje, así como en catálogos de armas o de automóviles, en planos de ciudades... cabe suponer que, de seguir escribiendo bolsilibros ahora, su trabajo habría resultado mucho más fácil que entonces.

Como es sabido, la táctica habitual de Bruguera hacia sus colaboradores era la de evitar por todos los medios posibles que se relacionaran entre ellos, probablemente por temor a que pudieran ponerse de acuerdo a la hora de reivindicar unas mejoras salariales o laborales en una época en la que la antigua ley de propiedad intelectual estaba descaradamente sesgada a favor de las editoriales. Por esta razón fueron muy pocos los casos en los que algunos autores pudieron llegar a conocerse y, cuando esto ocurría, solía deberse por lo general a un error de la editorial.

Precisamente esto es lo que ocurrió con nuestro escritor y con José Luis Bernabeu (Joseph Berna) cuando a la relativa similitud de sus nombres completos (José López García y José Luis Bernabeu López) se sumó el hecho de que ambos vivían en Valencia, llegándole a uno de los dos, por equivocación, una carta dirigida al otro. Error que tuvo sus frutos, puesto que sirvió para que ambos trabaran una sólida amistad que ha continuado hasta hoy en día.

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En Rollán había conocido también a Enrique Montoro Sagristá (Henry Keystone), un veterano escritor —había nacido en 1926— que sólo abordó la ciencia-ficción de forma muy puntual y que, según palabras de José, le ayudó mucho con sus consejos y sus ánimos en los comienzos de su carrera.

Según su propio recuento José publicó un total de 335 bolsilibros incluyendo las reediciones, el grueso de los cuales (194, alrededor del 60%) fueron del oeste, el género más popular, con diferencia, de todos ellos. Otros 90 bolsilibros, aproximadamente la mitad de los anteriores, fueron policíacos, siendo mucho menor su producción dentro del terror (30) y de la ciencia-ficción (21), esta última poco más de un 6% del total incluso contabilizando las reediciones. A la pregunta de por qué no había cultivado más este género, me respondió que no se debió a sus preferencias, sino a las pautas que le marcaban en Bruguera... lo cual, desde mi punto de vista de aficionado a la ciencia-ficción, me parece una lástima.

La relación de bolsilibros de ciencia-ficción de José abarca, tal como he comentado, un total de diecinueve títulos, a los que hay que sumar las dos reediciones aparecidas en Galaxia 2001, la colección de la editorial Andina. Los dieciséis de La conquista del Espacio fueron publicados entre 1972 —número 116— y 1983 —número 686—, este último en las postrimerías de la colección. Los tres de Héroes del Espacio lo fueron entre 1981 —número 44— y 1983 —número 189—, los dos primeros bajo el sello de la filial Ceres, y el tercero ya con la colección integrada en Bruguera. Las dos reediciones de Galaxia 2001, por último, están fechadas en 1984 durante la última etapa de esta colección, dándose la circunstancia de que ambas corresponden a las dos primeras novelas publicadas en La conquista del espacio.

Tal como he comentado en otras ocasiones, el colapso de Bruguera en 1986 supuso la desaparición en la práctica de los bolsilibros, tanto los de ciencia-ficción como los de otros géneros, ya que las escasas colecciones que lograron sobrevivir al desastre apenas si pudieron mantenerse durante unos pocos años, e incluso el intento tardío de reflotar La conquista del espacio por parte de Ediciones B a principios de la década de 1990 no logró pasar de los 63 números, todos ellos reediciones de antiguos títulos de Bruguera entre los cuales no se encontraba ninguno de los escritos por José.

A la catástrofe editorial, que se saldó con la extinción de la literatura popular en nuestro país, se sumó la tragedia personal de muchos autores que, habiéndose dedicado profesionalmente a ella, se encontraron de pronto sin trabajo y, en bastantes casos, con serios problemas para poder reciclarse profesionalmente. Por fortuna para José la literatura había sido una actividad complementaria al haber seguido vinculado al negocio familiar, aunque no por ello dejó de verse afectado profundamente no sólo por las pérdidas económicas, sino porque perdió también su ilusión por escribir. Éste fue el amargo final de un género editorial que tanto nos hizo disfrutar a los niños y los adolescentes de varias generaciones de españoles.

Bolsilibros de ciencia-ficción de Adam Surray

Colección La conquista del espacio
Título
116 Los hibernados
212 Hombres de goma
251 Ataúd para un robot
257 Perispíritu
299 Visitantes del futuro
307 Vagabundos del espacio
323 Larvas
367 Operación Morituri
396 Made in Marte
487 Amor y muerte en la tercera fase
534 Alí Babá y los cuarenta marcianos
612 La gran invasión
622 Fauna intergaláctica
633 La rebelión de los topos
670 En busca del dinosaurio perdido
686 El planeta de No volverás
Colección Héroes del espacio
Título
29 La tribu de Shalaw
44 Accidente en la Ipsilon-V
189 Humanoides
Colección Galaxia 2001
Título
329 Hombres de goma
336 Los hibernados
© José Carlos Canalda, (1.881 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Página de José Carlos Canalda el 17 de enero de 2018