LA REINA DE LOS MIL AÑOS
LA REINA DE LOS MIL AÑOS Japón, 1982
Título original: Sen-nen joô
Dirección: Masayuki Akehi
Guión: Keisuke Fujiwaka, basado en el cómic de Leiji Matsumoto
Producción: Toei Company
Música: Kitaro
Fotografía: Yasuhiro Yamaguchi
IMDb:
Reparto: Keiko Han (Yayoi Yukino / La Andromeda Promethium II (voz)); Keiko Toda (Hajime Amamori (voz)); Ichirô Nagai (Profesor Amamori (voz)); Mami Koyama (Yago (voz)); Yôko Asagami (Selen (voz)); Akio Nojima (Gen Amamori (voz)); Tôru Furuya (Daisuke Yamori / La Els Milyu (voz)); Kazuko Sugiyama (Mirai (voz))
Comentarios de: Félix Capitán

¿De qué se trata?

Se acerca la primavera para los nativos de RaMetal, una primavera en que habrá deshielo, chicas en bikini... (er, no, eso no, esto es un animé serio). En fin, habrá ¡¡¡VIDA!!! Porque RaMetal gira en torno al Sol una vez cada mil años, e intercepta la órbita de la Tierra así como de paso, casi como sin querer (bueno, la versión de la peli que vi, tenía como subtítulo RaMetal, pero hay fuentes que transcriben el dichoso mundo como Maetel, LaMetal, LaMaetelle)... Y bueno, para RaMetal eso qué caray, es la naturaleza de las cosas, mientras que para la Tierra es un poco más complicado, porque puede significar erupciones volcánicas, terremotos, catástrofes... El fin del mundo, lo de siempre, vamos. En la Tierra hay una chica llamada Yayoi Yukino, que, créanlo o no mirándola tan delgadita, etérea y apetecible, ha estado la friolera de mil años en la Tierra, rigiéndola y gobernándola en las sombras. Pero en ese tiempo su delicado corazoncito de heroína animé la hizo encariñarse con los pobres desgraciaos que son los nativos terrestres. Y no le hace gracia lo que RaMetal está a punto de zumbarle a la Tierra. Mientras tanto, en RaMetal, la reina madre de Yayoi está a punto de lanzar una invasión masiva contra la Tierra. En medio de todo este cuadro, una fábrica liderada por un tipo de apellido Amamori, vuela hasta el quinto infierno (vuela en el sentido de ¡¡¡BOOM!!!). Yayoi, que es la maestra de escuela del hijito, un tal Hajime Amamori, se hace tan amiguete de éste, que empieza poco a poco a introducirlo en su mundo (no se piense mal, si es un niño después de todo... aunque por él, de agrandao, de sobra que ojalá pasen cosas). ¿Conseguirán Yayoi y Hajime detener la catástrofe, antes de que la siguiente pasada de RaMetal contra la Tierra sea la última...?

El espíritu de los tiempos

El nombre de Leiji Matsumoto, creador de ese especie de milieu de personajes llamado el Leijiverso, es uno de los más significativos para la animación japonesa tardíosetentera y tempranoochentera, y fue uno de los responsables de que la ciencia-ficción, y el animé en general, adquiriera un estatus más serio. O sea, con historias más complejas y temas un poco más peliagudos, el Leijiverso fue una de las primeras obras de animé que apuntaban algo más alto que a los chiquillos consumidores de golosinas. De esta etapa son clásicos televisivos como Nave espacial (nombre con el que se estrenó en Latinoamérica la serie Space Battleship Yamato, que aunque no fuera una obra derechamente de Matsumoto sino un encargo, él la hizo tan suya que pocos recuerdan que en su origen nada tenía que hacer con el buen Leiji), Galaxy Express 999, Capitán Harlock, el Galáctico, y etcétera. Los noventeros, por su parte, quizás lo reconozcan mejor como el autor de los dibus de la peli musical de Daft Punk llamada INTERSTELLA 5555. En fin. El caso es que, en medio de todas estas joyitas animadas, se encuentra Shin taketori monogatari: 1000-nen joô, una serie de televisión sobre una heroína llamada Yayoi Yukino que etcétera, y que con el título de LA PRINCESA DE LOS MIL AÑOS (o LA REINA DE LOS MIL AÑOS en otros países), en Chile fue durante los 80s carne de cañón de esa programación para niños que se ponía a las nueve o diez de la mañana, en épocas más civilizadas en que muchos niños estaban en clases y debían estar enfermos para ver estas series (medio verlas, si es que estaban enfermos y con fiebre...), en vez de ponerles esa horrible dieta de matinales que vino veloz y corporativamente en su reemplazo. Mirándolo bien, eran buenos tiempos: en vez de matinales sosos con las acompañantes siliconadas de Pamela Díaz, tenías un montón de animé como LA REINA DE LOS MIL AÑOS, Dolbu: Defensores de la Tierra, Jinete Sable y los Comisarios Estrella... Bueno, también tenías cosas impresentables como Mr. T o El Fantasma Revoltoso, pero no todo podía ser perfecto tampoco. Pero volvamos a Yayoi Yukino y sus pesares de princesa con corazón de oro. El caso es que al año siguiente de salir la serie de televisión, salió la peli. El OVA, supongo que diríamos. En vez de continuar la saga (por suerte, porque después del final de la serie de televisión era prácticamente impensable una secuela), Leiji Matsumoto optó por mantenerse un tanto al margen, y se hizo un retelling de la historia original. Para tener miedo, en efecto, porque... ¿condensar 41 capítulos de 23 minutos de duración, casi 16 horas de animación de corrido, en una peli de apenas dos horas de duración...? ¿Una serie con suspenso y drama, un puro continuará de principio a fin, en que ningún episodio tiene sentido por sí mismo y sólo se entienden respecto del conjunto...? Mmmmmm...

¿Por qué verla?

:: El trabajo visual es acá notablemente más pulido que en la serie televisiva original. De partida, el soundtrack está a cargo del inefable Kitaro, un músico de relativa fama en los tiempos que la música electrónica era algo serio, algo que debía estar en las manos de gente como Vangelis y Kraftwerk, y no se había convertido en una payasada para dieciochoañeros esnobs semilesbianos. El trabajo de Kitaro no será la cumbre de la música electrónica de todos los tiempos, pero está mucho mejor que el punchipunchi industrial de épocas posteriores. A la animación también le dieron un pulido y un lavado de cara, que si bien se cargó el estilo más personal de Leiji Matsumoto (big mistake), consiguió a cambio que Hajime Amamori se vea como un personaje y no como una caricatura, algo que lastraba considerablemente la serie original.

:: Algo que puede ser considerado un plus o un contra, a según. A diferencia de la serie original, que presenta un Tokio muy actual y muy reconocible (a pesar de estar ambientado en el por entonces muy futurista Año de Nuestro Señor Jesucristo de 1999), la peli presenta un Tokio más futurista, más de neón y automóviles turbodirigidos. Algo que le hace bien al estándar de ciencia-ficción, aunque por otra parte, hace toda la catástrofe planetaria más lejana e irreal (a diferencia de la serie original, que cuando empezaban los fuegos artificiales de la colisión planetaria, se sentían en carne propia).

:: La trama, pues bien... Mmmmmm... Veamos... Ya dijimos, condensar 16 horas de historias en que parte importante del asunto es el suspenso del qué pasará y las vueltas de tuerca del guión, en apenas dos horas de historia, es casi imposible. Puede considerarse fácilmente que agarraron el primer episodio de la serie, lo combinaron con los cinco últimos, y se saltaron a la torera todo el resto. Pulieron algunos detalles de la trama original que, admitámoslo, a ratos tenía más agujeros que agua mineral conservada a bajo cero. El plan de RaMetal suena ahora mucho más interesante y coherente, por ejemplo. Pero por otra parte, hay inclusiones y guiños que dentro de la peli no tienen razón de ser (agradecemos que nos presenten una vez más al querible personaje de Selen, pero es que oigan, si se iban a cargar toda la subtrama relativa a ella, ¿para qué conservarla en la peli, y más encima dar pistas de su estatus en la serie...? Y no hablemos de la reina de reemplazo que aparece al inicio de la peli y no vuelve a salir del macetero nunca más, y que dentro de la serie llenaba nada menos que dos episodios de trama). Eso, por no mencionar la tontería ésa de enfrentar la superior tecnología y poder militar de RaMetal con avioncitos de la Segunda Guerra Mundial... (se verá muy chulo, pero es que oigan, esa batalla no me la creo ni yo). La serie televisiva original, pese a todos sus defectos, incluso a nivel de guión, tenía peso específico porque aprovechaba lo suyo para tocar temas tan peliaguados como el egoísmo de las superpotencias, la xenofobia y el desprecio hacia las razas inferiores, el fascismo, el oscurantismo religioso, el problema de adoptar un criterio justo para salvar a unas pocas gentes y dejar morir a otras, etcétera. La peli, como tiene que hacer caso omiso de casi toda la trama para que le quepa lo más espectacular (la batalla final, por supuesto), de paso se carga todos esos valores añadidos de la serie. ¿Qué queda, entonces? Otra peli de desastre apocalíptico que va a barrer a Tokio y al universo (ya saben, en el animé, Tokio es el mundo). Y otra peli ni siquiera demasiado interesante, más allá del apartado puramente formal. Bueno, al menos conservaron el final. O algo parecido al final de la serie. No lo reventaré (ni el de la peli ni el de la serie), pero sigue siendo uno de los mejores finales de animé que me haya tocado ver.

Ideal para: Seguidores de Leiji Matsumoto, e interesados en el animé clásico, o el de ciencia-ficción.

© Félix Capitán, (1.839 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Cine 9009 el 7 de febrero de 2010
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