CAPITÁN AMÉRICA: EL PRIMER VENGADOR
CAPITÁN AMÉRICA: EL PRIMER VENGADOR EE. UU., 2011
Título original: Captain America: The First Avenger
Dirección: Joe Johnston
Guión: Christopher Markus, Stephen McFeely, Joe Simon, Jack Kirby
Producción: Kevin Feige
Música: Alan Silvestri
Fotografía: Shelly Johnson
Duración: 124 min.
IMDb:
Reparto: Chris Evans (Capitán América / Steve Rogers); Hayley Atwell (Peggy Carter); Sebastian Stan (James Buchanan «Bucky» Barnes); Tommy Lee Jones (Coronel Chester Phillips); Hugo Weaving (Johann Schmidt / Red Skull); Dominic Cooper (Howard Stark); Richard Armitage (Heinz Kruger); Stanley Tucci (Doctor Abraham Erskine); Samuel L. Jackson (Nick Fury); Toby Jones (Doctor Arnim Zola)
Comentarios de: Antonio Santos

Guerreros de salón

...y de una ucronía de resonancias nazis a otra adaptada a la pantalla de plata tras un decoroso paso por las viñetas. Dos mensajes, entre otras cosas, he creído ver en este filme de Joe Johnston.

El primero es el sutil mensaje de que realmente los nazis no la tenían liada parda en la Europa de la Segunda Guerra Mundial, ni antes. Todo el poderoso mal oculto bajo las banderas con cruces gamadas del Reich Milenario lo causaba un agente secreto con tendencias pseudomesiánicas (aunque adorase cierto culto pagano nórdico), Johann Schmidt, comandante de una mesnada de fanáticos más ultras que los SS de N, aunque vistiesen el mismo oscuro uniforme confeccionado por Hugo Boss (¿a que ignorabais eso?).

Schmidt, víctima de un experimento de mejora eugenésico, emprendido por la versión buena de Joseph Mengele, el Dr. Erskine (Stanley Tucci, especie de Einstein zarrapastroso pero capaz de portentosos acontecimientos), manda en el III Reich más aún que Hitler, desprende la cinta. Los nazis (incluyamos en este término a todo alemán de la época que nos ocupa, aunque ni comulgase con el ideario nacionalsocialista y lo odiase con toda su alma —que los había—) son una fuerza fantasmal de dudoso poder/influencia que pasea por la devastada Europa según lo que Schmidt, el temible Cráneo Rojo (vendría filtrado de la División Totenkopf de Theodor Eicke), dicte. No el Führer, a quien Cráneo anula metafóricamente cuando dispara el arma de energía que desintegra a los burlones capitostes nazis que visitan su guarida alpina llena de cacharros de hi-tech retropunk.

Por otra parte, Capitán América (Chris Evans), nunca llega a tocar a un nazi; combate enmascarados (detalle importante), tropas que desprenden regusto a los clones de Star Wars; son más amenazadores que los stormtroopers por su uniforme, pero, al mismo tiempo, son una masa falta de identidad.

En ningún momento vemos a esta elite con un rostro identificable. Son autómatas a los que Capitán América y su pandilla (supurada de MALDITOS BASTARDOS, tomados a su vez de los Águilas Aulladoras liderados por el Nick Fury de los cómics) hacen titánicos estragos pese a estar equipados con un armamento inferior al del potente enemigo. De nuevo, he aquí la analogía de David contra Goliat, tan cara a la América que su TV y cine vende, la superación del débil ante el poderoso.

Que las fuerzas de Cráneo, denominadas HYDRA, no tengan faz le conviene a Johnston y al público en general, pues así el Capitán puede tundirles como desee y cuanto quiera. No vemos a un tío cuya cara se licúa tras recibir una hostia del experimento eugenésico americano perfeccionado, sino una careta de soldador de diseño que recibe golpes, puñaladas, tiros, sin transmitirnos un ergio de empatía por su sufrimiento, el cual moderaría el castigo.

Suelen describir CAPTAIN AMERICA, THE FIRST AVENGER como un espectáculo competente pero sin la efectividad de, por ejemplo, IRON MAN; ha convencido, sí, ajá, mas no epatado ni entusiasmado. Empero, si la razonamos bajo la óptica del baile de máscaras, podremos apreciar que es filme cargado de Propaganda tendenciosamente militarista. Muestra que el enemigo no es alguien, sino algo que puede recibir tanto castigo como nuestro instinto sádico desee. Sigue, a modo, el planteamiento nazi de cómo tratar al judío, al que antes de masacrarlo desvirtuó como sujeto, desfigurándolo con estereotipos hirientes y caretas, tales como la nariz ganchuda, el mentón prominente, una personalidad zorruna. Así, el pueblo no veía a alguien linchado por desaforados de las Juventudes Hitlerianas, sino algo inmundo que merecía morir. So pretexto de los uniformes espectaculares, Johnson­ hace igual. América ahora está en guerra, y el malo no merece compasión.

Por eso no aparece ningún nazi combatiendo al hombre estrellado que tiene un plan (el enemigo no es humano; martirízalo como quieras), sino malignas máscaras que se mueven con mecánica precisión para destruir el mundo e imponer una doctrina abstrusa que desborda los miserables planteamientos hitlerianos milenaristas.

Steve Rogers, alter ego de Capitán América, merece reflexión. Se elige de entre la masa a un joven incapacitado físicamente para la guerra merced a su ardor guerrero inextinguible y el desprendido hálito de su ánima (el candidato idóneo que perseguía Erskine, un hombre bueno invulnerable a la corrupción gracias a su férrea convicción moral, cualidad amplificada por su suero). Rogers es un lotófago de la Propaganda, tan lerdo que no puede ver más allá del toque del clarín estridente y el bombardeo de consignas que la pantalla titilante del cine arroja entumeciéndole ojos y sesos.

Cree absolutamente todo cuanto pregona la persuasiva voz-en-off (que nunca miente, ni se equivoca). Y actúa en consecuencia, sin análisis, cebados sus sueños de glorioso sacrificio (masoquista) por la patria, ideales apenas diferentes de los de cualquier nazi adicto al Régimen; sólo les distinguía el idioma.

Cuando por fin traba contacto con la guerra, Rogers encara a hombres socarrados por ella. Le toman por un farsante afeminado embutido en un colorido disfraz de opereta. ¿Es eso un soldado? ¿Uno que abrasó nazis en un búnker con el lanzallamas y oyó, OYÓ, sus alaridos? ¿Vio al camarada roto en dos debido a una mina? ¿Presenció cualquier otro horror bélico? No. Actúa en distintos escenarios vertiendo Propaganda escoltado por coristas vistosas, las que en realidad desea ver la soldadesca.

A Rogers - Capitán América le ahorran las tribulaciones de la guerra (mutilaciones, genocidios, camaradas muertos de modo horrible) porque entonces se desplomaría. Vería el mundo real que tenazmente se ha negado a presenciar erigiendo un denso muro de consignas a su alrededor. Empezaría a cuestionar y preguntarse cosas. Capitán América, pese a su rutilante lema de defender la libertad y la democracia, no es distinto al poster de reclutamiento de Uncle Sam dibujado por FLAGG. Promociona una idea totalitaria belicista que para extenderse, sobrevivir, apela a la defensa de lo opuesto.

Le fabricaron una guerra estéril para aislarle del horror, las preguntas, las decepciones. Y anónimos enemigos de cartón piedra, pero maqueados de Hugo Boss, para que la farsa, además de completa, fuese estilizada. Y así seguir combatiendo con la conciencia tranquila y limpia.

© Antonio Santos, (1.015 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 22 de abril de 2013