DEJA Q
Star Trek TNG: DEJA Q EE. UU., 1990
Título original: Star Trek TNG: Déjà Q
Dirección: Les Landau
Guión: Richard Danus
Producción: Ira Steven Behr
Música: Jerry Goldsmith y Dennis McCarthy
Fotografía: Marvin Rush
Duración: 45 min.
IMDb:
Reparto: Patrick Stewart (Picard); Jonathan Frakes (Riker); Brent Spiner (Data); Marina Sirtis (Troi); Gates McFadden (Dra. Crusher); Levar Burton (LaForge); Michael Dorn (Worf); Will Wheaton (Wesley); John de Lancei (Q); Whoopi Goldberg (Guinan); Betty Muramoto (Científico Bre´el); Corbin Bernsen (Segundo Q)
Temporada: 3, Episodio: 13

Sinopsis

Fecha estelar 43539.1. Cuando la Enterprise se encuentra en una misión para restablecer la órbita del satélite natural del planeta Bre´el 4, Q aparece en la nave. El Continuo Q, órgano de gobierno de su especie, le ha castigado a vivir como una criatura mortal. Q ha elegido adoptar la apariencia humana y la Enterprise como destino, lo que no agrada nada a Picard. Para acabar de complicar las cosas, los calamarain, unas formas de vida que fueron víctimas en el pasado de los juegos de Q, buscan venganza y atacan la nave con la intención de matarle.

Como un simple mortal
Como un simple mortal

Q ha vuelto, para satisfacción de sus muchos fans, entre los que me cuento. Claro que, en esta ocasión, la histriónica criatura omnipotente e inmortal que recala en la Enterprise no es el todopoderoso incordio que conocemos, sino un simple ser humano. La razón es que sus compañeros del Continuo Q, hartos de sus muchas tropelías, le han castigado quitándole sus poderes y condenándole a vivir como un ser mortal. Consciente de que, en cuanto se corra la voz de que ha perdido sus poderes, muchos de los seres a los que martirizó en el pasado le buscarán para vengarse, Q elige la forma humana y la Enterprise como destino, pues está seguro de que Picard le defenderá llegado el caso. Y no puede negarse que conoce bien a los humanos, porque Picard, aunque no acaba de creerse la historia que cuenta y al principio le encierra en una celda, acaba por concluir que la cargante entidad no tiene nada que ver con el problema de la luna de Bre´el 4, y acepta, con cierta lógica reticencia, la ayuda que le ofrece el semi dios caído en desgracia.

La sub-trama del satélite natural que amenaza con colisionar con el planeta Bre´el 4 es interesante, pero sólo sirve de complemento a la fascinante historia de Q. Esta es la primera y única vez que se verá a la poderosa entidad, tan egoísta y pagada de sí misma, tan prepotente, desconcertada. No es para menos. Pasar de ser una criatura omnipotente, capaz de manejar a su antojo el universo entero, a ser una simple persona de carne y hueso, sometida a las limitaciones características de los humanos, tiene que ser muy duro. Q duda de su elección, pero lo cierto es que, aunque se niegue a reconocerlo, siempre se ha sentido fascinado por la humanidad, lo que sin duda pesó en su decisión y explica por qué casi siempre se manifiesta con apariencia humana. Nunca lo admitirá, pero admira a Picard y hasta le respeta un poco, y sabe que el capitán no permitirá que, convertido en humano, le hagan daño. Pero a pesar de todo, sigue siendo en gran medida el cargante de siempre, porque una cosa es arrebatarle sus poderes y otra muy distinta su personalidad.

Curiosamente, con el que establece la mejor relación es con Data. Le fascina esa criatura artificial, e inopinadamente llega a relacionarse muy bien con el oficial científico. Tanto es así, que Data, lógico hasta el fin, intercede por él en la reunión de oficiales, lo que molesta un tanto a Deanna, que como el resto de los mandos de la nave, no se fía un pelo de Q. El punto de inflexión lo marcará el momento en que Q es víctima del ataque de los calamarain, siendo salvado en última instancia por la intervención de Data. El androide ha estado al borde de la destrucción al salvarle la vida, lo que obliga a Q a reflexionar y a tomar una decisión extrema, en parte por egoísmo, porque no soporta vivir con las limitaciones y carencias humanas, y en parte por demostrar a Picard, y tal vez también a sí mismo, que puede ser capaz de acometer una acción noble y desinteresada. Claro que, en el último momento, interviene uno de sus compañeros del Continuo, que le explica las verdaderas razones por las que fue despojado de sus poderes, y se los devuelve, aunque con una severa advertencia. Q vuelve a ser el mismo de siempre, y quizá para congraciarse con Picard, devuelve la luna de Bre´el 4 a su órbita original.

DEJA Q es uno de los episodios más endiabladamente divertidos de toda la serie, una continua sucesión de gags y sketches a cargo de Q, cuya mordacidad, ironía e ingenio desarman a Picard y sus oficiales, para regocijo de los espectadores. Resulta chocante que Picard y su gente insistan en definirle como amoral, cuando es lógico que ésa sea su característica principal, teniendo en cuenta que es poco menos que un dios todopoderoso. ¿Es que Q no merece que se le apliquen los mismos criterios que a otros seres, como postula la filosofía IDIC, o Infinita Diversidad en Infinitas Combinaciones?

Los Q vendrían a ser algo así como la aristocracia de las especies inteligentes del universo, y en este episodio descubrimos que el Q que conocemos es como el enfant terrible que todas las clases altas tienen, un bufón que a veces se pasa de la raya.

Guinan nos sorprende mostrándonos su faceta más oscura cuando agrede a Q con un tenedor, para comprobar si es verdad que ha perdido sus poderes y sólo es un vulgar humano. En descargo de la elauriana, hay que decir que le conoce muy bien. Su pueblo ha sido objeto de las pesadas bromas del dios, y es la única que demuestra algo parecido al odio hacia él. Guinan considera que el castigo de Q es justo, y resume la notable fragilidad de su nueva naturaleza humana con una frase lapidaria: Siendo la sombra miserable de un hombre, la única forma de sobrevivir es suplicando la caridad de otros.

Q en su salsa
Q en su salsa

En TNG, como en TOS, los guiones se alteraban de un día para otro, provocando en muchas ocasiones que una buena historia se plasmara en un capítulo mediocre. En DEJA Q sucedió al revés. El guión original trataba sobre una guerra entre la Federación y los Klingon, provocada por Q, que había simulado la pérdida de sus poderes. Fue Roddenberry quien decidió cambiar el relato, centrándolo en los problemas a los que debería enfrentarse Q al ser despojado de sus poderes, y tener que vivir una existencia normal como ser humano. El resultado a la vista está: uno de los mejores episodios de la tercera temporada.

Se ha criticado el aspecto de la salvación final de Q, que según algunos resulta apresurado y sorprendente. También se ha acusado a John De Lancie de no resultar creíble cuando reconoce ante Picard lo cobarde y ruin que se siente, de no comportarse como el Q que todos los trekkies conocen y admiran. Es un error, porque lo que ocurre, en realidad, es que a Q le cuesta muchísimo reconocer algo así, y De Lancie lo interpreta magistralmente, dándole a su voz una entonación dubitativa, como si a él mismo le costara creer lo que está diciéndole al capitán. Basta ver la escena en su versión original para apreciar el matiz. De todas formas, cuando todo se soluciona y las aguas vuelven a su cauce, el inefable Q vuelve a ser el de siempre, amoral e irreverente, con mariachis y puros habanos incluidos, para prometerle a Picard que volverá muy pronto. La última advertencia del jocoso diosecillo es el genial colofón para un episodio al que no le puede poner un pero.

Bueno, a decir verdad, sí que se le puede poner un pero. Me refiero a la horrorosa y estúpida traducción al español del título. Por lo que yo sé, la expresión déjà vu se emplea para definir una especie de efecto neurológico, que provoca la sensación de que lo que se está viviendo en un momento dado ya se ha vivido antes. ¿No podían haberse esforzado un poquito, y encontrar una traducción más correcta del título? ¿O es que a los lumbreras de los traductores tan evidente juego de palabras les sonaba a chino?

© Antonio Quintana Carrandi, (1.332 palabras) Créditos