EL MUNDO FORTALEZA
EL MUNDO FORTALEZA James E. Gunn
Título original: This Fortress World
Año de publicación: 1955
Editorial: Dronte
Colección: Libros Nueva Dimensión, nº 5
Traducción: José Manuel Álvarez Flórez
Edición: 1976
Páginas: 176
ISBN:
Precio: Descatalogado
Comentarios de: Luis del Barrio

Uno a veces se encuentra con libros realmente extraños. Lo que parecía una vulgar space-opera con ciertos aires literarios, se acaba enderezando, convertido en un alegato político de una cierta entidad, para a la página siguiente desgraciar las ideas sugeridas con la introducción de telépatas y otros seres igual de estrambóticos.

La novela empieza describiendo como Will, acólito de La Catedal, durante un oficio contempla horrorizado como unos mercenarios mutilan salvajemente a una muchacha sin aparente justificación. Ella, previamente, había depositado en el cepillo un objeto que Will recupera y que le va a cambiar la vida.

A partir de ese momento todo son medias verdades, traiciones, persecuciones, asesinatos, más persecuciones, más asesinatos, y Will cada vez más descreído y endurecido. La verdad es que parecía una de esas típicas historias en las que el protagonista, humilde, insignificante, accede a los círculos de poder y por arte de birlibirloque resulta ser descendiente de una noble casa expulsado al arrollo desde su posición de privilegio por alguna venganza o descuido, o quizá un elegido capaz de subvertir el poder establecido por la mera fuerza de su voluntad. El Emperador de todas las cosas, en definitiva.

Sin embargo, Will resulta ser un tipo más bien gris que solo gracias a la apropiación del objeto (un trozo de cristal bastante anodino) va trepando a pasos agigantados la escalera de la madurez física y mental. Sus encuentros con personajes de todo tipo, desde misteriosos salvadores a prostitutas de buen corazón, pasando por fríos asesinos profesionales, le hacen espabilar rápidamente y, aunque no tiene ni idea de porqué su destino se ha torcido de una manera tan radical, si tiene claro que para sobrevivir debe ser más implacable y astuto que sus contrincantes. Porque al cabo todos quieren lo mismo, el cristal. La idea es que tiene algún tipo de valor, o propiedad, o poder, que lo hace más valioso que la vida de la mitad de la población de la capital.

La muchacha se lo había robado al Emperador, pero a la vez cierta facción de palacio tenía sus propios planes respecto al objeto, cosa que también ocurría con otros poderes periféricos, en apariencia menos tentados a hacerse con el Poder. En realidad todo es bastante confuso en la parte media de la novela (bien, en casi toda la novela), que relata las cuitas de Will por la capital evitando ser capturado y averiguando cada vez más cosas sobre el misterioso objeto. Tras eso, un buen montón de páginas se centran en el intento de Will de buscar respuestas concretas, de primera mano, acerca de la piedra y las maniobras desesperadas que hace para conseguir llegar al centro real del Poder de la Galaxia.

Lo que James Gunn tarda en concretar es el escenario geopolítico en el que se mueve Will, y quizá por eso la narración se hace tan confusa, aparte de un excesivo abuso de las figuras literarias. La idea es que hay un buen montón de mundos, casi aislados entre si, apenas articulados bajo el mando de un emperador que lleva el título a nivel prácticamente nominal, y que todos ellos están más o menos en la misma situación, una población sumida en la ignorancia deliberadamente por una clase dominante que, por lo demás, estaría encantada de invadir otros mundos pero se decide porque las expediciones están prácticamente abocadas al fracaso.

La solución que da Gunn para tal problema es instruir a la población a través de la Iglesia, y los telépatas, claro. y que el pueblo, una vez ilustrado, se sacuda de sus cadenas y decida por el mismo que clase de vida quieren tener. Todo muy precipitado y traído por los pelos.

Entre eso, y los esfuerzos que hace el autor por pasar por un gran literato, el libro acaba por ser bastante desastroso. Menos mal que es corto y no llega a hacerse insufrible, pero es de esas lecturas que no recomiendo a nadie.

© Luis del Barrio, (657 palabras) Créditos