LIFE
LIFE EE. UU., 2017
Título original: Life
Dirección: Daniel Espinosa
Guión: Rhett Reese, Paul Wernick
Producción: Bonnie Curtis, David Ellison, Dana Goldberg, Julie Lynn
Música: Jon Ekstrand
Fotografía: Seamus McGarvey
Duración: 104 min.
IMDb:
Reparto: Hiroyuki Sanada (Sho Murakami); Ryan Reynolds (Rory Adams); Rebecca Ferguson (Miranda North); Jake Gyllenhaal (David Jordan); Olga Dykhovichnaya (Ekaterina Golovkina); Ariyon Bakare (Hugh Derry)

Hay cierto tipo de películas que me ponen de un humor un tanto borrascoso. Son aquellas en las que los protagonistas, supuestamente excelentes en cada uno de sus campos, se comportan como auténticos idiotas sin talento. En el caso que nos ocupa se trata de la tripulación de la ISS que ante la perspectiva de trabajar con muestras biológicas traídas de Marte, lo hacen alegremente, prácticamente a mano desnuda y con la estación torpemente abierta de par en par. Claro, el desastre está servido. No cuento nada que no se de por sentado en el trailer, así que abundar un poco más en el tema no va desvelar nada relevante.

La peli va de eso, una sonda trae muestras de Marte y, en un acto de supuesta prudencia, la reciben en la Estación Espacial Internacional para analizarlas en un ambiente adecuadamente aislado de la Tierra, no vaya a ser que se cuele algún virus dañino y, en comparación, lo de la gripe aviar se convierta en un enfriamiento mañanero.

Lo que sigue es una serie de despropósitos a cual más irritante. Vale que sin ellos no hay película, pero ya a estas alturas del partido solo nos queda suponer que este tipo de producciones van dirigidas a adolescentes muy poco leídos, a los que se puede colar impunemente cualquier insensatez, porque los tripulantes de la ISS no hacen más que tonterías, una detrás de otra. Por lo pronto la supuesta cápsula de aislamiento biológico tiene más agujeros de escape que un queso gruyere, el manejo de las muestras se hace con total descuido, se activan las muestras alegremente en un acto de irresponsabilidad que merece las consecuencias subsiguientes, y el comportamiento posterior de la tripulación es digno de niños de cuatro años.

Durante toda la película se le dan vueltas a unos supuestos cortafuegos de seguridad. Cualquier equipo novato compuesto por estudiantes de primero de biología e ingeniería espacial hubieran propuesto algo bastante más seguro: un módulo hermético (de verdad) sin conexiones directas a la estación (vale que un cable para los voltios y una fibra para las comunicaciones) un par de cohetes de ignición rápida para alejarlo a toda leche y cargamentos suficientes de algún compuesto especialmente explosivo e inflamable para convertir el interior en una réplica del núcleo del Sol en cuestión de milisegundos. Si me apuran, yo incluiría un casco doble y un contenedor interior sellado donde efectuar los experimentos, pero es que ya he visto muchas películas.

Lo dicho, este tipo de argumentos se me hace muy cuesta arriba. En otro tipo de escenarios si que funcionan, ALIEN, quizá, sea un ejemplo claro. Ahí no nos encontramos con inteligentes científicos manejando muestras que saben potencialmente peligrosas, sino con unos camioneros, literalmente, que se encuentran con algo que no saben ni por donde empezar a entender, por no hablar de que algo de mala fe hay en el diseño del plan de vuelo por parte de sus jefes. LA COSA, y sus múltiples variaciones, viene a ser algo similar, si en un entorno lleno de metereólogos y geólogos, y solo preparado para mantener una confortable temperatura por encima del punto de congelación se cuela una cosa poca defensa hay. ¿Pero que algo similar suceda entre médicos, biólogos e ingenieros que, en teoría, pero solo en teoría, saben lo que se hacen? Ni de coña, oiga.

Una vez proclamadas mis objeciones y señalados los formidable absurdos en la que se fundamenta, tengo que decir que la película no está mal del todo. El ritmo es bueno, los actores desarrollan su trabajo adecuadamente y el desenlace, no por previsible, deja de tener su punto interesante (y hasta prepara la secuela).

En general sale airosa del empeño de contar otra vez la misma historia de ALIEN o LA COSA (está por hacer la película de lo que ocurrió en la goleta Empusa), pero teniendo que superar las majaderías consecutivas de la premisa inicial, se me hace un tanto cuesta arriba admitir que tiene sus propios méritos.

© Francisco José Súñer Iglesias, (666 palabras) Créditos

Se trata del hijo que tuvieron INTERSTELLAR y ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO. Una vez dicho el exabrupto y regresado a la calma, entremos de lleno en materia.

En un futuro relativamente cercano, seis astronautas en la Estación Espacial Internacional esperan tranquilamente que la cápsula Pilgrim 7 se acerque a la estación con lo que representa el descubrimiento astrobiológico del siglo: la primera muestra fehaciente y directa de que hay vida en Marte.

Una vez ingresada la muestra a la nave, el espectador descubre con un moderado interés que ésta consiste en una especie de bicho, quizás un paramecio más grande de lo normal que se encuentra en animación suspendida y que el equipo científico de a bordo consigue regresar a la vida. Luego de que el mundo haya presenciado el acontecimiento del siglo y unos niños hayan sido seleccionados para nombrar como Calvin al pequeño huésped, las cosas no podrían estar mejor para la tripulación.

Pero las cosas no podrían estar peor. En poco tiempo el bonito bicho comienza a crecer, a volverse agresivo y a armar tremendo alboroto en toda la nave. Y es que conforme el malvado bicho marciano va creciendo, comienza a mostrar una enorme facilidad de adaptación, una gran inteligencia y una especie de invulnerabilidad física que frustra cada intento de la tripulación para deshacerse de él. Conforme vaya avanzando la historia, el bicho se convierte en un asesino astuto e implacable inmune a los golpes, al fuego e incluso al vacío del espacio. Frente a tan invencible amenaza, ¿existe alguna forma de evitar que llegue a la Tierra?

Hubo una vez un autor clásico de ciencia-ficción llamado A. E. van Vogt, mismo que escribió un relato muy entretenido y lleno de adrenalina que se publicó en la revista Astounding Science Fiction y que se titula DESTRUCTOR NEGRO (1939). El relato cuenta las peripecias de una nave y sus tripulantes frente a una amenaza alienígena que es inteligente, casi indestructible y que siempre está un paso adelante de los tripulantes. La estructura de la historia ha sido repetida numerosas veces y una de sus mejores expresiones es el xenomorfo presente en ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO (1979). Una vez que el lector y espectador de la ciencia-ficción cuenta con estos antecedentes, LIFE es heredera de la visión de van Vogt y se convierte en un gran espectáculo para degustar con unas buenas palomitas.

Sin embargo, la historia cuenta con algunos elementos que vale la pena señalar. El uso de la cámara del director sueco de origen chileno Daniel Espinosa transporta al espectador en un ambiente efectivamente espacial en el que el arriba y abajo realmente no existen. Asimismo, los efectos especiales funcionan sin mayor problema y Jake Gyllenhaal es un actor de primer nivel que logra darle realismo a su personaje pese a que éste no exige mayor maestría.

Pero también estamos frente a una película que recuerda a la ciencia-ficción más pulp. Cuando los personajes descubren que se encuentran ante una amenaza imparable, el director de la peli decide ofrecer en un primer vistazo un final con esperanza que resulta engañoso, mismo que cambia bruscamente a uno sorpresa puesto exclusivamente para impactar al espectador. Y digo que la cinta recuerda a las versiones clásicas del género porque su objetivo es entretener, en centrarse en las aventuras y peripecias de los personajes para frenar la amenaza, y justo al final descubrimos que todos los elementos fueron puestos para un final que resulta sorprendente y eficaz pero que luego de la sorpresa las cosas no van más allá. Un estilo parecido al propio cuento de van Vogt lleno de aventuras y sorpresas y que recuerda el estilo de la vieja escuela en la que se escribía el género.

Una pequeña decepción es el propio Calvin. El bicho marciano tiene el tamaño de una persona y recuerda a una ameba súper desarrollada. Es liso, flexible y puede filtrarse en donde sea. No obstante, nunca resulta ser verdaderamente amenazador y el espectador tiene que realizar un gran esfuerzo para creerse que ese inocuo bicho realmente es astuto e imparable. ¿Tiene el marciano algún objetivo en particular? En el transcurso de la película, descubrimos que se trata simplemente de una nueva versión del destructor negro y del xenomorfo: es un bicho marciano superdotado pero a la vez un alienígena con el que no se puede razonar ya que simplemente busca sobrevivir a como dé lugar.

En resumen, una cinta con actuaciones decentes e interesantes juegos de cámara, pero que ofrece un poco de pan con lo mismo y que no tiene mayores pretensiones.

© Jorge Armando Romo, (765 palabras) Créditos