MISIÓN: LA TIERRA
MISIÓN: LA TIERRA EE. UU., 1968
Título original: Star Trek TOS: Assignement: Earth
Dirección: Marc Daniels
Guión: Art Wallace
Producción: Gene Roddenberry
Música: Alexander Courage
Fotografía: Jerry Finnerman
IMDb:
Reparto: William Shatner (Kirk); Leonard Nimoy (Spock); Deforest Kelley (McCoy); James Doohan (Scott); Nichelle Nichols (Uhura); George Takei (Sulu); Walter Koenig (Chekov); Robert Lansing (Gary Seven); Teri Garr (Roberta Lincoln); Eddie Paskey (Leslie)
Temporada: 2, Episodio: 26

Sinopsis

Fecha estelar desconocida. La Enterprise ha viajado hacia atrás en el tiempo hasta 1968, en misión de exploración histórica. Apenas llegan al siglo XX, el transportador de la nave intercepta un haz de transportación procedente del espacio profundo, y un individuo vestido a la usanza de 1968 se materializa a bordo. Lleva consigo un extraño gato negro, dice llamarse Gary Seven y exige ser transportado de inmediato a la Tierra, pues debe cumplir una misión de vital importancia. Kirk decide retenerle, ante el temor de que se trate de un alienígena con un oscuro propósito para la humanidad, pero Seven consigue huir de la nave. Kirk y Spock salen en su persecución.

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Roberta y Spock

MISIÓN: LA TIERRA, aun siendo un capítulo de Star Trek, fue concebido como el episodio piloto de una nueva serie de ciencia-ficción del mismo título. Roddenberry estaba muy ilusionado con el proyecto, pero al final no se siguió adelante con la idea. ¿Por qué? No está claro. Pero en los mentideros Trek se insinuó, años más tarde, que Roddenberry tuvo que renunciar a su proyectada nueva serie para poder seguir adelante con TOS. Si la serie clásica logró mantenerse en antena durante tres años fue, además de por las intervenciones de los entusiastas seguidores, por la férrea actitud del Gran Pájaro de la Galaxia, que tenía los cinco sentidos puestos en su producción y que estaba siempre alerta ante las maniobras de Paramount y NBC, que deseaban cancelarla. Si el bueno de Gene se hubiera embarcado en el rodaje de una nueva serie, probablemente habría tenido que relajar su atenta vigilancia de todo lo que se relacionaba con TOS, lo que sin duda habrían aprovechado rápidamente los muchos detractores que Star Trek tenía entre los cuadros de mando de NBC y Paramount. De ser esto cierto, Roddenberry habría renunciado a MISIÓN: LA TIERRA para asegurar la continuidad de Star Trek. Sea como fuere, el caso es que la nueva producción nunca vio la luz. Y es una verdadera pena, porque, a juzgar por los resultados de este magnífico episodio, MISIÓN: LA TIERRA pudo haberse convertido en una más de las muchas series televisivas icónicas de los 60. En ella Gary Seven, además de luchar contra algunos extraterrestres que planeaban dominar la Tierra de forma soterrada, también debería haberse enfrentado a peligrosas situaciones límite, generadas por los propios terrícolas, que ponían el planeta en peligro de ser destruido.

En fecha tan temprana como 1966, con Star Trek recién estrenada en la pequeña pantalla, Roddenberry ya tenía muy avanzado el proyecto de MISIÓN: LA TIERRA, e incluso se dice que disponía ya de los esbozos argumentales para varios capítulos. En la serie habría dos malvados fijos, los alienígenas multiformes Harth e Isis, que pretendían alterar el curso de la historia terrestre para así dominar el planeta con más facilidad. En su cruzada Seven contaba con la ayuda de una chica terrestre, Roberta Hornblower. Tiempo después, y con algunos ligeros cambios, MISIÓN: LA TIERRA se convirtió en el último episodio de la segunda temporada de TOS. Como se ha dicho, Roddenberry preveía utilizarlo a su vez como el piloto de la nueva producción, pero ésta nunca llegaría a rodarse. Tal decisión se tomó tras el rodaje y emisión del episodio, pues en el final del mismo Spock pronuncia una frase que parece corroborar la intención de hacer de MISIÓN: LA TIERRA una serie independiente. El vulcaniano dice textualmente: Podríamos decir que al señor Seven y a la señorita Lincoln les están reservadas algunas interesantes experiencias.

Estamos ante un capítulo muy divertido, a pesar de que el tema central del mismo sea la carrera de armamentos y el terrible peligro que representa para la continuidad de la especie humana. Como es obvio, Gary Seven le roba el protagonismo al mismísimo Kirk. Tras huir de la Enterprise y transportarse a la oficina neoyorquina en la que tienen su cuartel general dos enviados de su planeta, descubre que éstos han muerto en un accidente sin llegar a cumplir su misión, por lo que él debe sustituirlos. Kirk y Spock, que no saben en qué consiste su misión ni si ésta es beneficiosa o perniciosa para la Tierra, tratan de detenerlo. Y para colmo aparece Roberta Lincoln, una alegre chica minifaldera, contratada como secretaria por los dos agentes fallecidos, que tampoco le pondrá las cosas fáciles a Gary, aunque al final entrará en razón y se convertirá en su más fiel colaboradora..., con permiso de Isis, claro. La preciosa y misteriosa gatita negra, que mantiene una relación estrechísima y muy especial con Seven, es un personaje más del episodio. Cuando al final Roberta ve a Isis no como a una gata, sino como a una hermosísima mujer de ademanes y apariencia felinos, el espectador se pregunta si es una humanoide capaz de adquirir la forma de un gato, o un gato que puede adoptar forma humana. La cosa no queda clara, pero imagino que se trata de lo primero, ya que en principio Isis debía ser uno de los enemigos multiformes de Seven.

Seven, cuya misión es pacífica y humanitaria, no lleva un arma impresionante, sino una especie de bolígrafo plateado que lo mismo sirve para anular campos de fuerza que para bloquear cerraduras. También es un eficaz paralizador, pero al contrario que los phaser, que le mandan a uno al reino de la inconsciencia con cierta brutalidad, su descarga deja a la víctima plácidamente dormida, con una sonrisa de total felicidad en su rostro. Claro que, llegado el caso, puede emplearse como un arma convencional, como podemos ver cuando Seven secciona de un disparo el cable del teléfono con el que Roberta pretende llamar a la policía, o cuando impide que la muchacha siga apuntando a Kirk con el bolígrafo, que sin darse cuenta la chica ha graduado al máximo, y cuya descarga podría volatilizar al capitán.

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Seven yel gato maravilla

Además de ése curioso adminículo que porta Seven en un bolsillo de la chaqueta, en el episodio aparecen una serie de artefactos que se ven por primera vez en TOS, como la pantalla de la sala de transportación de la Enterprise o el aparato con el que Scotty consigue imágenes aéreas de la torre de lanzamiento. Gary Seven emplea asimismo una parafernalia muy aparente. Además del ya mencionado bolígrafo multiusos, merece especial mención el sorprendente y potentísimo rayo transportador que emplea para llegar a la Tierra, que puede desplazar cosas o personas a una distancia de centenares o tal vez miles de años luz, y que posiblemente también pueda operar a través del tiempo. En un momento dado Scotty comenta que ni siquiera en el siglo XXIII existe una tecnología semejante.

El despacho de Gary Seven en el Nueva York de 1968 tampoco tiene desperdicio. Como es lógico, está decorado al estilo de los años 60, pero encierra algunas sorpresas, como la cámara acorazada que es, en realidad, un transportador, o el sofisticado ordenador oculto tras una enorme librería. Esta computadora está repleta de líneas de luces de colores, además de tener una pantallita circular con luces fluctuantes que crean un efecto como de agua. El ordenador, del modelo Beta 5 según comenta Seven, posee una matriz de personalidad, pues habla con una aguda voz femenina y parece considerar a Seven como a alguien muy inferior a él. También se puede acceder a este ordenador mediante unos terminales en forma de pequeños cubos verdes de vidrio. Por último, tenemos una máquina de escribir eléctrica con la que no es necesario saber mecanografía, pues basta con activar una especie de dictáfono que lleva incorporado y empezar a dictar para que la maquinita de marras lo escriba todo. El sueño de cualquier secretaria de la época hecho realidad.

Los actores invitados acaparan el protagonismo del episodio, de forma que en determinados momentos parece incluso que Shatner y Nimoy sean los secundarios, lo que refuerza la impresión de que MISIÓN: LA TIERRA se concibió como el piloto de una nueva serie. Robert Lansing era un rostro muy popular en el cine y la televisión de los 60, un actor que ejerció casi siempre como secundario de lujo, interpretando sus papeles con gran dignidad. De haberse rodado la serie prevista, posiblemente su popularidad se habría disparado.

Teri Garr no era una actriz muy conocida en 1968. Alcanzaría la fama algún tiempo después, pero consigue que su personaje nos caiga bien desde un principio. A pesar de su atolondramiento, y de que vista una minifalda de color naranja chillón con medias a juego y vaya maquillada en exceso, no tiene nada que ver con los hippies o con aquellos jóvenes sesenteros que hacían sentadas y manifestaciones, protestando por todo por el simple gusto de protestar, pero sin aportar soluciones factibles de ninguna clase. Roberta Lincoln es una buena chica, preocupada por los problemas de su época, como la guerra fría y la carrera armamentística. Pero no es, ni de lejos, lo que ahora llamaríamos una progre, definición que sí podría aplicarse a muchos de sus contemporáneos. No está muy de acuerdo con lo que sucede en el mundo, pero cuando cree que Gary Seven es un agente extranjero que pretende sabotear una misión de la NASA, actúa con arreglo a su conciencia y haciendo gala de un sano patriotismo exento de extremismo. Aunque muchas cosas no le gustan, no es partidaria, como si lo eran muchos jóvenes desnortados de su generación, de arramblar con todo lo establecido. Por ello no duda en actuar cuando lo cree necesario, aunque mete la pata con frecuencia y está a punto de echarlo todo a perder. Es un personaje femenino fascinante, que habría dado mucho juego en la abortada serie.

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Roberta pergeñando un plan

En este capítulo, como en tantos otros, aparece Eddie Paskey como Leslie. Los trekkies hemos llegado a apreciar a este tripulante de la Enterprise, a pesar de las incongruencias de sus apariciones, que le llevaron a morir en un episodio para reaparecer al siguiente como si tal cosa. Pero es que en MISIÓN: LA TIERRA alcanza el don de la ubicuidad; es decir, está en distintos lugares al mismo tiempo. En este capítulo tenemos una de las pifias más notables y comentadas por los trekkies durante décadas. En determinado momento vemos a Leslie en uno de los corredores de la nave, junto a otro tripulante, ambos ataviados con casaca ocre. De inmediato cambia el enfoque, y volvemos a verle, simultáneamente y durante un breve instante, en ingeniería con el señor Scott y vistiendo mono rojo. Y por si eso fuera poco, no mucho después se le vuelve a ver con uniforme rojo, como uno de los agentes de seguridad que acuden al transportador para arrestar a Gary Seven.

No hubo composición musical original para este episodio. Courage optó por utilizar fragmentos de composiciones empleadas en otros capítulos, adecuándolas a las distintas situaciones de la acción. Como la audiencia se había acostumbrado a asociar una pieza concreta con una acción determinada, el resultado es excelente.

No puedo terminar este comentario sin referirme a las puertas de la Enterprise, que en determinados momentos parecen ser capaces de discernir cosas como el tamaño de lo que va a cruzarlas. Cuando Isis abandona la sala de reuniones para ir en busca de su amo, la puerta de la estancia se abre completamente. Pero cuando la gatita entra en la sala de transportación, la puerta se abre sólo lo justo para dejarla pasar. Parece una locura, pero ¿es la puerta de la sala del transportador más inteligente, por así decirlo, que la de la sala de reuniones?

MISIÓN: LA TIERRA fue en su momento uno de los episodios más populares de TOS, pues trataba temas que entonces eran de rabiosa actualidad. Disfrutemos pues de esta fascinante y divertida historia Trek, que pudo haber abierto el camino a una exitosa serie independiente.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.961 palabras) Créditos